(En atención al 12 de octubre de 1492-2005)

"ALIANZA DE CIVILIZACIONES" (I)

Guaire Adarguma Anez’ Ram n Yghasen

Durante la época fascista española, bajo la dictadura de Francisco Franco Bahamonde, los políticos de los diferentes gobiernos del general, al no tener oposición en sus tareas de dirección, las cuales en la mayoría de los casos eran meramente nominales, poca notoriedad alcanzaban entre el desorientado y hambriento pueblo español. Así pues, tenían que agudizar el ingenio para que la población de aquel país se enterara de quienes estaban al frente de cada Ministerio.

Una de las fórmulas en voga en la época consistía en lanzar, mediante las entrevistas de prensa que los políticos daban mediante un cuestionario previo, alguna frase más o menos ingeniosa o acertada, la cual inmediatamente era repetida machaconamente en los medios de comunicación y en los corrillos de bares y tabernas.

Algunas de aquellas frases han rebasado la barrera del tiempo y han perdurado hasta nuestros días, como por ejemplo: "Una grande y libre..." o "La reserva espiritual de occidente" "Una hora menos en Canarias..." que aún continúa vigente, o aquella tan célebre pronunciada con lágrimas por Arias Navarro y que fue de las más celebradas y acogida con júbilo por la mayoría de la ciudadanía (aunque aún no eran ciudadanos sino súbditos), "¡Españoles! Franco ha muerto..."

Esta práctica de las frases creadas continúan teniendo vigencia entre las clases políticas de ese país. Así, en el pos-franquismo, Adolfo Suárez acuñó aquella de "Puedo prometer y prometo...", en la etapa sociolisto ¡perdón! quice decir, socialista... Felipe González (Isidoro) acuñó aquello de "Sin acritud..." Por esas mismas fechas el delfín del Pepé, Sr. Aznar, sentó plaza con "¡Váyase Sr. González, váyase!

En la segunda etapa socialista es decir, la actual, el Sr. Rodríguez Zapatero trató de implantar lo de "Talante dialogante", pero no caló demasiado entre el personal, por ello se descuelga con otra frasecita y se monta lo de "Alianza de las civilizaciones", ¡Ya el conejo me enriscó la perra!. Aunque el Sr. Zapatero no ha sido muy explícito en cuanto a lo que quiere significar con eso de las alianzas de las civilizaciones, dado el interlocutor a quien vedadamente va dirigida la oferta, acaso el Sr. Zapatero pretende la alianza de la Pepsi Cola y el vino de manzanilla para que sean servidos conjuntamente en las tiendas de comida basura, es decir, en hamburgueserías y expendedores de perritos calientes? ¿O pretende retomar las aspiraciones imperialistas que subyacen en lo más profundo del ser de cualquier español o españolito mesetario, que añoran viejos tiempos de invasiones y masacres de pueblos más débiles? En todo caso vaya usted a saber que quiere decir el Sr. Zapatero con eso de "civilización", pues los hechos han venido demostrando, allí donde los europeos y los norteamericanos han decidido implantar su "civilización" judeo-cristiana, los pueblos "beneficiados" primeramente han sido arrasados por miles de toneladas de bombas.

Los medios de comunicación, en especial aquellos que usan de la imagen como mejor oferta, nos están acostumbrando a las imágenes de muerte, muertos que la mayoría de las veces son de otros, lejos de nuestra sosegada existencia rara vez salpicada por pequeños sustos.

Desde que Estados Unidos, Gran Bretaña y el Estado Español decidiesen unilateralmente declarar la guerra a Irak estas imágenes son servidas con puntualidad atosigante en todos los noticiarios televisivos.

Los muertos casi siempre son de otros, en este caso casi siempre son iraquíes y casi siempre civiles. Esta particularidad es la tónica constante de las nuevas guerras, las guerras del uranio empobrecido, el embargo de alimentos y medicinas, la "democratización" de pueblos enteros por la fuerza de las armas o la cristianización de hace muchos siglos y sus sagradas cruzadas.

Más de una vez he mostrado mi postura personal contra la política terrorista de estos grandes estados que hacen y deshacen a su antojo y a favor de los intereses capitalistas de sus industrias armamentísticas y del llamado, en este caso, oro negro.

Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Rusia, Alemania, Canadá y el Estado Francés son los países interesados en la guerra. Sus industrias armamentísticas así lo necesitan y ellos son generosos con quienes pagan sus campañas electorales o llenan sus arcas del tesoro.

Si nos atenemos a las cifras oficiales, solo aquellas que son declaradas, el mundo gastó en el año 2.003 la cantidad de 900 mil millones de dólares en equipos militares, de los cuales más de la mitad corresponde a Estados Unidos. Anteriores a la guerra de Irak.

