Paseando a Barrot y a Clinton
Justo Fernández Rodríguez
Existen serias dudas en una gran parte de la población sobre si los gobernantes tienen en cuenta, prioritariamente, los intereses generales de los ciudadanos o los de algunos grupos empresariales, foráneos o autóctonos, ávidos de negocios, licencias, concesiones, recalificaciones de terrenos o, en especial, la construcción de grandes infraestructuras públicas, con independencia de su necesidad, mejor ubicación o coste medioambiental. Lamentablemente, en Canarias las dudas son menores. Existe la convicción de que demasiados gobernantes y cargos públicos no defienden los intereses de la mayoría de los ciudadanos. El gran negocio está en la construcción de grandes infraestructuras. Su utilidad económica o social es un aspecto secundario.
El doble macro-pelotazo, político-empresarial, de desmantelar el puerto de Santa Cruz mintiendo sobre sus posibilidades de expansión y su capacidad para admitir grandes porta-contenedores -con la intención de convertirlo en un espacio de ocio, aparcamientos, puertos deportivos, negocios e instalaciones que nada tienen que ver con las actividades portuarias, para amigos, empresarios de contribucion y camaradas políticos- son una elaborada estrategia de la Autoridad Portuaria (con la complicidad de Cabildo tinerfeño, Ayuntamiento santacrucero y Gobierno canario) con el objetivo de justificar la construcción de un puerto que eliminará, sin posibilidades de recuperación, el más conservado ecosistema marítimo insular, donde muchos "avispados" políticos y empresarios han comprado a precios ridículos importantes parcelas que, en cuanto comiencen las obras, se revalorizarán astronómicamente. El proyecto del puerto de Granadilla tendrá consecuencias negativas para el futuro de El Médano, la mejor, y casi única, playa natural de Tenerife. Hay más cómplices. Algunos desnortados líderes socialistas y toda una pléyade de personajes que conforman la contramanifestación oficialista del "sí a todo" a cambio de enchufes, subvenciones, publicidad institucional, contratos, concesiones o la organización de toda clase de eventos.
La visita del comisario europeo de Transportes, Jacques Parrot, me recordó los mejores tiempos del franquismo, cuando algunos alcaldes, presidentes de cabildos, diputaciones o gobernadores civiles invitaban a algún alto cargo estatal para "ablandar" la negativa a un proyecto, exigido por las "fuerzas vivas", a las que servían. Lo recibían atiborrándolo de comida, vino o ron, llevándolo de un lado a otro, explicándole las bondades del proyecto y evitando el contacto con el pueblo, especialmente con las víctimas del atropello que se gestaba. No se iban sin que las señoras de los políticos les ofrendaran algunos presentes de repostería o artesanía típica.
El comisario Parrot, de cuestionable honestidad política, fue paseado de una isla a otra para que pudiera ver los lugares en que se pretenden construir los puertos de Granadilla y Arinaga. Fue protegido de cualquier intento de que alguien pudiera decirle que había decenas de miles de ciudadanos que estamparon su firma y se manifestaron para que no se cometiera tamaña barbaridad o que se habían falsificado los informes sobre los verdaderos efectos medioambientales por el propio Gobierno canario. Las peticiones para que aceptara una entrevista con representantes de las organizaciones que se oponen a tal disparate ecologico fueron denegadas con la consabida excusa de los "problemas de agenda".
Las manifestaciones de Parrot ofrecen pocas dudas sobre sus intenciones: "Entiendo el miedo de una parte de la población por el medio ambiente. El proyecto no sólo es razonable, sino que es legítimo porque permite la transferencia de las actividades portuarias e industriales a un lugar cercano a una plataforma aérea. No se puede parar el desarrollo. No hay otras alternativas". ¿Qué le habrán explicado a este personaje? ¿ Le afectó el calor o el ron? Al día siguiente, de forma vergonzante, negó que se hubiera pronunciado a favor de la construcción de los puertos de Granadilla y Arinaga. ¿Quién va a creerlo? En Bruselas hará el trabajo sucio encomendado.
Homenaje a la pobreza.
Mientras, en Níger, 150.000 niños están en peligro de muerte si no llega comida. El ex presidente de los EE.UU. Bill Clinton, después de "resolver" el problema del hambre en África, vino a promocionar el golf en Tenerife, aunque en plena levitación Ricardo Melchior aclaraba que "no nos ha costado un duro". Si no me delatan, les informo de uno de los secretos mejor guardados. En el partido que enfrentó a Bill Clinton y Miguel Zerolo, en los hoyos del lujoso complejo turístico Abama, de Jesús de Polanco, no empataron, como se ha publicado: ganó Zerolo.
Pocas veces he podido constatar un rechazo popular tan abrumador, sin distingos ideológicos, económicos o sociales, salvo en el caso del capricho tranviario, como el que ha despertado la visita, jugosamente pagada, de Clinton, para que nos descubriera, por enésima vez, la oportunidad que tiene Canarias, dada su situación geográfica, de convertirse en "plataforma logística tricontinental", ofrecida al capital internacional para el ejercicio de un nuevo y más sofisticado sistema de colonizaje y explotación de los países africanos, con la "sagrada" excusa de la lucha contra la pobreza. Por el "descubrimiento" se ha embolsado alrededor de 300.000 euros y un timple. No está mal.
Existe una diferencia. La imposicion del carísimo tranvía, en lugar de un más barato y menos destructor carril-bus, provoca cólera indignación. La visita de Clinton sólo enojo, guasa y cachondeo.
No pretendo ofender y, mucho menos, insultar a los empresarios. Pero, de los 150 que tuvieron que pagar dos millones de las antiguas pesetas por no comer con Clinton, la gran mayoría piensa, lógicamente, en los beneficios que puede obtener de una inversión en África, con una mano de obra barata, sin organizaciones sindicales y, menos, en resolver el problema de la pobreza que, lejos de reducirse, continúa aumentando, por la acción de los gobiernos de países como EE.UU., incluida la época en que gobernaba Clinton, Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Holanda o España.
Al día siguiente de su marcha, las declaraciones de Leopoldo Cólogan, presidente de la Asociacion de Plataneros Europeos, me sorprendieron. Al parecer, Clinton reconoció que las multinacionales plataneras norteamericanas "han dejado mucho dinero a los políticos e incluso han financiado campañas electorales". ¿En que país vive don Leopoldo?
Mientras terminaba el artículo, note un fuerte calor en el rostro. Fui al baño y me miré al espejo. Entonces me di cuenta. Estaba completamente rojo de envidia. Tenía razón Ricardo Melchior. Sin embargo, no tiene razón cuando intenta vender la repercusión de la visita. Durante los dos días siguientes, consulté los más importantes medios de comunicación españoles, hispanoamericanos y estadounidenses. Ni una sola portada, ningún artículo, ni una sola línea.
¡Socorro! Clinton ha prometido volver. Hay que buscar otros 300.000 euros, más el IPC. Prometo someterme a una cura contra la insana envidia.