Alianzas

Civilizada alianza entre lo público y lo privado, que no se altera aunque se hunda el cielo. «Y la OTAN, que nos proteja de todos los males africanos sin ensuciarnos el acuario»

Gonzalo H. MARTEL *

Mientras el Parlamento canario discute el estado de la nacionalidad, la OTAN anda de maniobras por las Islas. Toda una alegoría de los tiempos que vivimos, la alianza de las civilizaciones a pleno rendimiento. Por fin, Canarias incorporada a la modernidad; Discusión ¿civilizada, útil? en sede parlamentaria, demostración de fuerza por esos mares pafuera.

Es curioso; cuando en 1986 los canarios votaron mayoritariamente en contra de la OTAN, la razón fundamental era la amenaza que suponía la Alianza militar para esta tierra que pretendía ser de paz. Ahora, apenas veinte años después, el rechazo a las maniobras viene básicamente argumentado desde el daño a los animales marinos. Este es el balance de gestión de la conciencia colectiva; cultura de la paz a cambio de zifios y ballenas. Una aportación integradora, políticamente correcta, del insularismo gobernante en las últimas décadas. Algunos incluso apelan a la necesidad de no espantar a los bañistas con disparos de misiles en las playas; todo sea por el turista, ese monocultivo que también sirve para rechazar las prospecciones pretolíferas en aguas canarias. Esa es la gran paradoja de nuestros mares; ahora aceptamos la OTAN siempre que se salven los animalitos, pero el petróleo de nuestros lechos marinos no importa que lo explote en exclusiva Marruecos al otro lado de la mediana, sin ninguna de las garantías obligadas por la Unión Europea. Así se hace patria, sí señor. Viva la economía de subsistencia.

O sea, que todos tan contentos en el debate de la nacionalidad. Para mantener el turismo nos quedamos sin petróleo (que se lo lleve el vecino). Y la OTAN, que nos proteja de todos los males africanos sin ensuciarnos el acuario.

Tal vez el Parlamento canario recuerde esta semana la necesidad de reforzar los vínculos transatlánticos con la UE. Propuesta de imposible resolución; mociones de censura contra los autores de imposturas, en aquellas instituciones que le hacen moños a los pavos reales con las normas europeas. En Cataluña, el otro día, en sede parlamentaria, el presidente dijo: «El problema que usted tiene se llama tres por ciento», y se alborotaron hasta los baúles de Piqué. No les impresionó tanto que se les hundiera el suelo, pero acabaron tirándose del mismo moño. Aquí no; ni somos catalanes, ni nuestro problema es del tres por ciento. Aunque Europa nos arranque a tirones las orejas. Aquí los porcentajes se limitan al sistema electoral que, como todo el mundo sabe, no afecta al alimento de los tiburones políticos.

* Publicado en Canarias7, 28 de marzo de 2005

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