Sobrarán autovías, aeropuertos y puertos
Juan Jesús Bermúdez Ferrer *
Tom Udall, Congresista del Estado de Nuevo Méjico en
Ya sabemos que el declive del petróleo afecta hoy ya a
54 de los 65 mayores países productores, y que el techo del petróleo, por
cuestiones físicas, se encuentra en una fecha en torno al 2005-2010, según
expertos geólogos (los informes que lo niegan no aportan evidencias geológicas
como hace hoy ASPO, sino estimaciones de “mercado” o los llamados “barriles de
papel”). Conviene tener en cuenta que tras el declive - que puede tener una
tasa inicial del 2-3% anual a partir del techo, con fases posteriores del 4-5%,
según expertos, el mundo dispondrá cada vez de menos energía para mover el
inmenso parque móvil forjado especialmente en las últimas décadas, las que han pertreñado la llamada globalización. No hay sustitutos
energéticos totales ante ese declive, porque el carbón o gas licuados - los
combustibles sintéticos - apenas aportan hoy el 0,1% de la producción
energética mundial diaria y tienen una eficiencia energética muy inferior a la
del petróleo; una cantidad irrisoria también en el caso de los llamados biocombustibles, cuya capacidad de extensión está muy
limitada por límites físicos de espacio para cultivar y la competencia con la
agricultura para la alimentación; y no podemos esperar que el hidrógeno, hoy
accionado en un 95% a través del gas natural, y que es un sumidero energético
y, por tanto, da pérdidas, venga a solventar en modo alguno el hueco creciente
que dejará el declive de la producción de petróleo mundial.
Es difícil asumir este escenario -de hecho,
directamente se niega, aunque para ello haya también que negar las evidencias
geológicas de las que nos vienen advirtiendo los expertos. Y uno de los
primeros sectores afectados será el del transporte mundial. La eficiencia cada
vez mayor que la ingeniería de los transportes ha conseguido en todos los
medios de transporte puede amortiguar, en una primera fase, el creciente coste
de los combustibles. Pero está llegando el momento en que habrá caídas en las tasas
de movilidad de personas y mercancías, concentración de líneas, subvención
creciente - hasta el límite de lo impensable y lo probable para los modos menos
eficientes, descensos ya perceptibles y crecientes de los índices de
matriculación de nuevos vehículos industriales y comerciales, problemas de
viabilidad para algunas compañías de transporte, encarecimiento de fletes y
billetes, etc. Influyen en este complejo escenario evidentemente el coste del
combustible -se ha multiplicado por tres en un periodo de cuatro años el precio
del barril Brent- y la más que previsible contracción
del consumo, derivado del encarecimiento del dinero y la desaceleración
económica, a su vez un reflejo, entre otros, de la llegada al techo energético
mundial.
Es de una gran inconsciencia seguir construyendo
nuevas infraestructuras de transportes en este escenario global de techo
cercano del petróleo, que augura subidas mayores del precio de la energía usada
para el transporte. Sin embargo, España y, en particular, Canarias andan
embarcadas en una nueva orgía de construcción de nuevas infraestructuras de
transportes. El Plan estatal y el Eje canario son el reflejo de la falta de
coraje de unos responsables públicos y una sociedad pasiva que es virtualmente
hoy incapaz de concebir otro escenario que no sea el del constante y alegre
crecimiento, en un planeta que no es infinito y que agotamos a gran velocidad.
El mito social de la nueva infraestructura, asentado tras décadas de
"progreso en la movilidad" tiene ante sí una enorme pared con un
letrero que reza: "este Planeta no puede seguir incrementando sus recursos
energéticos; es más, cada año dará menos". Habrá “unidad de Canarias”,
pero en el impacto cultural, en forma de incomprensión, que percibirán sus
habitantes, y que promete ser de órdago, porque a la mayoría social y del
escenario político le costará años entender que estamos viviendo en un Planeta
limitado y que entramos en el declive de la disposición de energía para
movernos, que cada año tendremos que moveremos menos nosotros, y se podrán
mover menos nuestros turistas...
13.000 millones de euros para construir nuevos
aeropuertos, puertos y carreteras, según los datos ofrecidos por el Gobierno de
Canarias. Mucho dinero urgente para otras necesidades que permitieran afrontar
mejor el declive, y todo ello para conseguir que el sector de la construcción,
intensivo en empleo temporal y en beneficios por obra concluida, mantenga su
vigor económico en las islas cuando se confirme el desinfle del sector de la
construcción residencial y turística. Una auténtica huida suicida hacia
delante, y una cifra multimillonaria para guardar en el baúl de los dislates.
El profesor de economía aplicada Roberto Bermejo, de
Mientras tanto, es conveniente pedir en voz alta la
paralización de los proyectos del Eje transinsular,
por derrochadores de recursos públicos, absurdos en un escenario de crisis
energética global y próxima contracción de la movilidad, y perjudiciales para
nuestro agotado suelo, que debería ser hoy totalmente excluido de seguir
llenándose de hormigón y asfalto. De lo contrario sobrarán, desde luego, las
nuevas autovías, pistas de aeropuerto y diques portuarios que se pretendan
construir.
*Juan Jesús Bermúdez Ferrer, es Presidente de Canarias ante la
crisis energética.