Burguesía nacional o burguesía colonial. Una Burguesía que teme
crecer
Alberto Lapolla
*
Corría el año
1971. Dos años antes había ocurrido el Cordobazo.
Acababa de librarse la segunda rebelión del proletariado cordobés conocida como
Viborazo, éste ya mucho más político como su mismo
nombre lo designara. No había llegado solo, sino acompañado por más de un
reguero de rebeliones populares extendidas por todo el país, como el Rosariazo, el Mendozazo, el Choconazo, y así de seguido. El proletariado industrial
argentino construido desde 1935-1945, hasta esa fecha, mostraba una potencia
asentada en sus poderosas Comisiones Internas, Cuerpos de Delegadas por
empresa, vastas conducciones combativas, poderosos sindicatos y centrales
regionales, pleno empleo y alto nivel de participación en el Ingreso Nacional.
Esa situación asustaba a la burguesía. El presidente de la UIA, Elvio
Coelho expresó este temor sin ambages a James
Petras por entonces en la
Argentina. 'Ya en 1971 me había impresionado un diálogo que
mantuve, si mal no recuerdo, con Elvio Coelho, entonces Presidente de la Unión Industrial
Argentina (UIA). Yo le preguntaba porque no se lanzaban a la industrialización
como en Brasil. '-Porque los sindicatos son demasiado fuertes y eso nos
llevaría a una guerra civil- contestó. - Pero, ¿porqué
no lo intentan? -Porque podemos perder - dijo'.(1) Coelho y su clase habían comenzado a hacer suyo con una
década y media de retraso, el plan esbozado por el almirante Isaac F. Rojas en
1955. 'Para que desaparezca el peronismo deberán desaparecer las chimeneas',(2) dejando en claro el proyecto desindustrializador
del alto mando de la burguesía colonial anudada a los intereses extranjeros.
De allí en más y
en particular luego del intento de construir una burguesía nacional conducida
por un general nacionalista y un empresario comunista, la burguesía industrial
nacional se escaldaría para el resto de su tiempo histórico, respecto del aspecto
que nunca pudo resolver desde su propio origen. Si ella crece -en un país semicolonial, donde el desarrollo industrial fundamental
corrió primero por cuenta del imperialismo y luego a riesgo del Estado,
originando un proletariado estructurado desde su origen, y luego también libre
de patronos como lo fue el núcleo de empresas del Estado que construyeron la
nueva nación a partir de 1945- la clase obrera crece más rápido. Con el
agregado que esa clase obrera poseía la mayor organización sindical del mundo
de posguerra. Con un historial de lucha previo, en lo proletario y en lo
popular, que no se caracterizaba casualmente por tolerar dócilmente la
dominación. Por el contrario, dicha clase obrera era la continuadora -en los
tiempos del capitalismo industrial- del pueblo que había mantenido encendida la
llama de la Libertad
por más tiempo en América. Desde las fundantes
jornadas de 1806 y el grito inicial de Túpac Amaru, allá por 1780, continuado luego en el largo ciclo de
resistencia extendido hasta 1890. Continuado luego en el período que se cierra
el 17 de octubre de 1945.
El pecado original
de nuestra burguesía es el temor al crecimiento. Como lo señalara Arturo Jaureteche, ésa fue la primera de las zonceras argentinas,
expresada sin vergüenza por Sarmiento: 'el problema de la Argentina es su
extensión'.(3) Casi ninguna otra clase dominante del
planeta se expresaría de esa forma. Es difícil imaginar a Pedro el Grande, a Luis XIV, a Cronwell, a
Washington o a Churchill, quejándose porque su
territorio fuera demasiado extenso. Ni que hablar de nuestra vecina burguesía
esclavista brasileña que se apropió del doble de su territorio a expensas de
todos los países sudamericanos. Por el contrario todas las burguesías trataron
siempre de ser más grandes, no importando los sacrificios a los que sometieran
a sus pueblos. Pues bien, con excepción de Moreno-Castelli
primero, San Martín y Dorrego luego, Rosas más tarde
-ya en otro proyecto-, Irigoyen tibiamente después y Perón como el intento más
serio, siempre la burguesía comercial porteña -madre de todos los borregos-
enlazada y fundida luego como burguesía terrateniente atada fuertemente a los
intereses británicos, prefirió achicarse antes que agrandarse. Ya fuera
entregando la Banda
Oriental, primero para garantizar el levantamiento del
bloqueo al puerto de Buenos Aires en 1811. Luego para liberarse del 'anarquista
y rebelde' José Artigas. Al mismo tiempo de abandonar el territorio
Oriental, Rivadavia desconocía el Pacto de Unión y Amistad Eterna, firmado con
el Paraguay por Manuel Belgrano, obligando al país hermano a su
enclaustramiento que finalmente terminaría en exterminio.
