Un ’ex’ que no nos merecemos

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Aznar ha estado en Canarias, para apoyar las candidaturas del PP y, especialmente, a su sosias, José Manuel Soria, no solo físico, sino ideológico. Pocas novedades en su discurso. Con su melena de progre-retro de los años 70, elogió la política, más que discutible, de los gobiernos del PP con Canarias. Lanzó críticas feroces al "peor Gobierno y al peor presidente de la Historia de España". Como un deseo o una amenaza, sentenció: "O se cree en España o se debe dejar el Gobierno". No sé a qué España se refería. ¿A la actual o aquella otra de "Una, Grande y Libre"?


Hace una semana, Hugo Chávez, el charlatán presidente de Venezuela, respondiendo a las críticas que le dedicaba en sus conferencias por distintos países, calificaba a José María Aznar de "fascista que ademas apoyó el golpe" de abril de 2002, alguien "de la calaña de Adolfo Hitler", "un verdadero lacayo de Bush". Aunque, tales declaraciones merezcan una repulsa general, hay que reconocer que algunos ex presidentes, como Vicente Fox (México), Alejandro Toledo (Perú) y el propio Aznar se esfuerzan, previo pago, en defender el sometimiento de América Latina a los intereses económicos estadounidenses, arremetiendo contra todo intento de emancipación en defensa de intereses nacionales largamente sometidos por gobiernos satélites o dictadores sanguinarios.


Es más, obviando sus responsabilidades como ex presidente, Aznar, rezumando el rencor acumulado desde la derrota electoral del 14-M, ha criticado reiteradamente, en conferencias pagadas, al Gobierno democrático y legítimamente elegido por los españoles. Ha criticado duramente la política antiterrorista del Gobierno actual y los intentos de negociación, olvidándose de que cuando él negoció con ETA los socialistas lo apoyaron a tope, sin exigir responsabilidades cuando fracasaron las negociaciones y se reiniciaron los asesinatos. Y eso lo hace un personaje que, insólitamente, denominó a una banda de asesinos como Movimiento de Liberación del Pueblo Vasco. Aznar se viene pronunciando, reiteradamente, por la guerra, en lugar de por el diálogo y la Alianza de Civilizaciones, propuesta por Rodríguez Zapatero y apoyada por la ONU.


Bush, después de imponer su particular "eje del mal" y decidir invadir Irak, porque era un peligro para el mundo, por sus "terribles" armas de destrucción masiva, convocó en las Islas Azores, a Tony Blair y José María Aznar, que no dudaron en sumarse a las mentiras, engaños y manipulaciones del mandatario estadounidense para justificar una invasión ilegal de Irak, que ha significado una auténtica masacre de la población civil, la destrucción de un país, la huida de dos millones de civiles iraquíes, la instalación del terrorismo islamita donde no existía y un alejamiento sideral de cualquier aproximación a la democracia prometida. El transcurso del tiempo y la evidencia de las falsedades argumentadas han servido para que, los tres farsantes de las Azores hayan pagado, políticamente, sus reponsabilidades en la aventura bélica contra Irak, que buscaba el gran negocio de la reconstrucción y el control de las segundas reservas petrolíferas mundiales.


El Partido Popular y el candidato designado por Aznar, Mariano Rajoy, sufrieron una derrota electoral el 14 de mayo de 2004. Tony Blair, unos días antes de su anunciada retirada, ha padecido un traspié importante, en las elecciones regionales de Escocia y Gales, que, traducidas a nivel nacional, significarían el triunfo de la derecha, con un 41% de los votos, mientras que los laboristas apenas alcanzarían el 27%.


George W. Bush, después de la derrota en las elecciones al Senado y la Cámara de Representantes, ha caído en los niveles mas bajos de popularidad de la historia. Solo un 28% de los ciudadanos aprueban su gestión, el nivel más bajo desde Jimmy Carter en 1979.


Un informe del Departamento de Estado de EE.UU. sobre terrorismo en el mundo señala que, en 2006, el terrorismo mundial ha crecido un 40%, especialmente, por el conflicto de Irak, donde las facciones resistentes a la invasión están cada vez más comprometidas con la violencia terrorista como un modo de expulsar a los invasores extranjeros.


Sobre Aznar, su talante autoritario -que, lógicamente, viene de su ideología joseantoniana-, lo llevó a imponer, por decreto, en mayo de 2002, apoyado en su mayoría absoluta, una reforma laboral que facilitaba el despido y reducía la protección por desempleo, al margen de la negociación con los sindicatos, que se vieron obligados a convocar una huelga general (20-J) cuyo éxito pretendió ser ignorado por el Gobierno, con la colaboración de algunos medios de comunicación a su servicio y la inapreciable complicidad de RTVE y los telediarios que presentaba Urdaci. Cinco años después, el denominado decretazo que provocó una huelga general, con graves perjuicios para la economía nacional, fue declarado contrario a la Carta Magna por el Tribunal Constitucional.


De cualquier forma, si la credibilidad política de Aznar ha caído verticalmente, su situación económica se ha visto recompensada por su complicidad en la invasión ilegal de Irak. El potentado Rupert Murdoch, que puso su imperio mediático al servicio de las ambiciones bélicas de Bush, defendiendo la masacre cometida en Irak -invitado por Aznar a la espectacular boda de su hija-, lo ha designado miembro del consejo de administración de News Corporation, uno de los mayores gigantes mediáticos mundiales (prensa escrita, televisiones y radios de todo el mundo). Naturalmente, se trata de pagar los servicios prestados. Rupert Murdoch también ha prometido al primer ministro británico, Tony Blair, fervoroso defensor de la masacre de Irak y a punto de abandonar su cargo, otro puesto en el consejo de administración de News Corporation.


Hace unos días, Jose María Aznar recibía la medalla de honor de la Academia del Vino de Castilla y León. Aparentemente, después de haber bebido suficientemente, botella en ristre, se cachondeó de las medidas adoptadas por el del Gobierno contra el consumo excesivo de vino o grasas y de las campañas de la Dirección General de Tráfico para evitar los accidentes. Ante el cartel de la DGT advirtiendo a los conductores que "no podemos conducir por ti", el ex presidente del Gobierno, buscando un aplauso fácil, que obtuvo en medio de muchas botellas de vino, decía: "¿Y quién te ha dicho que quiero que conduzcas por mí?". "A mí no me gusta que me digan no puede ir usted a más de tanta velocidad, no puede usted comer hamburguesas de tanto, debe usted evitar esto y además a usted le prohíbo beber vino".


Un libro, publicado en 2001, por José Díaz Herrera e Isabel Durán, ya alertaba de los criterios de Aznar sobre seguridad en carretera. "Sus compañeros de partido temblaban cada vez que les pedía que fueran a recogerle a Madrid". "En esa época no había viaje que no le parara la Guardia Civil por exceso de velocidad. Luego el partido pagaba las sanciones".


Lo que no dijo es que el 40% de las muertes que se producen en las carreteras españolas se deben a la velocidad y el alcohol. Y este personaje ha estado ocho años dirigiendo España...