BOLIVIA
Teodoro Santana
N
avidad en Bolivia. Los pastores que duermen al raso, los agricultores que mastican coca para combatir la altura, el hambre y el frío, los indios eternamente explotados, están alegres. La buena nueva la ha traído la voluntad popular. Por primera vez en la historia mundial, un dirigente campesino, pobre e indígena, gana con mayoría absoluta unas elecciones presidenciales. Y encima en el país en que murió Ché Guevara. El Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales lo tiene claro: "Todo el gas y el petróleo que se extrae en Bolivia tiene que ser entregado en propiedad al Estado boliviano". Los desposeídos dueños de su destino. La multinacional española Repsol bajando en la bolsa."El tercer milenio es de los pueblos, no del imperio", dice Morales. Un imperio embarrancado en Irak, mientras Latinoamérica echa andar por los caminos de su segunda Independencia. Nunca agradeceremos lo bastante el sacrificio del pueblo irakí y de su Resistencia Nacional. (Más allá de éste o aquel caso concreto, ¿no era ilegal e ilegítima la invasión de Irak según el actual gobierno de España? Entonces, ¿por qué considera delito reclutar gente para ir a combatir a esos ocupantes ilegales e ilegítimos? ¿Y por qué no es delito que EEUU sí reclute mercenarios en España?).
El imperio contraataca con el lavado de cerebro mediático, y grita hipócritamente: "¡La coca!" Sí, la coca, que es clave para los campesinos de Bolivia, y de la que se derivan una serie de productos industrializados (no cocaína) legales y beneficiosos. Si quisiera acabar con el narcotráfico internacional, el gobierno estadounidense apostaría por acabar con el secreto bancario. Pero no quiere.
Tampoco quiere que los pueblos decidan por sí mismos, pero ahí andan. Todas las manos, todas, todas las voces silenciadas, que ahora suenan libremente. Venezuela. Uruguay. Brasil. Argentina que espera. Y Ecuador, Y Méjico. Los niños que nazcan esta nochebuena puede que tengan una oportunidad. Brindo con ustedes para que haya miles de noches de paz y amor. Y miles de días. Para que nunca más los soldados del imperio crucifiquen a los pueblos. Ché, vivo, como nunca te quisieron. Bolivia, o sea.