Nacionalismos 'a divinis'
Emilio del Barco
Los nacionalistas suelen ser buenos creyentes. En principio, creen en ellos mismos. En su singularidad. Después, en la religión que sea. La que le haya tocado en suerte a su pueblo. Sencillamente, porque eso ahonda en las tradiciones. Y, afianzando tradiciones bien amasadas, juntándolas con folclore, artesanía popular y parentela, se compacta la pella, alrededor del núcleo de intereses que representen.
Todas las religiones nacionales, aquellas que nacieron como religión de un pueblo, muchas, alaban con prioridad a su gente. Es natural, son los mejores, los preferidos del dios local.
La extrapolación de los valores religiosos a la política, da nacimiento a los credos nacionalistas. Basados en las creencias afianzadas. Aún cuando haya ausencia de razones aquilatadas. Hace falta fe, para ser nacionalista. Porque las ciencias contradicen sus postulados.
Genéticamente no existe ningún pueblo uniforme, sin mezcla. Las claves genéticas de los seres vivos, evidencian que cada especie animal no es más que la expresión diferenciada de un mismo lenguaje celular. Somos todos parientes, más o menos cercanos, de todo lo viviente. Animales y plantas incluidos. Clamar por la pureza de la raza de un pueblo, evidencia ignorancia u oscurantismo. Si es que se pretende transmitir la ignorancia.
Puede haber unos pueblos más cercanos a otros, genéticamente, por la proximidad en el tiempo de su ramificación, pero siempre encontraremos los puntos de unión. No hubo una Creación, exclusiva y separada, para cada pueblo singular, como pretenden asegurar los textos fundacionales de cada fe.
Si nos referimos a nuestro entorno más próximo, el pueblo Amazigh, habitante de la Kabilia argelina y marroquí, al que los europeos llamamos Beréber, es el antepasado común y más cercano de corsos, íberos, vascos y canarios. Su lengua, el tamazigh, reúne todas las raíces fonéticas del vascuence. Y esto se ve, claramente, en los toponímicos coincidentes de la geografía que habitan sus descendientes.
Sin embargo, ¿han oído ustedes, alguna vez, a algún dirigente nacionalista vasco, reivindicar sus antecedentes rífeños? Parece como si los vascos hubieran sido puestos, directamente desde el cielo, en las provincias vascongadas. Un privilegio singular. Que ya reivindicaron, en su tiempo, los hebreos con Israel, los sintoístas con Japón, los hinduistas con la India, y un largo etcétera, que continuará...