Según un informe de Amnistía Internacional el 84% de las exportaciones mundiales de armas los hacen los países englobados en el G-8. Exportaciones oficiales.

La ayuda que éstos, los países del G-8, dicen o declaran dedicar al desarrollo de los países más pobres se cifra en 1 dólar de ayuda por 25 dólares en armas exportadas. Países como Birmania, Turquía, Arabia Saudi, Israel, Nigeria, Congo, Colombia, Guatemala o Etiopia son sus mejores clientes. Es fácil imaginar quienes van a ser las victimas de estas ventas de armas.

Toda acción produce un efecto de reacción, en este contexto se producen las acciones ciertamente recriminables y lamentables de la Torres gemelas de Nueva York, los atentados de Madrid y Londres, donde como casi siempre las victimas son civiles inocentes, victimas no sólo del terrorismo, sino de las demenciales políticas exteriores de sus respectivos gobiernos.

En todo caso, la propuesta del jefe del gobierno español Sr. Rodríguez Zapatero en torno a la alianza de civilizaciones me produce pánico y me ha obligado a reflexionar en torno a la cuestión, incitándome a indagar en la historia con relación a algunos terribles efectos que para la humanidad a supuesto anteriores alianzas de civilizaciones especialmente de origen europeas, algunos de cuyos aspectos paso a exponer muy sucintamente en las siguientes líneas.

Cruzadas.

El origen de las Cruzadas está enraizado en el cataclismo político que resultó de la expansión de los Selyúcidas en el Próximo Oriente a mediados del siglo XI. La conquista de Siria y Palestina llevada a cabo por los Selyúcidas islámicos alarmó a los cristianos de occidente.

Otros invasores turcos también penetraron profundamente en el igualmente cristiano Imperio bizantino y sometieron a griegos, sirios y armenios cristianos a su soberanía. Las Cruzadas fueron, en parte, una reacción a todos estos sucesos. También fueron el resultado de la ambición de unos papas que buscaron ampliar su poder político, económico y religioso. Los Ejércitos cruzados fueron, en cierto sentido, el brazo armado de la política papal.

Las cruzadas fueron expediciones militares realizadas por los cristianos de la civilización de Europa occidental, a petición del Papa, Urbano II (Eudes u Odón de Lagery) (Châtillon-sur-Marne, Champaña, Francia, h. 1042 - Roma, 1099). Procedente de la nobleza francesa, pertenecía a la Orden de Cluny cuando fue elegido papa en 1088.

El fanatismo habitual en el cristianismo alcanzó por estas épocas tal auge que algunos clérigos iluminados o poseídos por Guayota –Gabiot llegaron a crear un movimiento religioso cristiano para liberar Tierra Santa de manos de los musulmanes, en el verano de 1212, que arrastró a más de 50.000 niños de Francia y Alemania, muchos de los cuales fueron vendidos como esclavos, y fueron el germen de la quinta cruzada de 1218.

En 1095 reunió un concilio en Clermont, en el que pronunció un discurso incitando a todos los cristianos a recuperar los lugares sagrados de Palestina de manos de los turcos seléucidas de religión islámica, y estimulando el entusiasmo con la concesión de indulgencias y las ventajas económicas que ofrecería la colonización de un territorio fértil y escasamente poblado. La habitual sed de rapiña de los cristianos fue terreno abonado donde fructificaron las prédicas del papa. La respuesta de quienes lo escuchaban, fue el grito de Dios lo quiere, el cual se convirtió en el grito de guerra de los cruzados.

Al año siguiente partió hacia Oriente una nutrida expedición de caballeros y aventureros de Francia, Normandía, Lorena y Flandes, encabezada por Godofredo de Bouillon, Balduino de Flandes, Roberto de Normandía, Raimundo de Toulouse y otros. Viajaron hasta Constantinopla, penetraron en Asia Menor, vencieron al sultán en la batalla de Dorilea, tomaron Nicea, Antioquía y, finalmente, Jerusalén (1099). Los cruzados se repartieron los territorios conquistados, creando varios estados cristianos en Siria y Palestina.

Implantaron el sistema político-social al que estaban habituados: el feudalismo. Los caballeros se distribuyeron los distintos dominios y crearon nuevos reinos feudales. El más famoso fue el "Reino cristiano de Jerusalén". Los comerciantes italianos que habían contribuido con sus naves a la cruzada, se vieron recompensados con grandes ventajas comerciales. Pronto el comercio y la ambición de los caballeros fueron reemplazando los fines supuestamente religiosos iniciales por otros claramente económicos. El notable incremento del comercio alterará la economía mediterránea, a la que se le irán haciendo imprescindibles el azúcar de Siria, las especies, los perfumes y las sedas orientales.

