LA FECHA DE SUPUESTA FUNDACIÓN

DE LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA, CANARIAS.

 

Por Antonio Cubillo Ferreira *

 

 He leído con estupor en el periódico independiente de Canarias, “El Día”, de fecha sábado 16 de septiembre del 2.006, un artículo sobre nuestra Universidad diciendo que los grupos políticos presentes en el ayuntamiento lagunero proponen en su pleno del 18, una moción institucional para declarar el 11 de marzo como día relevante para la ciudad de Aguere, en conmemoración de la fundación (supuesta) en 1792 de la Universidad de La Laguna.

 

 Siento tener que salir de nuevo al paso de esta falsedad histórica, no solo como lagunero sino  alumno y licenciado de nuestra primera Universidad de Canarias. Han transcurrido doscientos sesenta y cuatro años desde que, en la metrópoli, el rey de España, Felipe V, otorgase la Real Cedula del 7 de octubre de 1742 por la cual se concedía «por ahora» la creación de una Universidad en el Convento de los Padres Agustinos de La Laguna sito en la calle de San Agustín. La real cédula del rey de España vino a confirmar los constantes esfuerzos de los Padres Agustinos, quienes habían sido los únicos que se habían preocupado, hay que reconocerlo, por la educación en este archipiélago africano y que tenían ya gran experiencia de la enseñanza, puesto que la cátedra de gramática latina de la ciudad de La Laguna, establecida desde los años de 1539, dada por oposición a nombre del ayuntamiento lagunero y dotada hasta con 100 ducados en 1717, estuvo muchos años en el convento de San Agustín, a pesar de que, insistentemente, los jesuitas habían intentado controlarla muchas veces, como nos lo señala el historiador lagunero D. José Rodriguez Moure en "Historia de las Universidades Canarias".

 

Precisamente, debido a los loables esfuerzos de los Padres Agustinos, dicha Orden había obtenido del Papa Clemente XI, en 1701, la Bula que comienza diciendo "Pastoralis oficii" dada en Roma el 4 de junio de 1701, primero de su pontificado. Por ella se concedía "que los que estudiasen en el referido convento de San Agustín de La Laguna y aprendiesen suficientemente las facultades, artes o ciencias que les enseñasen, como gramática, lógica, filosofía, teología escolástica y moral, pudiesen ser públicamente promovidos a los grados menores de bachiller y licenciado de esas mismas facultades, recibiendo por último el doctorado y magisterio", como lo pueden leer en "Noticias de la Historia General de las Islas Canarias" de D. José de Viera y Clavijo,  Tomo IV, libro 18.

 

 Como la Real Cédula limitaba la incipiente Universidad con aquello de «por ahora», los Padres Agustinos y algunos próceres canarios bien intencionados establecidos en Madrid, lograron que al siguiente año, el  nuevo rey, de origen francés, Felipe V aclarase la cuestión y despachase cédula real en San Ildefonso con fecha de 4 de agosto de 1743, (Reales cédulas, libro VII, Oficio 2, fol.32), por la cual se quitaba aquello de «por ahora»,quedando vigente en toda su integridad la Bula del Papa Clemente XI de 1701. También ya anteriormente, el Papa Benedixto XIV, por su Bula que empieza "Aeternae sapientiae consilio" de fecha de 27 de marzo de 1744,en el año cuarto de su pontificado, después de confirmar en ella la Bula de Clemente XI, su predecesor, no dudaba en ampliarla y extenderla, a fin de que los grados que en el convento del Espíritu Santo de la ciudad de Aguere, se confiriesen por el prelado de la casa, fuesen y tuviesen igual fuerza y valor que los que se conferían en las demás universidades de ciencia y artes, pues erigía en legítima Universidad sus estudios.

 

Como era lógico, el rey español, una vez tuvo conocimiento de esta bula, la manda ejecutar el 18 de junio de 1744, (Reales cédulas, libro VII, Oficio 2, folio 40), por lo cual se despachó la real cédula en San Ildefonso, ya citada del 4 de agosto. Desde el 9 de octubre de 1744, el ayuntamiento lagunero de Tenerife da la noticia a todas las islas de los acuerdos reales y del Papa por los que se concedía oficialmente la Primera Universidad a Canarias establecida en la ciudad de Aguere. Eso consta en los documentos del ayuntamiento, Acuerdos, libro XXII, Oficio 2,fol.129 y en este libro de Viera y Clavijo, el gran sabio tinerfeño.

