El aire en Tenerife
Wladimiro
Rodríguez Brito
El pasado
viernes, en el pleno del Cabildo Insular de Tenerife, el grupo socialista
presentó una moción sobre la calidad del aire en la isla y el papel de la
corporación en su protección. Es obvio que poco puede hacer el Cabildo para
resolver los problemas del cambio climático a escala planetaria desde este
minúsculo peñasco de 2.000 km2. Sin embargo, a la vez parece claro que ninguno
de nosotros puede esconderse, y menos las instituciones públicas, para no
actuar, tanto en el plano individual como en el colectivo, para tomar medidas
que palien lo que se nos viene encima, por vivir de espaldas a las leyes de la
naturaleza durante tanto tiempo. La necesidad de un cambio de actitud y
mentalidad colectiva se revela cada día como más urgente y necesario.
La no actuación no
haría más que darle la razón al Sr. Bush y sus
empresas asociadas, que durante tanto tiempo le ha echado al propio planeta y a
su dinámica natural los males que los hombres causaban. Cualquier cosa menos
poner en duda el modelo vigente desarrollista que tantas fortunas ha generado
en los países del Norte mega-industrializado. La línea es clara: más derroche
de recursos naturales, más consumo, más dinero y menos pensar en el futuro. Que
nuestros hijos se las arreglen como puedan.
Canarias no es un
jardín del Edén que pueda estar al margen del recalentamiento del planeta.
Sobre esto no hay duda posible. Es verdad que los datos estadísticos para medir
este cambio son escasos y fragmentados, desde los registros pluviométricos,
temperaturas, aumento de la aridez, etc., a diferencia de países europeos. Pero
de la misma forma, a nuestro alrededor se van consolidando los síntomas que
revelan esta enfermedad planetaria y que deben estar en los primeros lugares de
nuestra lista de preocupaciones presentes y futuras, no sólo por sus
consecuencias meteorológicas a secas sino con los problemas sociales que
llevarán aparejados. Así, de esta forma, el implacable y acelerado avance del
desierto del Sahara hacia el sur, en los últimos 40 años, va expulsando a las
poblaciones y las obliga a emigrar, superpoblando a
su vez otros enclaves y generando nuevos problemas. De la misma manera, a
Europa y a Canarias, en particular, acabarán llegando en oleadas crecientes de
decenas de miles de esos "parias climáticos", sin nada que perder
salvo la vida.
Otros
"testigos" africanos nos alertan de este proceso catastrófico: es el
caso del lago Chad (un fenómeno similar afecta también al Mar de Aral, en Asia Central), hasta hace unas pocas décadas la
cuarta reserva de agua dulce de África, y se ha reducido en la actualidad a una
mínima expresión, con las consiguientes y terribles consecuencias para las
poblaciones limítrofes. Algunos de los afluentes de los ríos Senegal y Níger
han sido sepultados por dunas de arena. En conclusión: en nuestras cercanías el
desierto "camina" rápido e imparable hacia el trópico.
En nuestro territorio,
en la escala local, también tenemos muestras de este gran cambio del planeta.
Hasta hace apenas un siglo se utilizaban numerosos pozos de nieve en las
cercanías del Pico Cho Marcial, la cúspide central
del Valle de Güímar, que luego se transportaban hasta
Santa Cruz o
El Cabildo Insular de
Tenerife no puede ser ajeno a este problema y desde hace casi dos décadas puso
en funcionamiento el Instituto Tecnológico de Energías Renovables, que ha
contribuido en una reducción de emisiones a la atmósfera de 232.000 toneladas
de CO2. Con la puesta en marcha de la nueva planta fotovoltaica de 20 MW se
logrará evitar que se incorporen al aire más de 24.000 toneladas cada año. El
tranvía Santa Cruz-Laguna supone otra apuesta importante en ese compromiso
ambiental ya que supondrá un ahorro de otras 6.000 tms.
de gases causantes del efecto invernadero. Asimismo,
deberíamos ser capaces de conseguir que el tranvía se alimentase mediante energías
renovables. Si lográramos que la población colaborase y dejaran de circular
cada día 40.000 coches en Santa Cruz, reduciríamos anualmente hasta 230.000 tms. de dióxido de carbono. No hay
una solución fácil ni una panacea que no pase por ser solidarios con el medio
ambiente y que entre todos vayamos sumando granos de arena que permitan
vislumbrar un futuro mejor para el hombre y la naturaleza.
* Consejero del Área de Medio Ambiente y Paisaje del
Cabildo Insular de Tenerife