Almendras de California y almendros museo

Wladimiro Rodríguez Brito

La semana pasada miles de canarios se movilizaron para contemplar uno de los mayores espectáculos que cada año nos brinda la naturaleza de estas islas: el florecimiento de miles de almendros, desde Tejeda y Artenara, en Gran Canaria, a Vilaflor, Guía de Isora o Santiago del Teide, en Tenerife, pasando por el Paso, Tijarafe, Puntagorda y Las Tricias, en La Palma, entre otros. Estos almendros e higueras, indispensables hace poco para la supervivencia de muchas familias isleñas, han pasado a sobrevivir a duras penas abandonados a su suerte pero adaptados evolutivamente a las duras condiciones de pobreza de suelos o de sequía.

Estos árboles perviven en un territorio en el que el arado, la tijera de podar, el injerto y otras prácticas básicas de la fruticultura han dejado de ser utilizadas y brillan por su ausencia desde hace casi 30 años. A pesar de ello, la naturaleza vuelve a triunfar cada año y resurge la vida en una explosión de color, de olores, de belleza y, en definitiva, de vida.

Por otro lado, no deja de resultar paradójico que cada día que pasa es mayor la oferta de dulces, almendrados y de repostería, en general, a todo lo largo y ancho del archipiélago, con almendra importada desde California, Turquía o cualquier otro lugar del mundo. Pensemos que cuando compramos repostería "típica" canaria la mayor parte de esta oferta se encuentra elaborada con frutos de importación.

En este complicado marco de relaciones económicas y ambientales hemos celebrado este fin de semana un recorrido por las medianías de Santiago del Teide con más de 500 caminantes en un recordatorio de la importancia de estos almendros e higueras que aún luchan por sobrevivir en los ásperos malpaíses del Chinyero. Organizada por el ayuntamiento del municipio, la ruta se canaliza por Los Baldíos, en donde muchas generaciones de isleños plantaron, podaron y cuidaron miles de almendros e higueras en pequeños rincones pobres de suelo y agua para obtener un complemento vital para resolver la carencia de alimentos, en los tiempos más difíciles de la historia de este territorio. ¿Cuánta ilusión y sacrificio tiene cada árbol hoy olvidado?

Hemos de insistir en que estos frutales son un ejemplo de adaptación a las peores condiciones geográficas posibles para la agricultura y que representan un valioso patrimonio genético (almendros e higueras cultivados desde la costa hasta los 1.500 metros de altitud) que no puede ser abandonado de forma indiferente. Es una responsabilidad colectiva e intransferible de esta sociedad cuidar y preservar para legar a nuestros descendientes la herencia de nuestros antepasados y los frutales de secano forman parte de ello. Y es que este paisaje tiene los días contados si no conseguimos vincular a la administración y a los consumidores finales. Es fácil comprobar a poco que andemos por los caminos rurales de Tenerife la gran cantidad de pinos o matorrales (escobones, tabaibas, jaras, etc.) que recubren estos frutales. Desde la administración estamos dispuestos a dar las máximas facilidades para la limpieza y aprovechamiento de estos frutales que se encuentran en peligro real de desaparición. Hemos de demandar y propiciar un marco legal que prime el cuidado de los frutales sobre el resto de la vegetación; pinos canarios, escobones, tabaibas, magarzas, etc. Desde el Cabildo de Tenerife ya hemos realizado la poda y la limpieza de maleza de algo más de 4.500 almendros e higueras en colaboración con la Asociación de Los Poleos, que agrupa a agricultores de los municipios de Santiago del Teide o Guía de Isora. Sin embargo, hemos de incidir y trabajar mucho más para salvar estos frutales, testigos de otro tiempo y responsables en gran medida de la supervivencia de muchas familias canarias.

Sin embargo, hemos de lamentar que, transcurridos unos pocos años pasados desde esas acciones, la gran mayoría de los árboles cuidados por las cuadrillas del Cabildo apenas ha sido tocada y han vuelto a caer en el más profundo de los olvidos. Los propietarios de los terrenos no demuestran ningún interés en atenderlos y en recoger sus frutos porque piensan que no tienen rentabilidad económica. Sólo una pequeña minoría continúa limpiando y atendiendo estos cultivos.

Por todo esto abogamos y reivindicamos una revalorización real y sólida de la almendra y de los higos pasados del país, como productos ecológicos, frescos y vinculados a un territorio cercano y necesitado de apoyo constante. Hay que incentivar su presencia en los Mercadillos del agricultor y en otros puntos de venta. Y por la parte que nos toca, la de las administraciones, hay que poner las herramientas necesarias para animar al agricultor a retomar la explotación de estos frutales. Hay que mejorar los accesos a las fincas, facilitar la construcción de pequeños cuartos de apero, apoyar la promoción y comercialización, etc. En definitiva, se trata de entre todos "empujar", animar, ayudar y salvar una parte fundamental de nuestro patrimonio rural. En la medida en que lo vayamos alcanzando conseguiremos revalorizar la cultura de estos entornos alejados del urbanismo tan en boga en estos tiempos, rompiendo así el concepto de campo como espacios fósiles dedicados exclusivamente a paisaje para el turismo o museo para los niños de excursión y consiguiendo revalorizar y situar de nuevo en el circuito productivo una parte importante de nuestra historia como pueblo y como sociedad.

En esa línea nos encontramos nosotros y muchos otros, tal y como ha demostrado este pasado fin de semana el Ayuntamiento de Santiago del Teide.

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo de Tenerife