’Apartheid’ y desobediencia civil
Justo Fernández Rodríguez
La desigual y cruenta lucha por la igualdad de derechos civiles en EE.UU. ha ido produciendo decenas de personajes que, por su lucha, constancia, valentía, sacrificio y ejemplaridad, se han convertido, en medio de millares de héroes anónimos, en líderes políticos o sociales, con repercusión e influencia más allá de las fronteras nacionales.
En ocasiones, se han convertido en referencia admirativa e, incluso, implicando una militancia solidaria para buena parte de la juventud del mundo, pese a las feroces campañas de descalificación, dirigidas y pagadas por los servicios secretos de los gobiernos de EE.UU.
Después de que el Congreso estadounidense aprobara un tributo sin precedentes en su honor, "para que los ciudadanos de los EE.UU. rindieran homenaje a esa gran estadounidense", en presencia del ex presidente Bill Clinton y de la senadora Hillary Clinton, miles de personas desfilaron ante los restos de Rosa Parks, fallecida a los 92 años el pasado día 24 de octubre, en Detroit, para rendir tributo a una de las precursoras del movimiento contra las leyes de segregación racial, en los Estados Unidos. Durante su mandato presidencial, Bill Clinton la había condecorado con la Medalla Presidencial de la Libertad.
Rosa Parks, con 42 años, era una mujer sencilla, sin afán de protagonismo. Modista de unos grandes almacenes, regresaba a su domicilio la tarde del 1 de diciembre de 1955. Como cada día, con gesto cansado, subió al autobús que la dejaría cerca de su domicilio, en las afueras de Montgomery (Alabama). Sabía que las leyes segregacionistas, promulgadas después de la guerra civil (1861-1865), destinaban las cuatro primeras filas de asientos exclusivamente a los pasajeros blancos; las cuatro centrales podían ocuparlas los negros, sólo si no lo hacían los blancos; tan sólo estaban reservadas en exclusiva para los negros las últimas filas.
Esa tarde, Rosa Parks decidió sentarse en las primeras filas. Un hombre blanco le pidió que se levantara y, ante su negativa, fue requerida por el conductor para que obedeciera, sin lograrlo. Fue detenida, encarcelada y multada con 14 dólares.
El día de su proceso, el 5 de diciembre, los negros comenzaron a boicotear los autobuses. La protesta duró 381 días, hasta que la Suprema Corte de Justicia dio el primer golpe contra el sistema racista implantado en una sociedad que presumía de democracia, declarando inconstitucional el apartheid público. Parks explicó su actitud diciendo: "Estoy cansada de ceder". Rosa Parks tuvo dificultades para encontrar trabajo en Alabama y Abajo un clima de hostigamiento y amenazas, se fue a vivir a Detroit, en 1957.
En la organización del boicot destacó un pastor baptista de 26 años. Más tarde, su fama recorrería el mundo y recibiría el Premio Nobel de la Paz, en 1964. Su nombre era Martin Luther King.
La lucha iniciada por Rosa Parks no ha concluido, pero en 1964 el movimiento creado a partir de su gesto de desobediencia civil culminó con la promulgación, por el presidente Lyndon Jonson, de la Ley de Derechos Civiles, que prohibió todo acto de discriminación en sitios y servicios públicos.
Años más tarde, otros nombres de luchadores negros cobraron actualidad, y algunos de ellos se convirtieron en símbolos de muchos movimientos de solidaridad, referencia de cantautores y efigies de una moda que se extendió por todo el mundo.
Martin Luther King, incansable luchador contra la segregación racial desde posiciones pacifistas, y Malcolm X, líder de los ’Musulmanes Negros’, que propugnaba la defensa de los derechos de la población negra desde postulados violentos, no tuvieron una gran proyeccion internacional hasta que fueron asesinados y sus figuras se agigantaron.
A finales de la década de los 60, el ’Poder Negro’ se convirtió, para muchos movimientos internacionales de izquierda, en una esperanza de cambios políticos en EE.UU., presidido entonces por un reaccionario como Richard Nixon.
Stokely Carmichael, Eldridge Cleaver, Boby Seale, George Jackson y Rap Brown, pertenecientes a los célebres ’Panteras Negras’, fueron los protagonistas destacados en la lucha de los negros estadounidenses contra el racismo y la segregación y los que soportaron el mayor acoso represivo, que llegó hasta el asesinato.
El máximo suceso propagandístico del ’Poder Negro’ tuvo lugar en las Olimpiadas de Méjico. Cientos de millones de espectadores de todo el mundo quedaron sorprendidos cuando Smith y John Carlos, primero y tercero en los 200 metros lisos, después de haber recibido las medallas de oro y bronce levantaron sus manos, cubiertas con guantes negros, mientras bajaban la cabeza para no mirar la bandera de los EE.UU.
Sin embargo fue Angela Davis, militante negra, cuya fama recorrió el mundo, la que provocó la movilización de millones de ciudadanos; la creación de miles de comités para su liberación y cuya imagen se podía encontrar en las calles de la mayoría de las grandes ciudades de todo el mundo, no sólo en los carteles pegados en fachadas y muros, sino en la imagen de millones de jóvenes que habían copiado su peinado ’afro’.
La bella profesora y militante del movimiento negro norteamericano había estudiado en la Sorbona, en el Instituto de Sociología de Frankfurt y en la Universidad de California, donde fue discípula de Marcuse.
Acusada, sin pruebas, de haber proporcionado armas a los revolucionarios negros encarcelados en la prisión californiana de Soledad, llegó a ser calificada por el F.B.I. como "enemiga pública de extrema peligrosidad". Dos meses más tarde, fue detenida en Nueva York. El juicio alcanzó enorme repercusión mundial y convirtió a Angela Davis en el símbolo del espíritu revolucionario.
En mayo de 1972, después de haber entregado miles de firmas en la embajada de EE.UU. exigiendo la libertad de Angela, me trasladé a la plaza de Santa Ana, en el centro de Madrid y, con otros compañeros, comencé a pegar carteles pidiendo su libertad. Fui detenido por la Brigada Político-Social y tuve que soportar un nuevo y "hábil interrogatorio" por parte del tristemente famoso comisario Conrado Delso, más tarde herido en el atentado terrorista de la calle Correo.
El 4 de junio de 1972, Angela Davis fue absuelta. El movimiento ’Poder Negro’, desapareció, con más pena que gloria y la propia Angela Davis, como ocurrió con Rosa Parks, se convirtió en un simple recuerdo para quienes tuvimos ocasión de participar en los movimientos de solidaridad que despertó su causa.
Aunque puedan viajar en cualquier asiento de un autobús, la segregación y la discriminación racial, solapadas, continúan existiendo en los EE.UU. de George W. Bush. Habrá que recordar la frase de Rosa Parks: "La libertad no es gratis".