Aviso a navegantes (sindicales)

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Después de terminado el proceso de elecciones municipales y autonómicas se preparaba el crispado Debate sobre el Estado de la Nación, y los dirigentes del Partido Popular y sus terminales mediáticas incrementaban su campaña de falsedades y manipulaciones sobre el denominado "proceso" para terminar con el terrorismo etarra y la autoría del atentado del 11-M. Mientras, José María Cuevas, presidente de la CEOE desde 1984, anunciaba su retiro "por motivos de salud", por lo que podría entenderse que si no existieran esas razones, después de 23 años, hubiera continuado aspirando a dirigir el empresariado español.


José María Cuevas, en 1977, cuando Ferrer Salat lo llamó para iniciar los primeros movimientos para crear una patronal, teóricamente al margen del sindicato vertical franquista, era un alto funcionario del sindicato de artes gráficas. Fue jefe de Ayudas Universitarias del SEU, el sindicato franquista en la Universidad. Más que simpatizante de Alianza Popular, durante años, en silencio, fue el muñidor de grandes conflictos contra los gobiernos socialistas, hasta 1996, cuando Aznar ganó las elecciones. Según Toni Ferrer, secretario de Acción Sindical de UGT, "tuvo un activo papel en la salida de Hernández Mancha de AP, la vuelta de Fraga y, después, la elección de Aznar". Sin una participación directa, apoyó la conspiración que se gestaba desde El Mundo, la COPE y ABC contra Felipe González, y los pactos sindicales que parecían imposibles durante sus gobiernos se facilitaron a partir del triunfo de Aznar. Sin embargo, José María Fidalgo ha llegado a decir: "Debemos estar agradecidos por su larga y generosa entrega". Se le olvidó que tal entrega siempre estuvo orientada a favorecer los intereses empresariales y de los sectores políticos más reaccionarios. Llegó a reconocer haber "aprendido mucho" del presidente de la patronal. Cándido Méndez, secretario general de UGT, tampoco ahorró elogios: "Ha sabido interpretar correctamente las claves de cada situación y tender puentes".

Conocí a Cuevas. No nos teníamos simpatía alguna, aunque participé en algunas negociaciones en el llamado Palomar de Fabián Márquez para llegar a acuerdos sobre diversos problemas, que, cuando llegaban a su esfera de influencia, se estancaban, cambiaban de signo o se rechazaban en medio de la "comprensión" de los jerifaltes del nuevo sindicalismo libre.


Pero lo verdaderamente importante no es tanto la retirada de Cuevas como el nombramiento de su sucesor, Gerardo Díaz Ferrán, un ultraliberal en economía y de extrema derecha en política, con altas responsabilidades en la Cámara de Comercio y la Confederación Empresarial de Madrid (CEIM), dentro del círculo de influencias de Esperanza Aguirre y, en algunas ocasiones, compañero de cacerías de Álvarez Cascos.


Realmente no se ha cortado en las reiteradas declaraciones que han seguido a su elección. Cuando tomó posesión de su nuevo cargo declaró: "Se están rompiendo los consensos básicos que pueden dañar la unidad política y económica de España". Defendió que la CEOE mantenga "su independencia económica e ideológica". Convendría una aclaración sobre este último concepto, independencia ideológica. Pensé que en una organización tan amplia convivían distintas ideologías.


Con respecto a la empresa, también lo tiene claro: "Yo creo en la empresa privada. Las empresas públicas tienen que privatizarse, así como la gestión de todos los servicios públicos". "La libertad de empresa es a la económica lo que la democracia y los derechos humanos a la política". Los problemas económicos se solucionan con "más iniciativa privada, más mercado, menos intervencionismo, más desregulación y, desde luego, una menor presión fiscal". "La mejor empresa pública es la que no existe". Tampoco tuvo reparos en exponer su intención de "externalizar todos los servicios públicos". No olvidó sus preocupaciones por la unidad de mercado: "Las disparidades autonómicas restan competitividad. Eso hace que algunas empresas que podrían venir a España elijan otros países".


Díaz Ferrán apostó por el diálogo social. "He invitado a José María Fidalgo y a Cándido Méndez a seguir con este diálogo. Desde la CEOE haremos los mayores esfuerzos para seguir llegando a acuerdos. Los avances obtenidos contra la inflación, la conflictividad laboral y a favor de la creación de empleo deben consolidarse".

Propone otra reforma laboral: "El año próximo no sería malo que volviéramos otra vez a sentarnos y empezar a pensar en ver cómo podemos mejorar el mercado de trabajo en campos como la siniestrabilidad laboral, la plena incorporación de la mujer al trabajo, la formación de empresarios y trabajadores y la consecución de contratos laborales más estables y flexibles".


Al parecer, con desgana, los líderes sindicales han osado intentar acotar tal despliegue de ultralibelarismo reaccionario. El secretario general de CC.OO., José María Fidalgo, se ha atrevido a lanzar un aviso al nuevo presidente de la patronal CEOE. El líder de CC.OO. expresaba su esperanza en que los empresarios "hayan aprendido que el diálogo es mejor que la confrontación". Según él, "el último periodo de diálogo ha sido fructífero y espero que se haya tomado nota". Advirtió que CC.OO. no permitirá que España se convierta en un país de "puertas abiertas a la explotación" por la contratación de inmigrantes.


Pero no es esta la única amenaza que se cierne sobre los trabajadores. Hace unos meses, el presidente del Banco Central Europeo dijo que el Gobierno español debe acometer más reformas estructurales si quiere aumentar la productividad. La receta es la de siempre: aumentar la flexibilidad del mercado laboral; mejorar el sistema educativo; impulsar el progreso tecnológico y la innovación en las empresas. De todo eso, lo único que se intentará cumplir es la mayor flexibilidad del mercado de trabajo.


Por último, el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, advierte del elevado nivel de endeudamiento de las empresas españolas. Y, como todos los liberales, aunque tengan un disfraz socialista, aconseja al Gobierno una nueva "reforma laboral, con una mayor flexibilización del mercado de trabajo, con paz social; mayores rebajas del impuesto sobre la renta y en sociedades e, incluso, reanudar el proceso de privatizaciones parado en 2000".


Una vez más, ante el silencio de la cúpula de UGT, se produce la reacción de CC.OO., considerando "rechazables las declaraciones del gobernador del Banco de España". "Las empresas españolas continúan contando con la ventaja competitiva de los costes laborales a la hora de competir con las empresas europeas, mientras los beneficios empresariales pueden poner en riesgo el esfuerzo de los salarios en materia de inflación".


Todo esto viene a adelantar los desafíos sindicales para el próximo otoño. Esperemos que las organizaciones sindicales resistan la ofensiva reaccionaria que nos espera. Sería lógico informar a los trabajadores, por si tuvieran que reaccionar...