Asesores, políticos y sueldos

Juan Jesús Ayala

¿Escandalizarse? No creo. ¿Mirar para otro lado y asumir así que los políticos deben tener esos sueldos suculentos y que sus asesores, igual, para no ser menos? Puede que si, y que se llegue a la plena convicción que esto está instituido de tiempo y que a nadie debe coger de sorpresa y menos aun puede ser piedra de escándalo.

¿Cómo se llega a la política? ¿Quiénes llegan a los puestos de mando y gobierno? Es de sobra sabido que se llega a ella por el camino mas corto poniendo en práctica el adulamiento y el sobeo con el poder, lo que hace que muchos para tener la política como medio de vida, porque no han trabajado en otra cosa, a ella se apuntan con todo el descaro del mundo. Lo de menos es que estén o no capacitados. Piensan que todo el monte es orégano y que si están en la poltrona o a sus alrededores es porque se consideran personas estupendas y de superior valía.

Y su ignorancia, por otra parte, les hace ser atrevidos opinar de todo y ser capaz de estar inmersos en esta o aquella gestión. Que mas da. Y llegan los que están merodeando, los que se apuntalan en los puestos para que sean dóciles y no molesten a los que pretenden seguir en el machito, como así lo han hecho desde siempre; comenzaron de jóvenes y se jubilarán de viejos en la política.

Los sueldos de los políticos, de la mayoría, son de escándalo, para lo que hacen, para lo que gestionan es como una bofetada que se les da los ciudadanos en los dos carrillos y es como si inconscientemente se nos tomara el pelo. ¿Cómo es que personas que no han pasado por la universidad, y no quiere decir que esto sea fundamental, que nos les ha costado esfuerzo disfrutar de las mieles del poder no les de vergüenza que salga a la luz de la realidad lo que cobran cuando apenas, muchos de ellos, saben hacer la o con un canuto? ¿Cómo es posible que personas cualificas desde catedráticos de universidad o profesionales que pasan horas y horas sometidos a una presión a veces inhumana tengan sueldos de miseria comparados con los de muchos políticos que lo mas que han hecho es propiciar el desaguisado, estorbar y desenfocar la realización de los objetivos que se marcan.

Pero esto no sólo es lo más lacerante. Lo peliagudo es que muchos de estos políticos se atrincheran con una escudería de asesores que uno no sabe cual es la materia sobre la cual pueden asesorar y que ademas de tener su sueldo en otra actividad pública o privada tienen unas retribuciones que ya quisieran tener para si cualquier profesional cualificado. Y lo más esperpéntico de esta situación, desde la asesoría, es que no se les suba los colores a la cara cuando esta categoría (asesores) que ostentan es debida al amiguismo o al familiaje, desde luego nunca por capacidad indemostrada.

Con todo esto lo que se conseguirá es que la política se conduzca por el camino del desprestigio dado que para ejercitarla ya viene implícito que hay que tener esos sueldazos y lo que menos les importa, por desconocimiento, sea la gestión de la mediocridad mediocres puesto que considerándose asesores se creen unos superfenómenos. Si soy asesor por algo será, dirán.

Los asesores de la política y de los políticos tendrán que unirse para que con su inteligencia y, sobre todo, dedicación levanten del lodo a la política, ya que con su concurso se le dará el prestigio que le hace falta y se enaltecerá y se dignificará. Con todo ello los políticos dejarán de hacer sus labores porque ustedes, los asesores, serán ayuda inestimable para que las cosas rueden cada vez mejor en nuestros pueblos y ciudades, en definitiva en nuestras islas.

Entre la política cautiva de las asesorías se irán desentrañando las grandes cuestiones y los ciudadanos estupefactos verán como se les intenta meter gato por liebre y, se les dirá, que la dedicación del político es a pleno rendimiento y que todo lo que cobra aun es poco. Hay que cobrar más y, sobre todo, hay que aplaudirle por todo el esfuerzo que conlleva ese trabajo ímprobo que muchos de ellos, dicen, por lo que ya no aguantas más y van a abandonar. Cantinela que está uno cansado de oírla. ¿Hasta cuándo?