Los ganaderos canarios altamente discriminados
Wladimiro Rodríguez Brito *
Se ha discriminado sistemáticamente a los sectores productivos locales en beneficio de las importaciones... Y lo que es aún peor: la consecuencia es que este problema nos hace cada día más dependientes del exterior mientras que el aparato productivo se debilita paulatinamente.
Estos días se está debatiendo el nuevo POSEICAN para Canarias. Se trata de ver cómo se distribuirán 127 millones de euros y qué prioridades han de tener hasta el año 2013. De esa cantidad, nada menos que 72 millones se destinarán al Régimen Especial de Abastecimiento (REA) y los 55 restantes se orientarán a promover el desarrollo rural.
Sin embargo, mucho nos tememos que se mantengan las pautas del pasado, que han manifestado muchos efectos perversos y negativos con muy pocos beneficios. Se ha discriminado sistemáticamente a los sectores productivos locales en beneficio de las importaciones del continente, con el subsiguiente empobrecimiento de los agricultores y ganaderos isleños. Y lo que es aún peor: la consecuencia es que este problema nos hace cada día más dependientes del exterior mientras que el aparato productivo se debilita paulatinamente.
Distintas varas de medir
Un ganadero canario se encuentra altamente discriminado respecto al de sus colegas europeos. Baste citar algunos ejemplos: Un kilo de queso o un litro de leche en polvo comunitario recibe en ayuda REA para la importación de hasta 250 ptas. Un litro de leche producido en Canarias no recibe ningún tipo de ayuda directa. Lo mismo podríamos decir de la carne, que es subvencionada con 200 pesetas/kilo o la mantequilla, con 420 pesetas/kilo. Si vemos que los costes de transporte a Canarias suponen apenas entre 30 y 40 pesetas/kilo.
Las vacas canarias no reciben ningún tipo de ayudas, es más, una vaca importada recibe 109.000 pesetas. Como el coste del transporte oscila sobre las 40.000, tenemos que una vaca del país debe competir con una importada subvencionada con 69.000 pesetas netas. Esta discriminación reiterada y flagrante empobrece significativamente a nuestros ganaderos, que no pueden competir en un horizonte de libre mercado. Asimismo, los consumidores no perciben esta inmensa cantidad de dinero en subvenciones. En ningún caso se trata -como algunos señalan interesadamente- de que el hecho del alto encarecimiento de los alimentos en Canarias se deba a la lejanía o a la insularidad, podemos y debemos producir alimentos frescos dando las mismas oportunidades a los ganaderos en las islas que en los comunitarios.
En estos momentos se está negociando la futura distribución de estas ayudas para las Regiones Ultraperiféricas, y es el momento de poner sobre la mesa los medios y las soluciones para que no discriminen y perjudiquen a nuestros ganaderos como hasta el presente. Esta situación se agrava en la coyuntura internacional en la que vivimos, donde es fundamental y estratégico mantener una producción significativa de productos frescos y del país. Además de suponer una reserva básica para tiempos difíciles, también hay que recordar que hay muchas familias y puestos de trabajo que dependen de la agricultura y de la ganadería de nuestra tierra.
En definitiva, lo único que reclamamos es que nuestros ganaderos reciban ayudas equivalentes a las aportadas por el REA a los productos comunitarios que vienen hacia Canarias. Si a esto añadimos la prioritaria ordenación del suelo rústico, que permita el establecimiento de instalaciones agropecuarias modernas y eficientes que mejoren la productividad básica y estratégica de productos perecederos para el autoabastecimiento de las islas, estaremos plantando y sembrando un futuro más prometedor para nuestra tierra.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife