Biocombustibles: alimentar coches o personas
Juan Jesús Bermúdez Ferrer *
Las Naciones Unidas nos advierten que entre 750 y 800
millones de personas en el mundo se encuentran en situación de desnutrición.
Por otro lado, Dennis Meadows,
uno de los autores del célebre Informe al Club de Roma “Los límites del
crecimiento” ya habla de que podemos estar llegando en estos años a la
producción máxima de alimentos a nivel mundial, especialmente de granos,
sustento de miles de millones de personas en el planeta. El mito de que
Alimentar con suficiencia a 6.500 millones de
habitantes es uno de los grandes objetivos del milenio, y debería estar en la cúspide
política y moral de nuestra civilización. Hoy la alimentación de buena parte de
los habitantes del Planeta se basa en un sistema agroindustrial con su
origen en la llamada “revolución verde”, que supuso un auténtico despegue de la
productividad por hectárea de tierra cultivada. Estamos llegando, según algunos
expertos, al agotamiento de ese modelo, debido a que está sustentado en la
inyección permanente y creciente de fertilizantes -basados en la industria
petroquímica- y pesticidas para obtener los citados rendimientos. Claro
que la presión sobre la “T(t)ierra”,
como diría Jorge Riechmann, está logrando la
disminución creciente de los mismos: cada vez más insumos energéticos para
mantener la producción, antes de que ésta disminuya. A la insostenible en el
tiempo “sopa química agrícola” hay que añadir la existencia de millones de
tractores, billones de metros de riego de plástico, una inmensidad de sistemas
de refrigeración, transportes, etc. hoy alimentados con petróleo y gas; el
primero, en franco declive en breve. Y el declive energético equivale hoy, por
la extrema dependencia, a un declive de alimentos. Por lo tanto, alimentos cada
vez más caros: pasarán hambre quienes no los puedan pagar, como ya de hecho hoy
ocurre. Y nosotros, ante el declive energético–alimentario,
no estamos excluidos de esa suerte en el futuro.
Desde ya hace años ha disminuido la producción mundial
de granos por persona. China, desde hace ocho años, tiene que importar
crecientes cantidades de alimento para su población. Las tierras agrícolas de
China para soja son hoy de las más contaminadas del mundo por la increíble
cantidad de fertilizantes usados para mantener la producción.
En este escenario, los biocombustibles
son una de las “soluciones” más perversas e inmorales al declive energético. Lester Brown, el director del
Instituto de Políticas para
Proliferan en el mundo supuestas “alternativas verdes”
al petróleo. Esta es una de las más siniestras. Hoy es necesario elegir. Llenar
nuestros vehículos con biodiesel equivale a competir
con los pueblos pobres del mundo en los mercados internacionales del grano,
como el de Chicago, que están presenciando la subida permanente de precios de
los alimentos básicos para la humanidad. Supone arrebatar posibilidad de
alimentar al mundo para alimentar a nuestro insaciable parque móvil, paradoja
horrible donde las haya. Resulta estremecedor pensar en cómo ya hoy se negocian
partidas de cosechas que los agricultores venden al mejor postor, los
distribuidores de combustibles para los vehículos del primer mundo. Los barcos
con esas cosechas se desvían de sus rutas naturales para ir a parar a factorías
del primer mundo que devoran, procesándola como combustible “verde”, lo que el
mundo necesita para alimentar a las personas. Por favor, si queremos evitar más
hambre en el mundo, renunciemos a los biocombustibles.
*
Presidente de