¡Que bueno es quedarnos aquí!
P. Luis Barrios
El Evangelio para este último domingo después de la Epifanía -y antesala al Miércoles de Ceniza- es la narrativa de Marcos (9:2-9) en donde ocurre la transfiguración de Jesús luego de subir a un monte alto. Esta experiencia religiosa -como todas las demás- debemos de aprender a reconstruirla dentro de un marco social y político.
Curiosamente Jesús invitó a Pedro, Santiago y a Juan y estando en el monte el proceso de la experiencia religiosa fue tan maravillosa que estos le sugirieron a Jesús el quedarse en ese lugar y no volver de nuevo donde está el pueblo. En otras palabras, ¡que bueno es quedarnos aquí! Este modelo de aislamiento y enajenación socio-espiritual es el que se practica diariamente por quienes dicen creer en Dios y dentro de este acomodamiento han construido la religión del conformismo, del placer momentáneo y de la haraganería. Esta es la gente que grita a toda voz, ¡que bueno es quedarnos aquí!
En este modelo de la religión de la derecha de la montaña es donde se acomodan toda esa gente que esperan que nuestra Diosa les resuelva los problemas del diario vivir como lo son por ejemplo la brutalidad policíaca, la violencia intrafamiliar, el crimen corporativo, la xenofobia, el heterosexismo, la supremacía masculina, el racismo, el desempleo, la falta de seguros médicos, las guerras imperialistas, la pobreza, y otros muchos problemas del diario vivir que fueron creados por nosotrxs lxs seres humanos.
Sentarnos en la montaña esperando una respuesta mágica desde el cielo es la manera irresponsable en que se construye una imagen falsa de Dios y es a esto lo que la Biblia llama idolatría. De aquí el que la respuesta de acción de Jesús para Pedro, Santiago y Juan no se hizo esperar y les recordó que el lugar de ellxs como Iglesia -y el de nosotrxs hoy en día- es estar en donde está el pueblo. O sea, hay que caminar con el pueblo, hay que sentir con el pueblo y hay que trabajar en las luchas del pueblo.
Por lo menos dos realidades surgen de todo esto que llamamos idolatría en al cima de la montaña. Por un lado quienes tajantemente confiesan un ateísmo generalizado en donde se niega la existencia de Dios y se desprecia a la religión porque la misma es una experiencia que narcotiza al pueblo para que no actúe. De aquí es que surge la famosa frase que le atribuyen a Carlos Marx en donde se nos dice que la religión es un opio. Ahora está por verse si él dijo esto o si nos dijo que la religión puede ser un opio. Como la religión puede ser tanto una experiencia enajenante de opresión y exclusión como también una de reafirmación, auto-determinación y liberación, yo me inclino mucho más por esta última expresión.
Por supuesto, tengo que reconocer que si Marx no lo dijo como lo estoy presentando no faltará alguna persona politiquera dogmática y fanática, la cual ha convertido al marxismo en su religión y a Marx en su dios quien me dirá que si este, Marx, no lo dijo no hay nada que discutir. Interesante es que si Marx estuviese aquí en este momento hace mucho tiempo que hubiese ampliado su listado de lo que puede ser un opio. Ejemplo de esto lo es la televisión, lugar en donde mucha gente atea - y teísta- se relaja cuando están dizque estresadas. Este aparatito que enajena gente es como subirse a la montaña y no querer bajar de la misma. Esta es la gente que grita a toda voz, ¡que bueno es quedarnos aquí!
También en esa religión de la derecha de la montaña es en donde la altura no nos permite que podamos ver la realidad de los gastos de guerra en Iraq en donde unos $239 billones de dólares se han malgastado y hay la solicitud en el Pentágono para unos nuevos gastos de $440 billones. La Iglesia que no critica este tipo de pecado es una Iglesia que se postró al servicio de quienes ejercen la opresión. Esta es la Iglesia que el presidente George W. Bush con su teología cristo-centrista nazista le encanta promover. Esta es la gente que grita a toda voz, ¡que bueno es quedarnos aquí!
Asimismo, esta religión fanática de la montaña, la misma que Jesús criticó, es la que por un lado no nos permite ver la realidad de la seriedad envuelta en unos dibujos los cuales por un lado criminalizan la imagen del profeta Mahoma y por otro lado promueven sentimientos anti-musulmanes y árabes. Imagínese usted que se le ocurra a alguien dibujar la figura de Jesús lanzando bombas al pueblo iraquí y luego la publica en nuestros medios de comunicación. ¿Cómo nos sentiríamos quienes profesamos esta religión? Yo no tengo la menor duda que con este tipo de religiosidad de la montaña la intención es la de echarle mas gas al fuego ofendiendo y provocando para luego, cuando las víctimas reaccionan, llamamos a esa resistencia terrorismo. Esta es la gente que grita a toda voz, ¡que bueno es quedarnos aquí!
De aquí entonces la necesidad de no quedarnos aquí, bajarnos de la montaña, llegar al pueblo y comenzar a caminar con este pueblo, muy en particular en las luchas que dejaran como resultado su autodeterminación y liberación. Este es el proyecto de la transfiguración, el de la paz con justicia.
P. Luis Barrios
Iglesia San Romero de Las Américas
New York, New York
24 de febrero de 2006