Ben Laden

Por Koldo

Supermán, Batman, Spiderman, todos los grandes héroes del cine estadounidense, no tendrían sentido sin la presencia y la amenaza de los representantes del eje del mal, de "Lex Lutor", de "El Guasón", "El Pingüino" o "El Hombre Verde".

Para que Supermán o cualquiera de estos enmascarados héroes pueda salvar a los Estados Unidos del caos y la destrucción, previamente se requiere una amenaza y no cualquiera, que siempre encarna, porque es bueno que el terror tenga un rostro, un ser demoníaco, perverso, del que sólo el super héroe va a poder salvarnos.

Este simple y tonto esquema, en el que las fuerzas del bien luchan contra las bandas del mal para salvar al mundo, y que Hollywood aplica en su industria cinematográfica con gran éxito de taquilla, es el mismo burdo y viejo esquema que propone el gobierno de Bush para cautivar a una audiencia desneuronizada y cuya credulidad raya en la estupidez.

Ben Laden, a quien en el guión, además de ocultarle su pasado le cambiaron hasta el nombre, es hoy el siniestro personaje, malo entre los malos, que representa la amenaza de la que el super héroe debe salvarnos, incluso, a nuestro pesar.

Ben Laden, el real, hace tiempo que está muerto pero, como en el cine, al igual que el bueno, el malo también debe mantenerse con vida, de manera que, mientras prevalezca su amenaza tenga vigencia también la necesidad del "salvador".

En dos años, alguien de quien antes veíamos regularmente vídeos y declaraciones, no ha vuelto a mostrar su turbante una sola vez con la sola excepción de los días previos a las elecciones en los Estados Unidos en los que, por si alguna duda tenía el electorado estadounidense sobre quién debía ser su "Superbush", reapareció profiriendo sus habituales y apocalípticas amenazas, antes de volver a enmudecer, en uno de los montajes cinematográficos más oportunos y merecedores de ganarse el Oscar al mejor argumento y a lo mejores efectos especiales.

Los guionistas en la Casa Blanca buscan desesperados otro maléfico personaje que acompañe a Ben Laden, al menos hasta que puedan sustituirlo sin que la taquilla se resienta.

Cuentan, de momento, con un barbudo jordano a quien debieran buscarle un nombre más cinematográfico y recordable, y la supervivencia de la organización Alkerriza, capaz de renovar a sus representantes desde que el guión lo requiera.

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