El agua y las
alegrías consumistas
Wladimiro
Rodríguez Brito
Esta semana la ministra de Medio
Ambiente, doña Cristina Narbona, hace unas
declaraciones significativas sobre los límites en el consumo de agua por
habitante y día: 60 litros,
más allá de si son cuarenta o cien litros está claro que los consumos adecuados
por persona y día ante el modelo vigente hasta ahora de -creced y
multiplicaos-, ha llegado a un techo, es decir, las Leyes de la Naturaleza nos obligan
a hacer un uso razonable y racional del líquido elemento. Pues hasta ahora,
doña Cristina Narbona, había propuesto la
construcción de macrodesaladoras para resolver los
problemas de agua en el Sur y Sureste Peninsular como alternativa al magno
proyecto del Trasvase del Ebro. Hasta el presente,
sólo sectores del mundo ambiental habíamos planteado que no podíamos continuar
construyendo campos de golf, piscinas, jardines tropicales y un largo etcétera
demandante de agua que, en algunos casos hipotecaban los acuíferos
sobreexplotándolos, y en otros demandaban ingentes cantidades de petróleo en
complicados procesos de desalación.
Las
comprometidas declaraciones de la ministra de Medio Ambiente hemos de leerlas
en la Isla de
Tenerife, puesto que hasta el presente ha dominado en el Estado y en las islas
una filosofía con "alegrías consumistas" que es bueno analicemos en
estos inicios del Siglo XXI. Veamos algunos datos: en 1940 la Isla tenía 261.812
habitantes, en el año 2003, morábamos en Tenerife 836.400 habitantes de derecho
y más de un millón de hecho, mientras que en 1940 el 80 % de la población no
tenía agua corriente, ahora, afortunadamente, disponemos de agua corriente el
99 % de la población, con unos consumos medios por habitante y día que rondan
los 200 litros.
El turismo inexistente en esos años hoy supera los cuatro millones, con
consumos medios superiores a los 300 litros turista y día.
La
producción de agua de la Isla
ha alcanzado un nivel significativo, gracias a la construcción de galerías y
pozos, encontrándose las galerías en un descenso importante, pasando de 178
millones de metros cúbicos año en 1980, a sólo 127 millones de metros cúbicos el
año 2004 ; mientras los pozos han pasado de 45 millones de metros cúbicos a 70,
siendo a destacar que los manantiales y la escorrentía se mantienen en torno a
6 millones de metros cúbicos, mientras las desaladoras
superan ya los trece millones de metros cúbicos. No olvidemos que los pozos y
galerías han empeorado su calidad, demandando un alto consumo de energía, tanto
en los bombeos en los pozos, como en la desalinización de aguas de galerías,
ante el comportamiento de la calidad de las mismas. Cambio en los usos del
agua, no olvidemos que en la década de los 80 más del 60 % del agua estaba
destinada a la agricultura, hoy los consumos agrícolas a penas alcanzan el 40 %
y los consumos urbanos turísticos superan el 51 % de la producción insular.
En
este nuevo marco de relaciones entre recursos y población parece claro que el
actual modelo consumista, es decir, consumo de agua ilimitado por habitante con
modelos de derroche desde la jardinería a los electrodomésticos, a los campos
de golf, los jacuzzi, etc. es insostenible. El
mercado ha tocado techo como regulador vía precios, sin priorizar usos y consumos.
Las
declaraciones de la ministra, litro más o litro menos, son, sin duda,
significativas, máxime cuando están dichas en un continente con ríos, y sólo
con 80 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras nosotros somos más de 400 los
que vivimos en cada kilómetro cuadrado. Declaraciones que están en consonancia
con una Ley de Aguas que defendimos para esta tierra hace más de 20 años.
Por
todo ello, con toda la humildad que se quiera, creemos que es bueno hacer una
reflexión en voz alta de las propuestas de la señora Narbona,
que tomen nota los compañeros del PSOE en la Corporación Insular
que piden desaladoras para disponer de caudales
ilimitados para todo el mundo, eso sí, con presupuesto del Cabildo, pues Madrid
no tiene presupuesto para obras hidráulicas en las islas, no queremos pensar
que en las declaraciones de la ministra pesen más las razones presupuestarias
que las ambientales.
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Consejero Insular de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo de Tenerife