Así comenzó una ola de violencia que duro años y que aun hoy en día sentimos sus estragos.

Para muchos el fin justifica los medios, para mí cuando los medios no están regidos a la luz de la rectitud, honor y bondad el fin no puede ser bueno y por tanto justificable.

Desde la edad media el significado de la palabra cruzada se extendió para incluir a todas las guerras emprendidas en cumplimiento de un voto, y dirigidas contra infieles, por ejemplo, contra mahometanos, paganos, herejes, o aquellos bajo edicto de excomunión.

Las guerras emprendidas por los españoles contra los moros constituyeron una cruzada incesante del siglo XI al XVI; en el norte de Europa se organizaron cruzadas contra los prusianos y lituanos; el exterminio de la herejía albigense se debió a una cruzada, y, en el siglo XIII los papas predicaron cruzadas contra Juan Lackland y Federico II. No debemos olvidar las cruzadas emprendidas por los primeros cristianos en cuanto tomaron algún poder a partir de la segunda mitad del siglo III, contra los "paganos" durante las cuales fueron bárbaramente asesinados cientos de miles de seres humanos en nombre de Jesús Cristo.

Los historiadores no se ponen de acuerdo respecto a la finalización de las cruzadas, y han propuesto fechas que van desde 1270 hasta incluso 1798, cuando Napoleón I conquistó Malta a los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, una orden militar establecida en esa isla durante las Cruzadas. El vocablo cruzada (de ‘cruz’, el emblema de los cruzados) se aplicó también, especialmente en el siglo XIII, a las guerras contra los pueblos paganos, contra los herejes cristianos y contra los enemigos políticos del Papado. Por extensión, el término se emplea para describir cualquier guerra religiosa o política y, en ocasiones, cualquier movimiento político o moral. Así, en España, los alzados contra el gobierno republicano en 1936 pronto denominaron a la guerra iniciada por ellos mismos (1936-1939) Cruzada, por considerar que su objetivo era vencer el ateísmo. De hecho podemos afirmar que las cruzadas en su aspecto más oscuro aún no han concluido, prueba de ello son las invasiones Corea, Vietnan, Afganistán, Irak etc., llevadas a cabo por países cristianos y como siempre, en nombre de su dios, el dios de los Ejércitos y del Oro y la esclavitud.

Primera colonización de África

De acuerdo con documentos conservados en Arabia y en el África Oriental, los primeros colonizadores, en el siglo VIII fueron los refugiados de la secta chiita (islámica) que provenían de Omán, en la costa arábiga del Golfo. Se supone que fueron sunnitas (otra secta islámica) los que fundaron el puerto de Kilwa, en Kenia.

La mayoría de los juristas y teólogos del siglo XV defendía el poder universal del papa para intervenir en los asuntos temporales de los pueblos, ya que la sociedad cristiana aparentemente daba prioridad a los fines espirituales. De esta manera, la Iglesia, salvaguarda de la doctrina evangélica y, en su lugar, el romano pontífice como cabeza de la misma, podía tener jurisdicción sobre paganos e infieles, ignorantes o enemigos del Evangelio, y en algunos casos, incluso, disponer de sus vidas y tierras en favor de un príncipe cristiano bajo obligación evangelizadora, (caso de Juan de la Cerda "Príncipe de la fortuna" para Canarias).

Al amparo de tales doctrinas teológico-jurídicas y, sobre todo, tras la obtención de las bulas papales Romanus Pontifex (1455) e Inter Caetera (1456), Portugal había iniciado y consolidado su expansión atlántica a la vez que limitó la de Castilla. El Tratado de Alcáçovas, firmado por los Reyes Católicos y Alfonso V de Portugal en 1479, y confirmado por la bula Aeterni Regis (1481), delimitaba con claridad la zona de expansión de los reinos peninsulares en vísperas del descubrimiento de América: Castilla podría navegar hasta el paralelo de las islas Canarias, mientras que el resto del océano y tierras africanas al sur del citado paralelo, hasta la India, quedaba reservado en exclusiva a Portugal. Para el hijo y sucesor de Alfonso V, Juan II, en consecuencia, lo descubierto por Cristóbal Colón en 1492 "le pertenecía", según confesó al almirante en la entrevista de Valparaíso.

En 1444, los portugueses comenzaron a penetrar en la costa ya explorada en busca de oro y especias, y acrecentar su comercio de esclavos. Cuatro años después, Vasco de Gama comandó una expedición que bordeó la costa este e inició la conquista, expulsando a los árabes de Kenia, Somalia y Tanzania.

