Alerta naranja, alerta verde
Wladimiro
Rodríguez Brito
En los últimos días de octubre y primeros de noviembre
vivimos una "alerta naranja", causada por la visita de una borrasca
que "sembró" lluvias y humedeció la piel de la isla. De nuevo cantidades
importantes de agua cayeron en la costa:
Se trató del primer aguacero propio de esta época del
otoño y sus efectos fueron claramente beneficiosos para nuestro campo y nuestra
naturaleza. Es por ello que resulta sorprendente cómo en los medios de
comunicación el mensaje subyacente a todas las informaciones es claramente
negativo. Nada se cuenta sobre la vital importancia del agua para la recarga
del propio acuífero, sólo se emiten informaciones o imágenes sobre daños e
inundaciones de diferentes vías urbanas de Santa Cruz,
Nos hemos alejado tanto de la naturaleza que hoy la
lluvia nos parece una amenaza. La cultura urbana imperante sólo quiere días de
sol y buen tiempo. Cuando llueve, sea poco o mucho, todos los medios dan las
imágenes de vías inundadas, accidentes, intervenciones de los bomberos, etc.
Esta pasada semana hemos pasado por el denominado "Verano de San Martín",
un periodo de "buen tiempo" con altas temperaturas ocasionadas por
una invasión de aire sahariano, nada positivo ni para la agricultura ni para
nuestra salud. Se trata del también llamado "siroco", que tanto
tememos en verano como la que hemos tenido esta semana. Ante estas situaciones
meteorológicas más importantes son si cabe la llegada de borrascas que
refresquen y limpien una atmósfera contaminada por el polvo en suspensión.
Por otro lado, parecemos desconocer que buena parte de
las zonas anegadas por las aguas en los temporales se deben a que o bien se han
alterado los cauces naturales o bien directamente se ha construido encima de
los mismos, o bien como ha ocurrido en la autopista del Norte, en la que en los
jardines de sus márgenes la tierra se ha colocado inclinada hacia el viario. Y
de esos polvos tenemos esos lodos. La naturaleza, más tarde o más temprano,
pasa factura. Y eso es lo que está ocurriendo cada vez que llueve en las islas.
En este marco de relaciones hombre-naturaleza también
hablamos de la "alerta verde", ante el riesgo que supone la
alteración o descuido del medio natural en caso de que ocurran este tipo de
catástrofes. Gran cantidad de nuestros barrancos están recubiertos de
escombros, muebles, electrodomésticos, chatarra, etc. Estos residuos se
convierten en obstáculos que taponan los desagües, naturales o artificiales, de
los cauces. Así ocurrió en el aeropuerto del sur recientemente, cuando se
obturaron los barrancos de los Bastianes, el Conde o
El Tapao, que a su vez causaron la inundación de la
carretera que conecta Los Abrigos y El Médano, arrasando el nuevo camping de
Montaña Roja. El barranco se había colapsado por numerosos muebles y
electrodomésticos. No deja de ser curioso puesto que las neveras, televisores y
ordenadores que aparecen "mágicamente" en nuestros barrancos tienen
un coste muy elevado para su posterior reciclado (5.000 pesetas cuesta el
transporte de una nevera a
A diario escuchamos la frase "el que contamina
paga", válida por otro lado hasta que toca a nuestros propios bolsillos.
Entonces se mira a
El Consejo Insular de agua es el competente para velar
que no se interrumpan los cauces públicos. Sin embargo es imposible colocar un
policía, día y noche, en cada barranco y tenerlos barridos para cada
"alerta naranja". Sólo con la "alerta verde" activada
permanentemente, es decir, con un compromiso ambiental real y diario de esta
sociedad, podemos reducir la preocupación y el temor que producen estas
situaciones de riesgo. Es urgente y necesario que todos pongamos manos a la
obra.
* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo
Insular de Tenerife