Supra-valoración de la arqueología foránea
David
A. Fajardo Rodríguez
Ojeando la prensa dominical, concretamente los dos
periódicos coloniales que conforman el binomio informativo en Canarias, debo
confesar, que dos noticias me condujeron a un estado emocional bastante
contradictorio, por un lado, un estado de alegría y esperanza, por el otro
lado, un estado de indignación e impotencia.
A ese estado de elevada alegría, me llevó la noticia del
nuevo hallazgo arqueológico que confirma que Balos no está solo (aunque esto no
supone nada relevante, pues esta noticia ya la advirtió Renata Springer) dicha
noticia, por tanto, supone el engrosamiento de datos sobres los guanches, son
nuevos hallazgos que podrían producir nuevas teorías, o modificación de las ya
existentes; lo importante es que aumenta el número de estaciones rupestres,
aportando nuevos materiales para el estudio y la investigación.
La otra cara de mi estado anímico llegó, cuando leí
las contraportadas, pues se me atragantó hasta el trozo de bocadillo que tenía en el buche, cuando
leo que un grupo de científicos canarios viajan al Perú, a estudiar unos restos
arqueológicos de la cultura inca, como si aquí en Canarias no hubiese nada que
estudiar, o como si el patrimonio foráneo tuviese mayor importancia que el nuestro,
dejando entrever esa supra-valoración a la arqueología externa, llevándome a
comprender que hasta el sector arqueológico, está también afectado y
contaminado por esta patología de la infravaloración.
Y una lluvia de preguntas se acumulaban en mi mente,
entre ellas: ¿por qué estos científicos no se disponen a estudiar en
profundidad los nuevos hallazgos que componen Balos?,
¿Cómo se explica que los cabildos/gobiernos bequen al grupúsculo científico de
turno a estudiar la arqueología del quinto carajo y no promuevan
investigaciones o grupos organizacionales que exploren-investiguen-descubran
nuestro legado histórico?, ¿Cómo es que todavía ninguna institución de
investigación universitaria haya viajado a la península Ibérica para sacar el
polvo a los archivos almacenados en obispados o centros históricos, donde se
pueden hallar restos de nuestra lengua amazigh? ¿Es que no hay arqueólogos en
América latina, que se tienen que llevar a los nuestros?
Las preguntas se podrían multiplicar por cientos, pero
es curioso que una sola respuesta valga para contestar a todas, respuesta que
se reduce al hecho de que todo lo que
potencie el descubrimiento y, en consecuencia, conocimiento sobre nuestros hermanos aborígenes, despierta un
afilado sentimiento patriótico, que derivará en la aspiración de arrancar la
independencia. Es por ello que nuestro patrimonio arqueológico se encuentra
sumido en la indefensión, pasto del terrorismo y la expoliación, por ello no
dudo en que todo esto sea una treta para desviar la atención y sacar a los cuatro arqueólogos más validos
que tenemos en Canarias, mandándolos bien lejos y desviando sus intereses
científicos hacia otras culturas, cuando lo que debieran hacer es estudiar en
profundidad nuestro patrimonio, antes de que las rotondas, carreteras, centros
comerciales, especulación y su hermano capitalismo, destruyan los
yacimientos/cuevas/necrópolis/poblados… que nos quedan, como llevan haciendo
desde hace mucho tiempo, violando incluso, las leyes de protección del
patrimonio, y me viene a la cabeza esa frase de Cicerón que dice:
“Cuando los tambores hablan, las leyes callan.”
Que gran verdad se esconde tras estas palabras; no
dudaré en leer mañana los periódicos bajo los efectos de un prozac -por si
acaso- me encuentre otra noticia de ésta calaña y se me indigeste de nuevo el
bocadillo.
* Estudiante
de psicología.
Tamaran 23-07-07
Psicologia.clinica.uned@gmail.com