 

En efecto y para información de los lectores canarios, las facultades que se abrieron en el citado año de 1744, y que debemos considerar como el Año Uno de nuestra Universidad, fueron las de Gramática, Lógica, Filosofía, Matemáticas. Teología eclesiástica y moral, Medicina, Derecho Civil y Canónico. El haber conseguido la ciudad de Aguere la sede de la primera Universidad de Canarias, despertó inmediatamente los furibundos celos del Cabildo eclesíastico de Gran Canaria; al mismo tiempo, otra Orden eclesiástica, los Dominicos, celosos del privilegio otorgado a los Agustinos, desplazaron a Madrid a sus agentes para echar por tierra a la primera Universidad de Canarias. Sus gestiones coincidieron con la entronización del nuevo rey español, Fernando VI, que, a diferencia de Felipe V, era enemigo de todo lo que fuera educar al pueblo y crear centros de estudios en las colonias. El resultado fue la real cédula del 4 de diciembre de 1747 dada en el Buen Retiro por la cual mandaba se suspendiese la Universidad de Canarias y que se erigiese en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, un seminario eclesiástico (Reales cédulas, libro VII, Oficio 2, fol.177).

 

Si partimos de esta primera fecha 1744, durante la cual nuestra Universidad fue inaugurada y estuvo abierta durante tres años, en 1944 se debería haber celebrado el Doscientos aniversario de la misma, sin embargo, no se hizo nada.  Si por el contrario adoptamos como fecha la de la primera bula del Papa Clemente XI, el año 2001 debería haberse celebrado el Tricentenario, pero partiendo de la fecha de 1744, que es la correcta, este año 2006 se debe celebrar  el 262 aniversario.

 

La historia de la Universidad lagunera es bastante complicada y es conveniente aclararla seriamente; el  11 de marzo de 1792, por influencia de ciertos canarios establecidos en Madrid y que mantenían sus contactos con los jesuitas que habían sido expulsados de España y sus colonias por el rey Carlos III, logran que el rey Carlos IV expidiese un Real Decreto, por el cual mandaba establecer en la ciudad de Aguere, capital entonces de la isla de Tenerife y de toda  Canarias, una Universidad Literaria, digo bien, Literaria, destinando para ello la casa-colegio de los expulsados jesuitas, dotándola con 4.000 ducados de pensión sobre la mitra de Canaria, con los frutos y rentas correspondientes a los dos primeros canonicatos que vacasen, y que al intento se mandaron suprimir; con 15.000 reales de vellón anuales sobre los propios de Tenerife; con 7.500 reales sobre los de Canaria y La Palma; con el productos de todos los bienes y rentas pertenecientes al colegio que fue de los Jesuitas en la ciudad de Las Palmas; con 180.000 reales por una vez sobre el fondo de temporalidades de los Jesuitas de Indias, y con 100.000 reales sobre los expolios y vacantes del mismo obispado. Coincidió este decreto con que el obispado de Canaria estuviese ocupado por el mitrado don Antonio Tavira y Almazán quien se dejó influir por el Cabildo de Canaria, que seguía opuesto a la creación de la Universidad en Tenerife.

 

Tuvo entonces que intervenir un ilustre lagunero, don Alonso de Nava y Grimón para contrarrestar los manejos del obispo Tavira pero nada se pudo hacer de positivo, puesto que detrás de todo estaban también los manejos de los amigos de los Jesuitas, entre ellos nuestros parientes los hermanos Bencomo Rodríguez, que esperaban la ocasión de la vuelta de la orden a España y sus colonias, razón por lo cual el decreto de 1792 se quedó en letra muerta.

 

Tengo que señalar aquí, que en 1.992, siendo rectora de la Universidad de La Laguna una española llamada Marisa Tejedor, se inventó esta rectora, con motivo del V Centenario del comienzo del genocidio de América por los españoles, que la corona llama Fiesta de la Raza, se inventó digo, el que esta fecha de 1.992 era el segundo centenario de la Universidad de La Laguna, ignorando todo lo anterior, ya que lo único que le interesaba era salir en los medios de información y pasar a la historia como la rectora del segundo centenario. Pero lo peor de todo es que el cuerpo de profesores universitarios y el ayuntamiento lagunero, sabiendo que todo esto era contrario a la verdad histórica, celebraron este falso aniversario.

 

Yo me permití publicar un artículo de prensa en el periódico "El Día" de Tenerife, saliendo al paso de todas estas falsedades que me recordaban los tiempos de Franco y aunque muchos profesores lo leyeron ninguno tuvo el coraje de decir la verdad públicamente.

