'En Canarias hace falta una auténtica revolución cultural'
Entrevista a Teodoro Santana
Poeta y articulista, Teodoro Santana es, desde octubre del 2004, el Secretario Nacional de UNIDAD DEL PUEBLO. Nacido en Gran Canaria en 1957, Santana pasó buena parte de su infancia en La Palma. Comenzó su militancia política bajo el fascismo en el Partido Comunista Canario (provisional), organización impulsora de Pueblo Canario Unido en 1977. Ha publicado libros de poesía como "Si me preguntas de dónde vengo" (1993), "Un buen día para morir y otros poemas funerarios" (1999), "Exopiélago" (2000) y "Manual de la Alegría" (2001). Desde hace unos años mantiene una columna todos los sábados en el periódico "La Provincia" bajo el epígrafe "Dragonalia". Sus poemas y cuentos han sido publicados internacionalmente, habiendo sido traducido al inglés, francés, italiano y japonés.
PREGUNTA: Tras más quince años alejado de la política, decides integrarte en Unidad del Pueblo. Dinos qué fue lo que te llevó a dar ese paso.
TEODORO SANTANA: En realidad nunca estuve alejado de la política, en todo caso de la política de partido. Desde que empecé a militar bajo el fascismo hasta ahora, nunca me he alejado de la política, de los artículos, de la elaboración y de la reflexión política. Con errores, claro, porque ninguno nacimos sabiendo. Y en esa reflexión estábamos una serie de compañeros, convencidos de la necesidad de un sujeto político, de un núcleo con capacidad de transformarse en un poderoso partido revolucionario. Empezamos trabajando en la Mesa para la Unidad Nacional, que creo que ha cumplido su papel, y poco después decidimos apostar por Unidad del Pueblo como ese núcleo para arrancar, para construir.
P: ¿Y por qué Unidad del Pueblo?
TS: Porque reunía varias características que hacían de esta organización algo diferente a lo habitual. En primer lugar, se trataba -se trata- de un destacamento netamente proletario. Eso es algo verdaderamente novedoso en Canarias, donde las organizaciones han estado dirigidas siempre por cúpulas procedentes de la burguesía. En segundo lugar, es una organización definidamente de izquierdas, que tiene claro que sólo desde la lucha del pueblo trabajador, desde sus objetivos de clase, se puede avanzar en la liberación de Canarias. Y, en tercer lugar, porque encontramos un destacamento político no contaminado por los vicios tan usuales entre la izquierda pequeño burguesa. Gente sana y luchadora, con mucho sentido común y un gran olfato de clase
P: Entonces, cual crees que ha sido el papel de los nuevos cuadros que se han sumado a UP?
TS: Bueno, lo primero es que hemos tenido que aprender y adaptarnos. Lo hemos hecho con mucha alegría, eso sí. Evidentemente, hemos aportado nuestra experiencia y nuestras reflexiones, que no son mejores ni peores, sino unas más. Y espero que hayamos traído pocos de nuestros defectos. Lo cierto es que, en muy poco tiempo, desapareció la diferencia entre los viejos y los nuevos militantes. Creo que estamos consiguiendo un buen estilo de trabajo, de integración de las virtudes y los valores de cada uno, y al final ya no se sabe lo que es aportación de unos o de otros. Empezamos a ser, de verdad, un intelectual orgánico. Todavía queda muchísimo por avanzar, ni que decir tiene, pero creo que éste es un nuevo tipo de partido en nuestra historia nacional.
P: ¿Y la Unidad?
TS: Nosotros hemos hecho los máximos esfuerzos por la unidad de toda la izquierda nacional canaria. Hemos ido puerta por puerta, aunque nos den muchas veces con ella en las narices. No cejaremos. Por otra parte, somos conscientes de que un proceso de unidad es reflejo del nivel de conciencia y madurez de los sectores más politizados de una sociedad. Y aquí ese nivel es terriblemente bajo, por no decir que raya en el más deplorable analfabetismo político. A veces, incluso, en puro y simple analfabetismo. Y lo que pretendemos es algo muy serio y muy difícil: no lo vamos a conseguir con dos consignas simplonas y con cuatro chorradas. En cualquier caso, nosotros trabajaremos por la Unidad. Un centímetro de unidad que consigamos es mejor que ninguno. Y, mientras maduran las condiciones para esa unidad, e incluso precisamente para que maduren, vamos a seguir trabajando en crecer y fortalecernos como partido nacional canario.
P: Se habla constantemente del bajo nivel de conciencia de nuestro pueblo... La verdad es que es algo que desanima a muchos.
