Autodeterminación,
el 68%
Mañana será
demasiado tarde
Juan Jesús Ayala
No es aquí. Canarias está lejos de esta
decisión, de ejercer este derecho como principio básico y fundamental de la
democracia. Ha sido en Euskadi. Una reciente encuesta de opinión referente a
la autodeterminación del País Vasco ha dado como resultado ese, que el 68%
está a favor de la autodeterminación.
Con este resultado, no cabe la menor duda que el
futuro político está más que garantizado. Y cuando digo futuro político pretendo
referirme a que la decisión de ese pueblo será la que domine; o sea continuar
siendo parte incontestable del estado español, considerarse como estado
asociado o sencillamente, ser independiente. Así las cosas, es lo mínimo que
se le puede pedir a aquellos territorios que han crecido política y
culturalmente; que ya no necesitan de tanto tutelaje enternecido y que al ser
mayorcitos de edad, lo único que pretenden es fijar las reglas de juego
encaminadas hacia una soberanía compartida o, simplemente, ir a unas nuevas
relaciones con el estado español.
Si miramos el mapa político canario tras las
pasadas elecciones, y lo leemos en clave nacionalista, tendremos que tener un
cierto desconsuelo al ver esta encuesta de Euskadi, sobre todo, al tener
perfectamente claro que aquí, en las islas, la gran mayoría de los votos
nacionalistas que se dirigen hacia el Parlamento vienen desde los respectivos
ayuntamientos regados por nuestra geografía.
Y si nos detenemos a pensar que en esos ayuntamientos,
la mayoría de los votos es voto a la persona de ese edil que lleva rigiendo los
destinos de ese pueblo durante años o votos cautivos pero no votos fieles al
nacionalismo, porque algunos de esos alcaldes que se titulan nacionalistas
están a años luz de lo que debe entenderse por nacionalismo y ser
nacionalistas. De ahí que es para sentirse envidiosos de esas cuestiones que
permanecen lejos de nosotros. Y la pregunta, la eterna y lacerante pregunta:
¿sé podrá algún día llegar a ese resultado? ¿Llegará algún día en que en esta
tierra florezca con fuerza la semilla de un nacionalismo consecuente? De un
nacionalismo sin tapujos, sin servidumbres y sin ambigüedades sino que esté
en la calle, en el corazón y en la mente de la mayoría de nuestra gente, sin
mediatización de esta o aquella isla y sin el poder que uno ejerce sobre otro.
¿Se podrá llegar a descarrilar el favoritismo y poner en liza el compromiso
político de un nacionalismo fuerte sin pseudoa-lianzas personales y que no esté cogido con pinzas?
Deseamos que sí, pero pronto, ya que mañana será
demasiado tarde.