Barreras electorales antidemocráticas y
coloniales
Álvaro
Morera
Con el censo electoral actualizado
e índices de participación similares a los de 2003, un diputado en Gran Canaria
o Tenerife por la vía del 30% de la circunscripción insular necesita obtener
124.886 votos y 118.887 votos, respectivamente. Así como en Lanzarote: 13.500
votos; Fuerteventura: 10.258 votos;
¿Qué formación independentista
o nacionalista de izquierdas de las que se presentan puede superar tal
antidemocrática y colonial barrera?
Parece que las experiencias
electorales pasadas no se guardan en la memoria.
Todo lo anteriormente narrado,
que es verídico y constatable, causó la indignación
de los militantes independentistas, que se propusieron no participar en más
pantomimas electorales hasta que desaparezcan las antidemocráticas y coloniales
barreras electorales y se garantice la libre participación popular sin
intimidaciones, y con observadores internacionales.
La antidemocracia electoral no
termina ahí; los partidos españolistas y sus adláteres
no se contentan con sus multimillonarias campañas electorales, acaparando con
su dinero y con su influencia o las de los empresarios patrocinadores, -por
decirlo de alguna forma- todos los medios de comunicación habidos y por haber;
enormes y ostentosas pancartas y cuantiosa publicidad desde meses antes de la
fecha de la campaña electoral, sino que, además, el sistema electoral que año
tras año han ido acomodando a sus intereses, les reserva su participación
abusiva en los medios de TV y Radio y espacios públicos, dejando para los
partidos que no obtuvieron representación en las elecciones anteriores o que se
presentan por vez primera las migajas o se les niega participación alguna. El
colmo del abuso antidemocrático es que, por ejemplo, en municipios como Las
Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, sólo se les asignan, por
Cuestión aparte son las
elecciones a los Ayuntamientos y a los Cabildos. Aquí la obligación de todos
los independentistas es la de votar por los partidos y coaliciones independentistas
y, sobre todo, a las que, de una manera u otra, en sus programas mencionen la
descolonización e independencia y sea ésta su fin estratégico. Es cierto que
los concejales independentistas electos luego se ven impelidos a tratar los
asuntos domésticos y de interés vecinal, pero es responsabilidad nuestra, la de
los independentistas, de hacerles un seguimiento y exigirles que aprovechen
cualquier circunstancia para plantear la descolonización e independencia.
Volviendo a las elecciones al procolonial Parlamento de Canarias, y ante tal panorama
antidemocrático y colonial, ¿qué cabe esperar y qué se puede hacer? Pues, como
suele decir nuestro Víctor Ramírez,
no crear falsas expectativas y, por otra
parte, aprovechar cualquier resquicio para explicar nuestro mensaje
independentista de forma clara y determinante. Y una vez pasada la pantomima
electoral, luchar denodadamente y sin pausa, día tras día, por la coordinación
de todas las organizaciones independentistas y de todøs løs independentistas.
[1] Nos referimos al Frepic Awañak cuando aún
no había sido apuñalado miserablemente y vendido al peor postor, por parte de
sus actuales irresponsables.
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