Alerta naranja, alerta verde

 

Wladimiro Rodríguez Brito

 

En los últimos días de octubre y primeros de noviembre vivimos una "alerta naranja", causada por la visita de una borrasca que "sembró" lluvias y humedeció la piel de la isla. De nuevo cantidades importantes de agua cayeron en la costa: 81 litros por metro cuadrado en el aeropuerto del sur, 28 en Arona, 38 en Vilaflor, 48 en La Esperanza y 62 en Santa Cruz, entre una larga serie de registros que oscilaron entre los 20 y los 30 litros.

 

Se trató del primer aguacero propio de esta época del otoño y sus efectos fueron claramente beneficiosos para nuestro campo y nuestra naturaleza. Es por ello que resulta sorprendente cómo en los medios de comunicación el mensaje subyacente a todas las informaciones es claramente negativo. Nada se cuenta sobre la vital importancia del agua para la recarga del propio acuífero, sólo se emiten informaciones o imágenes sobre daños e inundaciones de diferentes vías urbanas de Santa Cruz, La Laguna o en el sur de Tenerife. En definitiva, tanto han cambiado los tiempos que ahora el agua, las lluvias, antaño deseadas y anheladas, hoy son causa de disgusto y problemas.

 

Nos hemos alejado tanto de la naturaleza que hoy la lluvia nos parece una amenaza. La cultura urbana imperante sólo quiere días de sol y buen tiempo. Cuando llueve, sea poco o mucho, todos los medios dan las imágenes de vías inundadas, accidentes, intervenciones de los bomberos, etc. Esta pasada semana hemos pasado por el denominado "Verano de San Martín", un periodo de "buen tiempo" con altas temperaturas ocasionadas por una invasión de aire sahariano, nada positivo ni para la agricultura ni para nuestra salud. Se trata del también llamado "siroco", que tanto tememos en verano como la que hemos tenido esta semana. Ante estas situaciones meteorológicas más importantes son si cabe la llegada de borrascas que refresquen y limpien una atmósfera contaminada por el polvo en suspensión.

 

Por otro lado, parecemos desconocer que buena parte de las zonas anegadas por las aguas en los temporales se deben a que o bien se han alterado los cauces naturales o bien directamente se ha construido encima de los mismos, o bien como ha ocurrido en la autopista del Norte, en la que en los jardines de sus márgenes la tierra se ha colocado inclinada hacia el viario. Y de esos polvos tenemos esos lodos. La naturaleza, más tarde o más temprano, pasa factura. Y eso es lo que está ocurriendo cada vez que llueve en las islas.

 

En este marco de relaciones hombre-naturaleza también hablamos de la "alerta verde", ante el riesgo que supone la alteración o descuido del medio natural en caso de que ocurran este tipo de catástrofes. Gran cantidad de nuestros barrancos están recubiertos de escombros, muebles, electrodomésticos, chatarra, etc. Estos residuos se convierten en obstáculos que taponan los desagües, naturales o artificiales, de los cauces. Así ocurrió en el aeropuerto del sur recientemente, cuando se obturaron los barrancos de los Bastianes, el Conde o El Tapao, que a su vez causaron la inundación de la carretera que conecta Los Abrigos y El Médano, arrasando el nuevo camping de Montaña Roja. El barranco se había colapsado por numerosos muebles y electrodomésticos. No deja de ser curioso puesto que las neveras, televisores y ordenadores que aparecen "mágicamente" en nuestros barrancos tienen un coste muy elevado para su posterior reciclado (5.000 pesetas cuesta el transporte de una nevera a la Península para su tratamiento). Valga como ejemplo que sólo en residuos eléctricos estamos produciendo 16 kilos por habitante y año.

 

A diario escuchamos la frase "el que contamina paga", válida por otro lado hasta que toca a nuestros propios bolsillos. Entonces se mira a la Administración para que "barra" los más de 5.000 kilómetros de barrancos anualmente y reduzca milagrosamente el riesgo de que se desborden por la basura que unos desaprensivos arrojan furtivamente en sus cauces.

 

El Consejo Insular de agua es el competente para velar que no se interrumpan los cauces públicos. Sin embargo es imposible colocar un policía, día y noche, en cada barranco y tenerlos barridos para cada "alerta naranja". Sólo con la "alerta verde" activada permanentemente, es decir, con un compromiso ambiental real y diario de esta sociedad, podemos reducir la preocupación y el temor que producen estas situaciones de riesgo. Es urgente y necesario que todos pongamos manos a la obra.

 

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife