Año de la Mujer Trabajadora

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Cuando mujeres de todos los continentes, con diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, separadas por fronteras nacionales, se reúnen para celebrar el Día Internacional de la Mujer, las contemplan más de 90 años de lucha para conseguir mayores niveles de igualdad, justicia, paz y desarrollo.


El 8 de marzo es una fecha que debería trascender de los grupos femeninos concienciados. Se han celebrado, en multitud de ciudades, de todos los continentes, asambleas, actos, exposiciones, charlas, mesas redondas, seminarios, concentraciones y manifestaciones, con desigual participación. Alrededor de este día, las páginas de los periódicos se llenan de artículos de sesudos pensadores, paternalistas reaccionarios, feministas, sindicalistas, machistas progres o políticos oportunistas, en busca del voto femenino. Por un día, condenan la discriminación, abusos, marginación y humillaciones de que es objeto la mujer. Luego, la mayoría volverán a la rutina, hasta el próximo año.


Cada día, en la imprescindible lucha por la igualdad, aumenta el número de personas que entienden que la mayor participación y el pleno ejercicio de los derechos de las mujeres, en todo el mundo, más allá de satisfacer una lógica y justa reivindicación, son esenciales para afrontar los retos más difíciles que amenazan a la sociedad en los planos social, económico y político.


2006 ha sido el año en que se ha registrado la mayor presencia parlamentaria femenina de la historia. Cerca del 17% de los parlamentarios del mundo son mujeres. En 1995, apenas alcanzaba el 11,3%. 35 mujeres presiden parlamentos, varios de ellos, por primera vez en la historia, como los casos de EE.UU., Israel, Gambia, Swazilandia y Turkmenistán.


En los últimos doce años, más de 200 millones de personas se han incorporado al mundo laboral. Actualmente, las mujeres representan el 40% del número total de trabajadores en el mundo. Se han reducido las diferencias laborales, elevándose los niveles de educación y aumentando su participación en la actividad empresarial, aunque, continúa siendo escaso el número de puestos dirigentes desempeñados por mujeres.


Los pequeños avances no pueden hacernos olvidar que subsisten las profundas desigualdades en el lugar de trabajo. La disparidad en las remuneraciones salariales y en la calidad del empleo es una realidad muy extendida, mientras las responsabilidades en el cuidado de los hijos o familiares sigue recayendo, casi en términos absolutos, en las mujeres.


Pese a la promulgación de leyes, en muchos países que deberían garantizar las prestaciones médicas, la protección del empleo y la licencia remunerada de la maternidad, en la mayoría de los casos existe una enorme diferencia entre la ley y la práctica. La Confederación Sindical Internacional denuncia que una buena parte de gobiernos permiten que muchos empleadores obliguen a las mujeres en el momento de la contratación a hacerse análisis de embarazo, se despida a las trabajadoras embarazadas, se les niegue toda protección de sus derechos de maternidad y el seguimiento médico a los recién nacidos


La violencia contra las mujeres, de cualquier edad, sigue existiendo en todos los ámbitos de la sociedad, desde la familia al Estado. La Comisión de la ONU sobre la Condición de la Mujer, ha iniciado su 51ª sesión para debatir las medidas que puedan eliminar todas las formas de discriminación y violencia contra las niñas. El pasado mes de diciembre, un informe de UNICEF alertaba de que en Kenia el 30% de las niñas entre 12 y 18 años sufren explotación sexual. Existe un alto nivel de tolerancia para estas prácticas en la industria turística del país. La mitad de los adultos que abusan de las menores son turistas europeos, principalmente italianos, alemanes y suizos.


Si bien las manifestaciones de violencia contra las mujeres y las niñas varían de un contexto social, económico, cultural e histórico a otro, es evidente que sigue siendo una realidad en todas partes del mundo. Las investigaciones, los datos y los testimonios proporcionan pruebas escalofriantes. Esta violencia es inaceptable, ya sea perpetrada por el Estado y sus agentes o por miembros de la familia o extraños, en el ámbito público o en el privado, en tiempos de paz o de guerra.


El Fondo de Población de las Naciones Unidas ha hecho un llamamiento internacional para poner fin a la mutilación genital femenina, conocida como ’ablación’, que constituye una violación de los derechos humanos básicos, afecta a la salud y genera riesgos durante el embarazo, además de dejar cicatrices físicas y sicológicas. Se estima que la mutilación sexual afecta entre 120 y 140 millones de mujeres y que, cada año, tres millones de niñas están en riesgo de sufrirla.


España es uno de los países de la Unión Europea en el que las mujeres tienen mayores dificultades para acceder al mercado de trabajo y donde lo hacen en peores condiciones laborales y salariales. En una etapa de reducción continuada del paro y de la intensificación de la contratación indefinida, aumenta el desempleo entre las mujeres, confirmando, según la UGT, la persistencia de desigualdades estructurales, en cuanto a la situación de la mujer en el mercado de trabajo.


En Canarias, como en la mayoría de los índices socio-económicos de España, las mujeres tienen los menores salarios, un 21,3% más bajos que los de los hombres, menores pensiones e indemnizaciones por desempleo y encabezan las cifras de precariedad laboral y desempleo.


La UGT, con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, ha concedido los Premios 8 de Marzo a tres mujeres que han destacado por la defensa de sus derechos: Rkia Boumaa, por su infatigable defensa de la mejora de las condiciones de integración de la población inmigrante en la comunidad educativa; Raquel García Mateos, que ha participado activamente en la Sección Sindical de Alcampo-Vallecas (pidió una reducción de jornada para atender a sus hijas y poder conciliar la vida familiar y laboral, no se arredró por las negativas de la empresa y los tribunales y llegó hasta el Constitucional, que reconoció su derecho), y Yaye Bayem Diouf, por su lucha constante para conseguir una vida digna para las mujeres, madres, como ella, que perdió a su único hijo en un cayuco desaparecido en el trayecto entre las costas africanas y Canarias. Ha visitado nuestro país para sensibilizar a la sociedad española de las causas de la inmigración africana.


Comisiones Obreras ha reiterado su compromiso de promover la igualdad entre hombres y mujeres, aumentando la presencia de las mujeres en la representación sindical, promoviendo su participación en las mesas de negociación y llevando a la negociación colectiva medidas de igualdad en los sectores o empresas, reforzando las actuaciones contra la violencia de género y el acoso sexual.


Otro año más