Balance del nacionalismo actual
Juan Manuel García Ramos
Las diferencias y los enfrentamientos más feroces entre personas o grupos se suelen dar entre personas o grupos que luchan por ideales muy parecidos. En el fondo de esas graves discrepancias, late simplemente un problema de interpretación de las ideas por las que unos y otros se movilizan.
Muchas veces me he preguntado si en el espacio nacionalista canario no se estaría produciendo un fenómeno como el descrito antes y si la cantidad de organizaciones políticas que hoy se mueven en ese ámbito ideológico no derrochan más celo por darle prioridad a lo que las separa a unas de otras que a lo que pudiera vincularlas.
Ese efecto de desgaste recíproco ya acabó, en la legislatura 1979-1983, con el laboratorio que significó UPC, Unión del Pueblo Canario, y con todos los partidos y movimientos que integraron esa unidad nacionalista de izquierdas. Sé por muchos de los dirigentes que estuvieron comprometidos en esa causa, de los innumerables enfrentamientos que se dieron en su seno, de las heridas abiertas en ese tiempo por asuntos ideológicos nimios, de disputas radicales aún hoy no superadas.
Sé incluso de un protagonista de esos años de celebración nacional canaria que fue amenazado de muerte por uno de sus viejos socios y tuvo que salir del Archipiélago hasta que sus adversarios recobraran la cordura perdida y echaran tierra a lo sucedido -no precisamente sobre la tumba del amenazado, por fortuna-.
El peor odio es el odio entre hermanos: tampoco descubrimos la pólvora con esta afirmación.
Después de UPC, el movimiento más relevante en el campo nacionalista ha sido, sin duda, el de Coalición Canaria, tras el breve apogeo de lo que fueron las Agrupaciones Independientes de Canarias, las AIC, fundadas en Betancuria en 1985, aunque estas últimas representaran un nacionalismo algo más tímido que el puesto en circulación por CC en la primavera de 1993.
Y doce años después de CC tomar el poder en el Gobierno de Canarias, con el apoyo coyuntural -cada vez queda más demostrado ese hecho coyuntural- de treinta y un votos de partidos no centralistas, el espectáculo de la fragmentación de las fuerzas nacionalistas es hoy, si cabe, mucho más desolador de lo que ha sido nunca antes.
La unidad nacionalista lograda en ese año de 1993, dejando aparte las opciones independentistas, como el MPAIAC de Antonio Cubillo o el Frepic Awañac, por el que tanto luchó Francisco Javier González, para ver luego cómo se lo arrebataban manos extrañas; la unidad nacionalista de los treinta y un votos que censuraron a Jerónimo Saavedra en 1993 ha saltado echa pedazos y hoy tenemos que reconocer que hay más organizaciones nacionalistas fuera de Coalición Canaria que dentro.
¿Qué ha podido pasar para que las cosas tomaran este rumbo de atomización y desencuentro? Desde la misma Coalición Canaria, se invocan los personalismos, también las ambiciones de poder o la preferencia por las cabezas de ratón antes que por las colas de león.
Lo cierto es que desde 1993 se han desvinculado de Coalición Canaria los siguientes partidos políticos: IF, PIL, PNC, CCN, IGC, AGI, la ICAN de Román Rodríguez, Carmelo Ramírez y José Mendoza, PNL.
Y después del III Congreso de Coalición Canaria, cuyo cometido primordial era su conversión en partido único, las posturas de AHI y AM dejan mucho que desear al respecto y colocan a estas organizaciones en una extraña órbita de satelización de CC, es decir que, a ciencia cierta, no sabemos si están hoy más dentro que fuera de ella.
Por lo tanto, de la vieja unidad de 1993 convertida hoy en partido único, o en vías de ese proceso, contabilizaríamos tan sólo a ATI, a API y a un sector de ICAN liderado por José Carlos Mauricio.
¿No es un triste balance, por mucho que se quiera enmascarar con la bandera tricolor con siete estrellas verdes? ¿No habremos fracasado todos un poco: los que nos hemos ido del proyecto y los que han terminado por hegemonizarlo a la baja?
¿Cuáles han podido ser las razones que han marrado la empresa de 1993?
Este escriba tiene su teoría al respecto y no quisiera sino ofrecerla para propiciar un debate necesario entre -todas- las fuerzas mencionadas.
Si el movimiento de aglutinación nacionalista que se da en Canarias en torno a 1993 tuvo como detonante la falta de sensibilidad del ministro Solchaga y de su correligionario Saavedra por la tramitación de nuestro Régimen Económico y Fiscal ante Bruselas, y se conformó con un programa de acción que puso sobre la mesa por primera vez un catálogo de objetivos nacionalistas contenido en el discurso de censura de Manuel Hermoso al anterior presidente de la Comunidad; si ese movimiento de aglutinación nacionalista no sólo significó la toma del poder y las mieles consiguientes, sino que puso orden en los idearios de cada uno de los partidos firmantes de esa nueva singladura y jerarquizó estrategias y tácticas ante una meta común, con el paso de los años se pudo ir comprobando que nadie ponía rumbo a la nave de CC y que los fines propuestos en 1993 no eran defendidos con sinceridad por ninguno de los altos dirigentes de la Coalición.
Yo me atrevo a decir ahora sin temor a equivocarme que después de doce años de gobierno de Coalición Canaria no se ha conseguido ni uno solo de los objetivos planteados en los textos programáticos de 1993 y, vuelvo a recordarlo, no sólo planteados en los textos fundacionales de Coalición Canaria, sino luego contemplados en el Estatuto de Autonomía de 1996.
¿Para qué hablar otra vez de asuntos de ese articulado como la Policía autonómica, la delimitación de nuestras aguas oceánicas, el control de trabajo y residencia de foráneos en Canarias, nuestra presencia en foros internacionales donde se debatieran problemas que nos atañeran, la redacción de una ley electoral digna, el diseño de un modelo económico no tan precario como el actual?
¿Y quién o quiénes no han hecho el menor esfuerzo por impulsar todos esos objetivos?
También tengo mi propia respuesta a ese interrogante.
Es fácil: ha sido la cúpula dirigente de ATI, la organización más fuerte en Coalición durante los doce años de mando en plaza, la que se ha encargado de desdibujar todo ese trabajo, la que se ha encargado del "sí pero no", "ahora no conviene", "las encuestas dicen", "que Victoriano haga una proposición no de ley en el Senado", "nuestro pueblo no está por esas cosas".
La ambigüedad de esa cúpula dirigente de ATI ha sido la que ha inoculado toda la inacción ideológica de CC, apoyada, también, por la no menor ambigüedad de los dirigentes de API y por el clientelismo sordo de esa parte de ICAN que ahora ocupa parcelas de poder con las que nunca soñó.
¿Y qué cabe hacer ahora?
Pues ir a los textos fundacionales del proyecto de 1993 y retomar los deberes aparcados. Y eso no lo va a acometer los restos del naufragio de CC ahora enmascarados con las estrellas ajenas. Esa tarea tendrá que hacerla un nacionalismo alternativo con vocación de articular a esta tierra nuestra desde lo institucional a lo económico, desde lo social a lo cultural.
¿Podremos antes del 2007 encontrar las alquimias de confluencia política para hacer esto posible?