Los almendros:
algo más que una imagen
Wadimiro Rodríguez Brito
Cuando hacemos una
lectura pausada de nuestro paisaje y su organización, descubrimos la sabiduría
popular que alberga cada montaña, cada barranco, cada puñado de tierra puesto,
apoyado en unas pocas piedras sobre un risco según su orientación, altitud,
solana o umbría, etc.
En las semanas
próximas habrá que recorrer los caminos que enlazan el Valle de Arriba con el
histórico caserío de Arguayo, en el municipio de
Santiago del Teide. Arguayo
es un destacado núcleo que emerge sobre un mar de lavas recientes, del conjunto
volcánico que desde el Pico Viejo o Montaña Chaorra
alcanza
En el momento en que
los malpaíses dejaban de dominar el territorio, el
suelo se dedicaba a cereales y legumbres, como de hecho ocurrió en el Valle de
Arriba, o en las tierras situadas al este del Barranco de Guía. Asimismo,
existieron otras razones que explican el intenso aprovechamiento del terruño,
como la situación social generada por el Señorío de Valle Santiago. Esta coyuntura
social obligó a los campesinos a buscar espacios insospechados para los
cultivos, deforestando zonas de monte, como lo que ahora conocemos como Los
Baldíos, para conseguir sustento para sus familias.
En estas fechas
queremos aportar también nuestra modesta semilla para plantar y sembrar un
compromiso por este paisaje en peligro de extinción, con su historia y con la
gente que lo hizo posible, más allá de cualquier enfoque ideológico o político,
sólo con la apuesta firme por su conservación para las generaciones venideras.
Transcurrida una década desde el inicio de la tradicional Ruta del Almendro,
que pusieron en marcha desde el Ayuntamiento de esta villa sureña la concejal
María Candelaria y su añorado alcalde, don Pancracio Socas. La cita se ha consolidado,
y es una referencia obligada para los amantes del mundo rural y su
idiosincrasia darnos cita en
Esta buena gente de
Santiago ha creado una "sementera" (no confundir con cementera) para
un nuevo compromiso con el campo, plural y solidario, que persigue ahondar en
la promoción física y cultural de este valioso paisaje heredado de nuestros
antepasados. Y lo que no es menos importante, incorporarlo al circuito
económico, utilizándolo en nuestra gastronomía y repostería, a través de una
línea renovada de productos frescos y sanos. El pasado que encontramos en estos
almendros e higueras también es futuro en una sociedad más solidaria y
sostenible.
Hemos de entender
que el Medio Ambiente no sólo lo componen los pinos, las tabaibas y el lagarto,
sino que también los frutales que plantaron hace siglos
sucesivas generaciones de isleños e isleñas que hoy tenemos en el recuerdo.
Estas líneas
pretenden servir de reconocimiento a una sabiduría popular intemporal, que fue
capaz de incorporar plantas cultivadas en un suelo en el que apenas encuentran
unos gramos de tierra plantas que no sólo sobreviven en años secos como el
actual, sin apenas lluvias, además nos brindan frutos de extraordinaria
calidad. Aunque las comparaciones pueden ser odiosas, no le hemos dedicados
unos escasos minutos de nuestro tiempo, como al radar de Taborno,
las torres de Chasna o los cebadales de Granadilla.
Hoy felicitamos a
los asistentes a este encuentro de compromiso con la tierra y su gente, con la
seguridad plena de que estamos sembrando una sementera de futuro, que tendremos
que escardar, podar, injertar y azufrar en un futuro más comprometido con
nuestra tierra.
* Consejero del Área de Medio Ambiente y Paisaje del
Cabildo Insular de Tenerife