“¿Qué significa esa bandera,

que os vais a independizar?”

 

Francisco P. De Luka 

 

Esa fue la angustiosa pregunta que por teléfono hacían repetidamente desde la Metrópoli española cuando en el balcón del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se desplegó la bandera nacional de las siete estrellas verdes, a raíz del histórico triunfo de la UPC (Union del Pueblo Canario) en las elecciones de 1979. Al alcalde Bermejo, elegido democráticamente, le dieron los sociolistos canarios una patada en el trasero meses después al romper el pacto y apoyar una moción de censura de la UCD. El alcalde dimitió dignamente antes de tener que pasar por ese vergonzoso y traicionero trance.

 

 Y es que, desde siempre, aparte de la pérdida de algunas colonias del Imperio como Cuba y Filipinas a fines del siglo XIX, en la época en que Secundino Delgado reclamaba la soberanía del Archipiélago, la bandera nacional canaria ha sido el mayor motivo contemporáneo de preocupación de todos los partidos españoles (de derecha, de centro y de izquierda). Ya desde su creación en 1964 por el MPAIAC en el exilio, los gobiernos metropolitanos de la época comenzaron a recelar de la enseña que en la década de los setenta representó una gigantesca eclosión popular como símbolo de resistencia, descolonización e independencia. Decir bandera o enarbolar la bandera tricolor de las siete estrellas verdes (akenyal n sa yetran izegzawen) era, es y será para los españoles y sus lacayos en las islas, sinónimo de  “peligrosa” libertad de Canarias. Es una obsesión y una fijación que penetra amenazadora en el subconsciente de cualquier godo o infragodo isleño. Es el “separatismo”, sin tener en cuenta que ya estamos separados por miles de kilómetros. Es la oposición y la negación de España como potencia colonial y es, se quiera o no, la dimensión norteafricana y no europea del pueblo canario, además de su indudable formato republicano.

 

Todavía recordamos, hace unos 15 años más o menos, la frustración y la rabia contenida en el rostro de algunos dirigentes laguneros del PSOE cuando decenas de banderas nacionales canarias ondeaban en la Plaza del Cristo de Aguere, en un histórico concierto del grupo Taburiente con motivo de las fiestas de la ciudad.

 

El verde africano de las siete estrellas, que representa la naturaleza y el color de la esperanza de nuestro continente y de las islas adyacentes, es lo que fastidia en el fondo a los españoles y a los pro-españoles canarios, sociolistos o no, que siguen practicando el “divide y vencerás” con el insularismo desde Gran Canaria a Tenerife o viceversa, con la descarada judicialización unilateral de la política en época electoral, aprovechando la corrupción imperante. Y, de paso, eliminar a los nacionalistos de CC que, entre otras cosas, han asumido la bandera nacional canaria. Ahora, el objetivo a batir es Coalición Canaria ¿en el fondo, porque asumió la bandera de forma oportunista?. Vaya usted a saber. Y nos preguntamos: si esto hacen con un partido canario “moderado” ¿qué harían con un partido “radical” que llegara al poder? ¿Aplicarían la tan cacareada “democracia” europea y bla, bla, bla, o nos cortarían el cuello? La manifestación del 29-O, al margen del carácter “racista y xenófobo” que, aparte de algunos otros, desde los sectores españolistas se quiso utilizar como una clara cortina de humo, supuso un punto de inflexión, un antes y un después. A Madrid llegaron los ecos de los cientos de banderas tricolores enarboladas  por el pueblo canario llano que no entiende de política, en una convocatoria organizada por colectivos nacionalistas próximos a CC y en la cual se gritaba aquello de “fuera esa bandera, esto es Canarias”, cuando una intrusa quiso penetrar en la multitudinaria manifa con la rojigualda :– “Ostias, tú, eso es demasiado: ¿qué coño está pasando en las islas?”.

 

El “problema” que se sigue planteando, y que sigue preocupando seriamente a TODOS los partidos españoles, es que nuestro pueblo ha asumido la bandera, hoy, a principios del siglo XXI, a pesar de todos los pesares y mal que les pese a los sociolistos y demás cohortes isleñas. Si por ellos fuera, y no constituyera un escándalo a nivel popular por la raigambre actual entre nuestra gente, los socialistas declararían “ilegal” la bandera de las siete estrellas verdes por “anticonstitucional”. No pudiendo hacerlo, por ser demasiado descarado, toman diversos caminos indirectos: la pegatina de la bandera en los automóviles de las islas sigue siendo algo “sospechoso”; la bandera nacional que en su día colocó Dimas Martin en el Ayuntamiento de Teguise resultó un “escándalo” a niveles del poder colonial, al margen de las irregularidades jurídicas que no dudamos hubiera cometido el personaje. Es decir, no se las perdonaron a él, un líder nacionalista  que arrastraba a las masas. Hace ya unos años, parece que no gustó demasiado en muchos sectores isleños del PSOE la eliminación definitiva del paso del Pendejo de la conquista por las calles de Santa Cruz ordenada por Miguel Zerolo, a instancias de las valientes protestas del CNC, cosa que aún no ha hecho Ana Oramas en Aguere, accediendo a restituir el paseo militar del Pendejo por las calles laguneras, con el beneplácito de algún dirigente local del PSOE que ratificó su acendrada españolidad.

