La amnesia de Román Rodríguez
JUAN VELARDE
La política crea y destruye con la misma celeridad extraños compañeros de cama. Si en la legislatura entre 1999 y 2003 Adán Martín, a la sazón vicepresidente del Gobierno canario y consejero de Economía y Hacienda, se mantuvo más o menos templado ante las acciones del jefe del Ejecutivo regional, Román Rodríguez, ahora éste no se muerde en absoluto la lengua y promete cobrarse una a una todas las facturas que considera pendientes desde que en el seno de Coalición Canaria se le hiciera la cama para no tener presencia en la vida pública de las Islas.
Rodríguez ha ido muñendo desde su escaño en Madrid la manera más cruenta de reventar la aparente calma del gabinete de Martín Menis, quien sólo ha tenido que capear las pequeñas acometidas del tándem Alemán-Spínola en el Parlamento de Canarias, incluso con un nuevo amago de moción de censura, según subrayó esta semana el vicesecretario de los socialistas, que dijo que este Gobierno se estaba haciendo merecedor a la misma.
Pero volviendo al tema en cuestión, Rodríguez, desde la atalaya de su formación de reciente creación, Nueva Canarias, Nueva Gran Canaria, se ha lanzado como un poseso a reclamar las mil y una injusticias que está percibiendo en la vida política, social y económica del Archipiélago. Independientemente de sus aspiraciones a volver a la poltrona presidencial, Rodríguez se equivoca en la estrategia acusatoria, máxime cuando afronta debates como el sanitario. Y es que es en este punto donde el señor Román Rodríguez pierde la poca credibilidad de la que podía hacer gala. Un personaje que, paradójicamente, fue director del Servicio Canario de la Salud, y no hace falta detallar en qué estado lo dejó, y que luego tuvo en sus manos la Presidencia del Gobierno, no puede ahora blandir falsos argumentos sobre el trato de favor que está recibiendo la provincia de Santa Cruz de Tenerife en relación a la de Las Palmas. Eso se llama amnesia en su grado más profundo.
Desde luego, no me mueven intereses en defender la labor de la actual consejera de Sanidad, María del Mar Julios, a la que he alabado al igual que criticado cuando los hechos así lo merecían. Sin embargo, me parece de un rostro increíble la saña con la que ha empleado Rodríguez en censurar la política llevada a cabo por la titular de este departamento. Obviamente, todo es mejorable, pero hay que destacar que no se escondió a la hora de poner sobre la mesa unas listas de espera terroríficas y las soluciones para poder solventarlas, así como tratar de sacar adelante el II Plan de Salud, al margen de impulsar las infraestructuras sanitarias de Santa Cruz de Tenerife. Si la estrategia del líder de Nueva Canarias es la sanidad, Coalición Canaria puede respirar tranquila.
JuanVelarde@canarias.org
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Publicado en La Gaceta de Canarias, 19-03-2005