TS: Yo lo veo al revés. Muchas veces el pueblo es el verdaderamente inteligente y nosotros los que actuamos de forma equivocada. Si no convencemos a la gente, algo estaremos haciendo mal. Por eso hablo de que no se puede avanzar con ideas simplonas y con actitudes de prepotencia o paternalismo respecto a nuestra propia gente. Necesitamos ideas poderosas, bien fundamentadas. Necesitamos cuadros bien formados, intelectual y políticamente. Y necesitamos poner en pie un discurso que plantee la soberanía nacional como opción de futuro, no como un capricho romántico. Es decir, como algo no sólo deseable, sino necesario. Si lo que ofrecemos es mercancía barata, incluso disparatada, la gente hace bien en pasar de nosotros.
P: Pero lo que planteas es un cambio de gran envergadura...
TS: Sí. Estamos hablando de una revolución cultural en Canarias. No en el sentido de la china, desde luego. Hablo de una verdadera revolución cultural, ideológica, organizativa. Si no obtenemos victorias en el terreno de las ideas, no podremos obtener victorias en el terreno de la política. Marx hablaba de que los proletarios debían hacer la revolución no solo para cambiar la sociedad sino, sobre todo, para cambiarse a sí mismos. De la misma manera, podemos afirmar que los canarios necesitamos la revolución no sólo para conseguir la independencia nacional y avanzar al socialismo sino, sobre todo, para cambiarnos a nosotros mismos. Y los primeros que tenemos que cambiar somos los propios revolucionarios. Si no estudiamos, actuaremos ignorantemente. Si no actuamos desde la reflexión, actuaremos a ciegas; si no nos organizamos sólidamente seremos una pandilla de colegas. Y el pueblo canario haría bien en no confiar en nosotros. De la misma manera, es imposible una identidad nacional basada en conceptos dispersos y mal fundamentados. La patria se construye como proyecto de futuro.
P: La cuestión es si eso es posible...
TS: Los canarios no tenemos ningún defecto congénito que impida que, de una vez, alguien empiece a hacer las cosas bien. En todo caso, la cosa no es si eso es posible, sino si es necesario. Y lo es: es la única forma. Tenemos que acabar con los métodos chapuceros. Y deshacernos de elementos lumpen, de indeseables, de agentes de potencias extranjeras (sea España, Marruecos, Estados Unidos o cualquier otra), de las formas atrasadas de hacer política. Podemos y debemos dejar atrás la imagen hippie de porro y taparrabos, de cháchara barata, de barbarie política. Tenemos que rescatar una Canarias de la cultura, del progreso y de la ciencia.
P: ¿Por ejemplo?
TS: Pues, por ejemplo, estamos permitiendo que el habla canaria se pierda cada vez más, con la imposición de localismos españoles, como el "vosotros", mientras que nuestra forma de la segunda persona del plural es la de la inmensa mayoría de los hispanohablantes. Ocurre en las dos universidades canarias. Ocurre en muchos colegios e institutos, donde el sistema de oposiciones impuesto por la Consejería de Educación trae a numerosos licenciados españoles en detrimento de los canarios. Ocurre hasta en la propia televisión autonómica. Lo señalo sólo como una pequeña muestra de un problema identitario y cultural más amplio...
P: Es la famosa endofobia, el desprecio a lo propio...
TS: Sí, lo cual es una prueba más de nuestra situación de colonizados. Por ejemplo, durante todo el siglo XX Canarias ha dado un conjunto de poetas de la más alta talla internacional: Alonso Quesada, Pedro García Cabrera, Agustín Millares, Rafael Arozarena, Carlos Pinto Grote, Pino Betancor, José María Millares, etc., etc. Su obra es un patrimonio cultural nacional que se desconoce. Y que desconoce, en general, el propio nacionalismo. Es como si durante quinientos años, entre los primeros canarios y nosotros, nuestro país no hubiese existido, no hubiésemos producido nada.
P: Lo cual dice mucho sobre la situación del campo nacional canario...
TS: Si queremos dirigir una nación, tenemos que trabajar en serio. Atraer a nuestro lado a los sectores más dinámicos y avanzados de la sociedad canaria, que son los que crean opinión, y no estar siempre templando gaitas con los sectores más atrasados, que espantan a nuestra gente, y con razón. No podemos permitir que quienes dicen tener nuestras ideas sean los más lajas del barrio, los más escaqueados en su trabajo, los peores estudiantes de su clase, los que no dicen sino disparates. Esto tiene que cambiar radicalmente. Necesitamos ser no sólo buenos, sino los mejores, los más serios. Hay que estudiar política, economía... Lo que tenemos por delante es una batalla muy difícil. Tenemos que prepararnos muy bien para estar a la altura. Es decir, tenemos que revolucionarnos.