 

A todas estas circunstancias de la historia de nuestra universidad, en los pasados siglos, hubo que añadir la llegada en 1808, de las tropas de Napoleón a España y que en la corte de Madrid gobernó por un cierto tiempo José Napoleón. Hubo que esperarse al 10 de noviembre de 1816, para que el rey Fernando VII, de vuelta del exilio francés, firmase una cédula real que diese vida a la Universidad con las dotaciones asignadas en el real decreto de 11 de marzo de 1792 y, con la circunstancia precisa de haberse de entregar la Universidad lagunera a los P.P. Jesuitas para que la dirigiesen y gobernasen en todos sus ramos.  Este decreto se había conseguido gracias a la influencia de don Cristobal Bencomo Rodríguez, lagunero, confesor y primer valido del nuevo rey, pero sobre todo gran amigo de los Jesuitas, como les dije, el cual nombró a su hermano, don Pedro Bencomo, chantre entonces de la catedral de Canarias, y a don Alonso de Nava Grimón, para que se ocupasen de todo lo relacionado para el establecimiento de la Universidad.  Por fin, la misma fue instalada en la ciudad de Agüere en el edificio que había sido colegio de los Jesuitas, el día 12 de enero de 1817, con gran indignación de los Padres  Agustinos y de las buenas gentes de Agüere que no admitían los manejos de los Jesuitas y preferían a los Agustinos que ya conocían y apreciaban.

 

El tío de mi bisabuela, Severina Gonzalez Rivero, de Tacoronte, el Doctor Don Isidoro Rivero Peraza y Ayala, Canónigo de la iglesia catedral de Tenerife, que también fue cura de Granadilla, natural de Tacoronte, fue designado junto con otros doctores para enseñar en la Universidad. Don Isidoro, cura liberal y que formaba parte del grupo de los doceañistas o partidario de la Constitución de 1812, no tenía ninguna simpatía por los españoles ni por los Jesuitas e insistió en que se crearan las cátedras de Humanidades, Matemáticas y Lógica por lo que el 27 de enero de 1817 se acordó fijar edictos anunciando la apertura de dichas cátedras. Posteriormente, en el curso principiado el 18 de octubre de 1818, ya fue preciso establecer una nueva cátedra de Física experimental para los que habían concluido los cursos de Lógica y Matemáticas, y nombrando para ella al doctor Saviñón y para la de Matemáticas a D. Domingo Bello Lenard. Por desgracia para los alumnos, la segunda Universidad salida de la real cédula del 10 de noviembre de 1816 no fue un modelo de enseñanza moderna de la que enorgullecerse. En el nuevo establecimiento se dio demasiada importancia a los usos escolásticos del siglo XIII a pesar de los esfuerzos de mi tío, el canónigo don Isidoro Rivero Peraza de Ayala, y de don José Deza Goyri. No hay que olvidar que en tiempos de aquel nefasto rey Fernando VII, quizá el peor rey que ha tenido España, el cual restableció la odiada Inquisición, la Gaceta de Madrid, del 3 de mayo de 1817, publicaba esta vergonzosa frase: " Lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir ".

 

 Como se sabe, por decreto del primero de octubre de 1823, el rey borbón Fernando VII, anuló el sistema constitucional, apoyado por las Cien mil bayonetas de San Luis, enviadas por el reaccionario Borbón francés que sustituyó a Napoleón, acabando con las libertades y derechos que había instaurado la Constitución de Cadiz de 1812. Deteniendo y ejecutando al constitucionalista y anticolonialista mariscal Riego, con ayuda de las tropas monárquicas francesas y dando principio a una era de oscurantismo, de imperio eclesiástico y de jesuitismo como nunca se había visto en la metrópoli. Como era lógico, el  borbón rey absolutista español, no podía permitir que aquí en las colonias existiese una Universidad como la de La Laguna, a pesar de estar incluso gobernada por los jesuitas, por eso, el 4 de diciembre de 1823 (día en que ya se había suprimido en 1747 la primera Universidad canaria), los comisionados regios en Tenerife, cerraron la Segunda Universidad de Canarias, porque decían que en ella, y a pesar de los jesuitas, se habían difundido entre los alumnos las ideas liberales y separatistas. Influyó también en el cierre de la Universidad el hecho de que el Canónigo don Isidoro Rivero Peraza de Ayala, fuera acusado por el Juzgado de la Orotaba, de haber estado en  de la preparación de un Movimiento por la Independencia de las Islas Canarias, junto con don Francisco de Lugo y Viña, don Antonio Monteverde, don Pedro Benitez, don Miguel Garcia, don Ignacio y don Fernando Llarena, todos ellos de la Villa de La Orotaba, don Miguel Yanes, del Realejo, don Fernando del Hoyo, don Juan Botas, el provisor don José Martinón, don Juan Tabares de Roo, gran amigo del canónigo Rivero, el juez de primera instancia de La Laguna don José Antonio Morales, todos de la ciudad lagunera, don Francisco  Guerra, de Añaza, y muchos otros más, pues incluso había conocidos personajes de otras islas, a quienes el obispo de La Laguna acusaba de estar en "cercanías de la rebelión".

