Cuando las barbas de tu vecino veas pelar...
Jesús Lavín
París arde ¿Y por qué? Cuando, una vez consolidada la Operación Overlord -también conocida como Desembarco de Normandía- los aliados avanzaban sobre París, el ya bastante demenciado Hitler ordenó el minado y voladura de todos los puentes sobre el Sena. La responsabilidad de esta misión recayó en el gobernador militar del Gran París, general von Choltitz. A esta voladura seguiría una lluvia de V-l, afirmo el déspota alucinado.
El 25 de agosto de 1944, al enterarse el führer de que las vanguardias aliadas -por cierto, con soldados republicanos españoles a la cabeza- estaban ya en la ciudad, hizo la celebre pregunta ¿Arde París? Afortunadamente, el general alemán hizo caso omiso de la delirante orden y París se salvó de una tremenda devastación.
Hoy, muchos años después de que acabase aquella terrible guerra y con la pesadilla de aquellos totalitarismos sumida en las cloacas de la Historia, la llamada poéticamente Ville Lumiére, está ardiendo; las llamas iluminan los cielos de los suburbios mientras los desordenes y la destrucción se suceden con alarmante gravedad. El tan recordado, y por no pocos mitificado, mayo del 68, en comparación con lo de ahora no pasa de ser una bronca finisemanal de estudiantes descontentos, la mayoría de ellos resuelta en orondos burgueses hoy día.
Buena les ha caído encima a Chirac, Villepin y Sarkozy, al fin y al cabo, herederos de años de ignorancia y abandono hacia el cada vez más creciente sector social de la inmigración marginal. A ver como manejan ahora la situación desde el innato cartesianismo de las clases dirigentes francesas, egresadas de las aulas de la exclusiva y ultraclasista ENA. Contra la rabia y el descontento, mayormente de los norteafricanos marginados de segunda generación, situación a la que el fundamentalismo islamista parece no ser ajeno, de poco van a valer las políticas de ignorancia del problema seguidas hasta ahora. Y lo malo es que las terribles revueltas callejeras en el banlieu de la capital gala, el vandalismo desatado, podrían hacer -de hecho ya lo están haciendo- metástasis en otras metrópolis francesas y europeas, con núcleos marginales similares, o incluso sin ellos. Esta vez si que arde París, pero ¿podrían hacerlo Londres, Berlín, Roma o incluso Madrid o Barcelona?
Las causas del mal son sobradamente conocidas y Europa toda haría bien en poner manos a la obra sin pérdida de tiempo. Hay que atajar el mal y su posible expansión. La intifada urbana está en marcha y ahora toca a los dirigentes mover ficha; y mas vale que afinen al máximo, que para eso cobran. La cosa esta que arde y ya se sabe: cuando las barbas de tu vecino veas pelar...
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S.C. de TenerifePublicado en
La Gaceta de Canarias, 11-11-2005