 

Volviendo a 1980, el sucesor de Manuel Bermejo, el socialista Rodriguez Doreste, en un supremo alarde de patrioterismo le hizo un sonoro homenaje a la bandera española en el Paseo Marítimo de Las Palmas de Gran Canaria, en señal de desagravio a la Metrópoli desde el territorio colonial canario.

 

A partir de esa fecha se comienza a producir el definitivo declive del nacionalismo canario de masas, de izquierda, consecuente y anticolonial, que coincidiría tiempo después con la aparición de la rueda de esteple del colonialismo español en el Archipiélago, representado por las AIC y ATI, a nivel de Tenerife. La aprobación de la normativa estatutaria de Canarias a partir de 1982 establece el punto de partida y asegura la vinculación institucional del Archipiélago con la Corona española.

 

El PSOE es el mayor enemigo del nacionalismo canario, sin lugar a dudas. Dirigentes de este partido español influyeron  ante el gobierno argelino en la definitiva clausura de la Voz de Canarias Libre en Argel, emisora oficial del MPAIAC, y que en muy buena parte influyó en la toma de conciencia nacional del pueblo canario que desembocó en el triunfo electoral de UPC.

 

El origen de la Unión del Pueblo Canario, partió de un núcleo inicial cuyo principal componente era Pueblo Canario Unido, formación de izquierda que preconizaba la autodeterminación y la independencia. Se puede decir que fue el elemento verdaderamente nacionalista de la futura UPC. En 1979, a fin de reforzar la opción de la izquierda nacionalista y presentarse a las elecciones, se sumaron Asamblea Canaria, Partido Socialista de Canarias y el Partido de Unificación Comunista de Canarias (PUCC), para formar UPC. Con la ofensiva colonialista contra UPC, tanto en La Laguna , cuyo alcalde Pedro González colocó la bandera nacional canaria en el Ayuntamiento, como en Las Palmas, se fue debilitando la Coalición hasta desaparecer definitivamente.

 

Muchos piensan que la incorporación de estas tres organizaciones desvirtuó en cierta medida el sentido anticolonial de la formación, por la infiltración de elementos españolistas de izquierda. Por otra parte, la alianza del PCE (sus restos son la IU actual) con la burguesía canaria en contra del proyecto independentista canario, ejerció una fuerte presión en tal sentido, frustrando el proyecto que en aquellos finales de los años setenta ilusionaba a nuestro pueblo. El atentado por parte del Estado español perpetrado en la figura de Antonio Cubillo en Abril de 1978, cuando se dirigía a la sede de la ONU a tratar la descolonización de Canarias ante el Comité de los 24, supuso un revulsivo en la sociedad canaria que reaccionó de forma decidida y resuelta. Una sociedad genuinamente canaria en la que los foráneos estaban representados mayoritariamente por los colonos españoles, en aquellos años totalmente atemorizados por el clima polítco y que impulsaba a muchos de ellos a vender sus negocios y casas y tomar el primer barco o avión rumbo a su país de origen.

 

Han pasado 25 años, desde esa histórica época. Al margen de breves paréntesis electorales totalmente frustrados, este cuarto de siglo no ha servido para llegar al objetivo de la independencia nacional. El pueblo canario se ha ido aburguesando por los cantos de sirena coloniales. Es hora ya de dejarse de alternativas, sisepueden, sihayalternativas, nohayalternativas, verdes, azules, uniones ciudadanas, etc., y los independentistas y los preindependentistas, que los hay en cantidad aunque frustrados, silenciosos y cabreados, acometer de una vez por todas una confluencia nacional de fuerzas independentistas y progresistas canarias a través de la UNIDAD total, absoluta y desprovista de protagonismos estériles que atomizan y rompen en mil pedazos las ilusiones de nuestro pueblo. Unidad nacional urgente, unidad de concentración nacional por encima de ideologías. Ya hay compañeros de Gran Canaria que proponen este proyecto a través de una ALIANZA  NACIONAL CANARIA que conecte con todos los sectores productivos de nuestra sociedad, exceptuando claro está la oligarquía isleña, con nuestra gente noble y honrada, que acometa los problemas sociales, de corrupción, medioambientales y ecológicos, con el claro objetivo de la autodeterminación, la descolonización y la independencia.