 

A este respecto tengo que señalar, que el 15 de agosto de 1827, el embajador de España en Londres, conde de Alcudia, comunicaba al gobierno de Madrid "estar en posesión de informes fidedignos de que en aquellas islas (refiriéndose a las Canarias), se hallan en muy mala disposición en cuanto al espíritu público de los habitantes en general, y que los revolucionarios que trabajan con infernal ahínco en su seno, y desgraciadamente con cierto fruto, de acuerdo con los de otros puntos, tienen todo tan bien preparado, que el día que lo crean oportuno, y quizás antes de ser prevenidos, proclamarán la Independencia de dichas islas" . Nota: para confirmar esto, véase: (Archivo de Simancas, Estado 8191, fol. 85) e ( Historia de las Islas Canarias 1776-1868 de Francisco Maria de León, Ed. Aula de Cultura de Tenerife 1966, pag. 189 y 207).

 

¿Y que pasó después?.

 

Restablecida de nuevo la segunda Universidad el 18 de octubre de 1825 (con el nuevo Plan de estudios de 1824 por el cual debería enseñarse sobre todo a los alumnos la infalibilidad del Papa y su supremacía absoluta así como la soberanía absoluta y venida de Dios en los reyes católicos), fue suprimida de nuevo el 28 de diciembre de 1829, a propuesta del obispo de Tenerife don Luis Folgueras Sión, acérrimo defensor del oscurantismo y responsables de los innumerables informes al gobierno de la metrópoli, anunciando que aquí había o se preparaban diferentes rebeliones y movimientos independentistas en Canarias, el cual logró que viniese urgentemente a nuestro Archipiélago el regimiento de infantería de Albuera, Séptimo Ligero con base en Ceuta, el cual llegó a esta isla el 11 de marzo de 1827 completamente municionados y en plan de guerra de conquista, al mando del teniente coronel mayor don Miguel Peirson.

 

El 18 de diciembre de 1830 fue cerrada definitivamente la segunda Universidad Canaria por la soberana resolución de aquel rey absolutista y reaccionario español que ordenaba que se cerrasen todas las universidades y colegios de España y sus colonias de ultramar, con gran contento de los comisionados regios y del obispo Folgueras. Tras la enfermedad del rey absolutista español Fernando VII en 1832, quien tenía la costumbre de decir: "España es una botella de cerveza y yo soy el tapón. Si yo salto, Dios sabe donde iría a derramarse el líquido", y que ordenó el ajusticiamiento por estrangulamiento de la insigne granadina liberal Dña. Maria de Pineda, en una plaza pública, por haber bordado en el estandarte violeta de Castilla, que representaba las antiguas libertades perdidas, (las palabras Ley, Libertad e Igualdad), la regencia del reino cayó en manos de la reina Maria Cristina de Borbón Sicilia, madre de la futura Isabel II. Para hacer olvidar el sistema oscurantista y clerical de Fernando VII, dio una serie de órdenes y decretos, uno de ellos restableciendo la enseñanza pública, las universidades y establecimientos literarios de España y colonias de Ultramar. Así, la Segunda Universidad de La Laguna verificó su nueva apertura de curso el Primero de Noviembre de 1834 a pesar de la oposición del obispado de Tenerife y gracias a los esfuerzos del nuevo deán de la catedral de La Laguna, el Doctor Don Isidoro Rivero Peraza de Ayala, nuestro pariente, que por cierto se había inventado el segundo apellido Ayala, puesto que su madre se apellidaba Ramos. En 1.833, un año antes de la apertura de la universidad, la Cámara de Castilla lo había propuesto como obispo de Canaria, en la vacante de del Iltrmo. Sr. D. Bernardo Martínez, pero los jesuitas se opusieron y nombraron a D. Judas José Romo y Gamboa.

 

El 2 de febrero de 1.834 fue nombrado deán de la Catedral de La Laguna a pesar de la oposición de sus numerosos enemigos que lo tachaban de liberal y  amigo de los pobres; en el mismo año se le nombró Comisario regio para la reinstalación de la Universidad de S. Fernando de La Laguna y para recibir al Sr. obispo Luis Folgueras Sión el juramento de fidelidad a la reina Isabel II y el 26 de octubre de 1.841, se le encargó el gobierno de la citada universidad, en clase de rector interino, terminando como Rector propietario de la misma.

 

Esperemos que el futuro ayuntamiento patriótico lagunero, que algún día llegará y lo mismo digo de un futuro rectorado de la Universidad, sepan  tener en cuenta la historia y los datos que aporto y rectifiquen las verdaderas fechas de nuestro primer centro universitario de Canarias.

 

Canarias, Tenerife, 19 de septiembre del 2.006.

 

Antonio Cubillo Ferreira es Abogado, Licenciado por la Universidad de La Laguna.

 

E mail: cubilloantonio@hotmail.com

 

 

(Artículo de investigación publicado en el Suplemento del periódico tinerfeño,¨El Dia¨, suplemento ¨La Prensa ¨, el sábado 23 de septiembre del 2006 ).