Las incursiones en el sur del Sáhara se remontan a las primeras civilizaciones, pero se intensifican tras la conversión al islám de los pueblos mazigios (beréberes) del norte de África. No obstante, es a partir del siglo XIV cuando la penetración se hace más sistemática, y con voluntad de dominio. Son los almohades, los portugueses y los españoles los que llegan con más ímpetu y frecuencia. En el siglo XV los portugueses descubren la volta y llegan con sus navíos al sur del cabo Bojador. Estas expediciones tienen como objetivo encontrar una ruta, por el sur, hacia la India, para evitar el intermediario árabe. Pero para realizar el viaje es necesario establecer a lo largo del litoral diversas factorías (tal como 2.000 años antes habían hecho los cartagineses). Los portugueses se establecen en la costa y tienen relaciones con los reinos que encuentran. Fundan sus ciudadelas en islas, y sus fuertes en la costa, como los de: Fernando Poo, Cabo Verde, Santo Tomé, Elmina, Mozambique, etc., hasta llegar al cabo de Buena Esperanza, que es doblado por Bartolomé Díaz en 1487.

Segunda colonización de África

En 1870 el mundo había conocido cuatrocientos años de imperialismo. Imperios españoles, portugueses, holandeses, franceses y británicos sobre territorios no-europeos.

Entre las décadas de 1840 y de 1870 se incrementaron las incursiones de exploradores con el supuesto manto de misiones arqueológicas que buscaban el nacimiento del Nilo y otros ríos. Después de la exploración del Lago Victoria, los ingleses aumentaron su interés en el área Kenia-Uganda.

Por este motivo en 1870 no puede considerarse nueva la expansión en otras tierras. Sin embargo, el término "imperialismo" parece ser una invención del XIX. A la época posterior a 1870 será conocida como "edad del imperialismo".

La invasión y colonización de América supuso otra denigrante carga para los africanos los cuales fueron secuestrados por cientos de miles como mano de obra más apta que se utilizó en toda América. España fue la que menos se dedicó al tráfico negrero debido a que sus tratados con Portugal le vedaba la caza de hombres en África, limitándose a conceder licencias de entrada, inicialmente a los genoveses, después a las compañías alemanas y a los portugueses, y por último a franceses e ingleses; éstos obtuvieron la exclusiva en 1713 por el "derecho de asiento", hasta que se concedió la libertad en 1789. Aunque la entrada de esclavos negros fue general para todos los reinos y "provincias" de la América española, su número fue mayor en el área del Caribe y golfo de México, tanto por razones climáticas como por el rápido descenso de la población indígena en estas zonas.

La Española fue la isla más rápidamente colonizada y explotada. En 1502 Ovando implantó el sistema de los repartimientos, de consecuencias fatales para la población indígena, que fue diezmada por el trabajo forzado y por las enfermedades. Las discordias entre los colonizadores y la rápida extinción de los indígenas, dirigieron a los españoles hacia Cuba, cuya ocupación metódica había emprendido el adelantado Diego Velázquez (1510). En la primera mitad del siglo XVI imperó en Cuba una economía basada en la minería intensiva del oro, a base del trabajo forzado. Cuando en 1540-1550, agotados los yacimientos, fue suprimido el régimen de repartimientos, la población de las Grandes Antillas estaba aniquilada y tuvo que ser sustituida por mano de obra esclava. Igual suerte padecieron los indios de Trinidad y las Bahamas, donde de momento no hubo establecimientos coloniales permanentes, pero que sufrieron las incursiones de los cazadores de esclavos.

Hacia 1818 casi la mitad de la población de Brasil, que se componía de 4.000.000 de habitantes, era de esclavos, en 1847 más de la mitad de los 9.000.000 cubanos eran esclavos. Los franceses también se comprometieron en este comercio y llevaron muchos negros esclavos a Haití, donde en 1950 sólo 2000 de los 3.500.000 habitantes de la isla eran blancos y el resto eran descendientes de esclavos. En 1560 John Hawkins introdujo en Inglaterra el negocio esclavista. Durante el s. XVII la English Adventure Trading Company utilizaba la mano de obra de esclavos negros en su industria de la caña de azúcar en las Indias Occidentales. En el período 1700-86 unos 610.000 negros fueron transportados a Jamaica y 2.130.000 a otros lugares de las Indias Occidentales Británicas. El estallido de la Guerra de Independencia norteamericana dio fin, por algún tiempo, al comercio británico de esclavos en Norteamérica, donde los esclavistas habían ya transportado 500.000 personas. Pero el tráfico prosiguió y en 1800 había alrededor de 1.000.000 de esclavos negros en Estados Unidos, que en 1860 se convertirían en 4.500.000 dentro de una población total de 30.000.000 de individuos. Los holandeses, que asolaban el África, vendían la mayor parte de los esclavos capturados a los españoles, y en el s. XVII, al conquistar Indonesia, esclavizaron a su población.

Continúa...