BIBLIOCAUSTO

 

Por Josemari Esparza Zabalegi

 

El reciente libro "Historia Universal de la destrucción de libros" del venezolano Fernándo Báez, está prologado por una frase rotunda de Heinrich Heine: "Allí donde se queman libros, acaban quemando hombres". Y a fe que el autor nos incita a esa conclusión a lo largo de un recorrido que va desde la quema de las tablillas sumerias, a la reciente destrucción de la Biblioteca nacional de Bagdad por los gringos.

 

Duele, por su actualidad, leer lo referido al "bibliocausto" checheno. Al inicio de la guerra había más de 1.000 bibiotecas, una red de 109 bibliotecas científicas; 14 bibliotecas técnicas, 450 escolares... Hacia 1995 el Ejército Ruso -que fuera rojo- había destruido la Biblioteca Nacional; la Biblioteca Infantil; la Biblioteca Médica; la Biblioteca Central de la Ciencia.... Sólo en la Chejova de Grozny, la biblioteca más importante del cáucaso, fueron destruidas 2.648.000 obras, escritas en más de 30 lenguas. En la actualidad, la fogata ya es total y, lejos de precederlo, el bibliovausto checheno anda parejo, e incluso a la zaga, del holocausto de esta brava nación.

 

La reciente matanza de Oseita invita a una lectura actualizada de la profesía de Heine: Putin comenzó quemando los libros y los lectores de Chechenia, y su propio fuego llegó hasta la escuela de Beslán.

 

Entre los libros quemados en Chechenia, estaba sin duda "Hadzi Murat" el último libro del gran Toltoi, en el que ya nos advertía, hace más de cien años, de aquellos lodos que trajeron este barrizal. Ahora lo reeditamos en Txalaparta, siquiera para hacer un poco más inútil el trabajo de los pirómanos y, de paso, para homenajear a un pueblo que no tiene la culpa de ser pequeño.

 

[Enviado por Jose Almeida desde Artevirgo. La Aldea. El miércoles 6 de diciembre de 2006]