¿Amnesia, desmemoria o cinismo?
Justo Fernández Rodríguez
Los partidos políticos, cuando alcanzan el poder y los gobernantes de todas las ideologías, cuando lo pierden, tienden a olvidarse de su actitud y opiniones o de las decisiones tomadas, ante determinados hechos o acontecimientos, exigiendo acciones, soluciones y comportamientos que no fueron capaces de resolver e, incluso, que no tuvieron voluntad política para intentarlo. En las últimas semanas, venimos asistiendo a varios e ilustrativos ejemplos de amnesia, cinismo o indecencia política.
Las escenas de grupos de inmigrantes subsaharianos, trasladados desde Canarias, deambulando por las carreteras de Murcia, desorientados y, aparentemente, abandonados a su suerte, cerca de capitales, ciudades o pueblos, donde, con suerte, pueden ser contratados, en condiciones de verdadera explotación, con toda razón produce la indignación de muchos ciudadanos. Un grupo de alcaldes del PP han protestado airadamente por estos vergonzantes métodos. Sin embargo, habían permanecido callados ante los más de 12.000 inmigrantes trasladados, por el mismo vejatorio procedimiento, desde 2002, por acuerdo de los grupos parlamentarios del Partido Popular y Coalición Canaria.
Pero estas prácticas se iniciaron sólo unas semanas después de que Aznar tomara posesión de la Presidencia del Gobierno. 103 inmigrantes ilegales, en una operación secreta, sin el preceptivo expediente individual de expulsión ni cumplirse el plazo de internamiento; sin información al juez, ni verificación de su nacionalidad y privados de asistencia letrada, fueron introducidos en un avión, atados, narcotizados y expulsados a cuatro países ajenos a los de origen, a cambio de dinero. Ante las protestas de organizaciones de defensa de los derechos humanos, sindicatos y partidos políticos, Aznar, sentenció: "Había un problema y lo hemos resuelto".
Más tarde, los alcaldes del Partido Popular de Las Palmas, Murcia, Santander, Cartagena y Vigo participaban en una cruzada de acoso a mendigos e inmigrantes ilegales, que eran subidos en aviones y abandonados, a su suerte, en Madrid o Sevilla, lo que dio lugar a una intervención del Defensor del Pueblo, quien consideraba que tal actitud violaba principios constitucionales. Esperábamos que el cambio de Gobierno hubiera significado también un cambio en estos indeseables métodos.
Con motivo de unas declaraciones del nuevo sátrapa marroquí, Mohamed VI, sobre Aznar y el franquismo, el portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, en referencia al silencio del Gobierno de Zapatero, por la inminente visita del Rey, no tuvo empacho en manifestar que "siguen en esa política de barra libre para los dictadores".
Se olvidaba Zaplana que, en mayo de 1996, recién investido presidente del Gobierno, Aznar viajó a Marruecos, para que se visualizara la máxima prioridad que daba a las relaciones con Hassan II, cabeza de un régimen represivo y escasamente respetuoso con los derechos humanos. También se olvidó que Aznar fue condecorado con el 'Gran Cordón de Ouissau Alaui', aunque tuvo que soportar que el sátrapa marroquí le espetara: "Igual que España reivindica Gibraltar, nosotros reclamamos Ceuta y Melilla", sin que se produjera una declaración de guerra. En 1999, el fallecimiento de Hassan II, ya crecidito Zaplana, Aznar, volvió a desplazarse a Marruecos y, sin ponerse rojo de vergüenza, se deshizo en elogios a la figura del monarca alaui, considerándolo como "un gran impulsor de la modernización y de la democratización de Marruecos y uno de los mejores conocedores de la política internacional". Amén. Tampoco recordaba, la visita de Aznar a Libia, para ser recibido por Gadaffi, un dictador, terrorista convicto, del que aceptó como presente un caballo.
Los fracasados intentos de Sacyr para controlar el BBVA; las denuncias sobre las irregularidades cometidas por su actual presidente, en la venta de su grupo bursátil a Merrill Lynch; la fugaz "investigación y cierre" de una desacreditada Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) desde el 'caso Gescartera' y la entrada en escena de la Fiscalía Anticorrupción, han motivado duras acusaciones al Gobierno por parte de dirigentes del Partido Popular. Mariano Rajoy calificó de "preocupante" la supuesta intervención del Gobierno, porque le recordaba "episodios del pasado".
Rajoy parece haberse olvidado de cómo fue desplazado el anterior presidente del BBVA y de las presiones a que fue sometido para que cediera su puesto a Francisco González, candidato del PP. Se olvida de cuántos amigos de Rato y Aznar fueron colocados al frente de la empresas públicas privatizadas. No recordaba que en Telefónica fue nombrado presidente un "compañero de pupitre" del propio presidente Aznar.
Cuando se han cumplido 60 años desde que el mundo se espantara ante lo sucedido en Auschwitz, una buena parte de los medios de comunicación europeos advierten del renacimiento de la extrema derecha, directa heredera de la ideología que condujo al horror nazi. En España, la extrema derecha, hasta la fecha, se encuentra cómodamente instalada en el PP. Y ese es un favor impagable que debemos a Manuel Fraga. Lo que es preciso evitar es que vuelva a tomar protagonismo activo en las calles. Los incidentes provocados en la manifestación, teóricamente, en favor de las víctimas del terrorismo, celebrada en Madrid y convertida, mediante circulares, con falsedades, distribuidas por la direccion del PP, entre sus militantes, en una manifestación "contra la acción del Gobierno", provocaron los insultos, empujones e intentos de agresión contra José Bono y Rosa Díez, que siempre se han caracterizado por defender, con todas sus fuerzas, a las víctimas del terrorismo. La extemporánea actuación de la policía ha provocado exageraciones injustificadas en algunos líderes del Partido Popular, como Esperanza Aguirre y Ángel Acebes. Pretender que la policía española ha actuado "como la Gestapo" o manifestar que esa actuación es "propia de dictaduras", es una indecencia política. En el Partido Popular todavía militan personajes que, con conocimiento de causa, podrían instruir a la presidenta de la Comunidad de Madrid y al secretario general del PP de cómo actúa la policía en una dictadura. Al mismo tiempo, la estúpida exigencia de algunos dirigentes del PSOE al Partido Popular de condenas radicales de lo ocurrido no se compadece con el silencio, inadmisible, que observaron esos dirigentes cuando los agredidos, en Barcelona, también en una manifestación contra el terrorismo, fueron Rodrigo Rato y Josep Piqué. ¿Tendremos que volver a los "servicios de orden" defensivos para asistir a una manifestación?
La amnesia es muy útil para los políticos, pero las hemerotecas hacen milagros.