P: Sin embargo, aquí se suele estar muy pendiente de experiencias políticas como los Verdes alemanes, o Ezquerra Republicana de Catalunya, etc.
TS: Lo que no deja de ser, en buena medida, otra manifestación más del colonialismo. En este caso, del colonialismo ideológico. Cuando no se desarrolla un pensamiento riguroso, que parta de la realidad nacional canaria, se copian modas de forma acrítica. Pero ni nos sirve el modelo del FLN argelino, ni el de los zapatistas, ni el de Batasuna, ni del de ERC. En el caso de ERC llama la atención su apoyo a la intervención militar española en Afganistán y Haití, o su respaldo cómplice a las continuas maniobras de la OTAN en Canarias. Tampoco vale el modelo de los Verdes, que además está plagado de elementos reaccionarios y, si no, ahí los tenemos en Europa apoyando el proyecto neoliberal. No podemos copiar por copiar. Y, además, no da resultado, y a las pruebas me remito. Hemos de poner en pie un proyecto nacional que una el pensamiento científico social más acertado y avanzado, el marxismo, con lo particular de la realidad canaria. Por eso insisto es que es necesaria una revolución de las ideas, una batalla cultural de largo alcance.
P: ¿Y el papel de los intelectuales en esa revolución de las ideas?
TS: En toda sociedad los intelectuales están con el pueblo o están con el poder. La situación de las universidades canarias, por ejemplo, es lamentable. No deja de ser una superstructura alejada del pueblo canario y de las necesidades de Canarias. Y la situación del conjunto del sistema educativo en Canarias es peor. A los intelectuales que se han vendido al establishment hay que denunciarlos. A los que, de corazón, están con la causa del pueblo, hay que exigirles que produzcan intelectualmente, que se comprometan. En cualquier caso, tienen que entender que no son divas ni primas donnas. Y que la organización, el trabajo organizado, es una necesidad. Si de verdad quieren servir al pueblo canario aceptarán esto. Si lo que quieren es brillar en política lo que no son capaces de brillar en sus respectivos campos, les diremos que no, muchas gracias. La clase obrera tiene sus propias fuerzas intelectuales y, en todo caso, a medida que avancemos, más y más intelectuales se pondrán de nuestro lado.
P: ¿Qué quieres decir con eso de que la clase obrera tiene sus propias fuerzas intelectuales?
TS: Que, afortunadamente, ya no estamos en la sociedad de hace cincuenta o cien años. Muchos hijos de trabajadores hemos podido hacer estudios universitarios. Muchísimas trabajadoras y trabajadores tienen acceso a libros, a Internet. Desde su puesto de trabajo, en muchas empresas, tienen una comprensión más cabal de la globalización, por ejemplo, que la mayoría de los economistas, porque mueven capitales y mercancías por todo el mundo. Esas tendencias deben ser potenciadas para depender menos de fuerzas intelectuales externas, que suelen ser vacilantes. Las compañeras y compañeros de Unidad del Pueblo, con sus trabajos sobre las aguas territoriales, sobre el tratado constitucional europeo o sobre la Reserva de Inversiones de Canarias [RIC], vienen demostrando cómo cuadros proletarios están haciendo los mejores análisis en la actualidad, muy superiores a la de los mejor reputados (y pagados) analistas burgueses.
P: ¿Y que hace un escritor como tú encabezando un partido como Unidad del Pueblo?
TS: En primer lugar, yo no encabezo UP. Mi papel es el de abrir las reuniones (lo de "bueno, vamos a empezar") y garantizar la dirección colectiva. Ni soy "el jefe", ni mis opiniones tienen más peso que la de nadie. En cualquier momento, cualquier otra compañera o compañero puede encargarse de esta responsabilidad. Y lo hará mucho mejor que yo. Puedo asegurar que nunca ha habido un partido tan democrático y participativo en nuestra tierra. Esperamos mantener viva esa tradición por mucho que crezcamos, e incluso mejorarla. Y, en cuanto a lo otro, aunque sea escritor, me tengo que ganar la vida como trabajador por cuenta ajena. Es decir, soy un proletario. Además, soy hijo de un chófer de los "coches de hora", y nieto de jornaleros y de campesinos pobres. No olvido lo que soy, ni dónde debo estar. Por eso soy militante de Unidad del Pueblo.