Rivadavia sería el
fundador de la línea de achicarse para preservar los intereses
portuarios. Más tarde se negaría a aceptar la incorporación de las provincias altoperuanas, para apropiarse ilegítimamente de la Presidencia de la
nación, pese a la oposición de las provincias. Rivadavia necesitaba ser
Presidente -y no gobernador de Buenos Aires- para poder legalizar los
'negocios' que había arreglado en Londres -Empréstito Baring,
Compañías de Colonización de Tierras y entrega de las Minas de Famatina-, por los que había cobrado suculentas comisiones.
La llegada de los diputados altoperuanos lo habrían dejado en minoría, destruyendo su aventura
presidencial. Más tarde, sería Urquiza quien
entregaría a Brasil las Misiones Orientales -actual estado de Santa Catarina y
parte del de Río Grande-, reconocería la independencia Oriental y aceptaría que
Brasil robase un tercio del territorio uruguayo -el resto del Estado de Río
Grande-, a cambio de la ayuda del Emperador para derrocar a Don Juan Manuel.
Concesiones a las que Rosas siempre se había negado.
Entregar territorio para salvar los negocios del puerto, del 'partido de los
tenderos'. Esos que según Don Manuel Belgrano, 'sólo saben comprar por cuatro
para vender por ocho'(4), esa fue la divisa triunfal de nuestra burguesía
portuaria, luego terrateniente Por esencia dependiente, es decir
colonial.
Don Arturo Jauretche fue muy claro al reseñar los proyectos
posibles a construir en el siglo XIX. En la presentación en Buenos Aires
del libro 'Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX', del
historiador británico Harry Ferns,
Jauretche suscribió las palabras de Ferns, quien expresó: 'Tienen que preguntarse sí, después
de la caída de Rosas, no había llegado la hora de la clase mercantil urbana, y
sin presión extranjera, esa clase no hubiera podido construir en las orillas
del Río de la Plata
una comunidad como la que construyeron los norteamericanos en los Estados
Unidos después de la
Guerra Civil: una potencia industrial y financiera en
expansión no trabada por poderosos intereses rurales'. Jauretche
reafirmó: '¿Qué sería de ese progreso que tanto los
envanece si en lugar de habernos adscriptos como los norteamericanos del Sur a
la política de Gran Bretaña cumpliendo el sólo objetivo de construir la granja
dependiente, se hubiese realizado la hipótesis que plantea Ferns
paralela a la de los norteamericanos del Norte: "Argentina potencia
industrial y financiera en expansión no trabada por poderosos intereses
rurales", por naturaleza, dependientes. ¿Qué sería por comparación ese
progreso de que se jactan frente al del país potente que pudimos ser? (...) El
así llamado progreso liberal tiene dos caras: es progresista en cuanto necesita
la inmigración, el puerto, el ferrocarril, la vivienda, el Código Civil, el
alambrado, el refinamiento de las haciendas, la paz interior, en fin todos los
elementos que contribuyen al desarrollo de una producción agropecuaria barata
como suministro colonial. Pero es antiprogresista en cuanto impide el
desarrollo de la producción industrial propia, el manejo nacional, aun de esa
misma producción agropecuaria, de los medios de transporte y comercialización,
de la dirección financiera por medio de la banca, de la diversificación
productiva y del estímulo de las zonas cuya producción no interesa, y de todo
nivel de vida y cultura técnica, cuyo desarrollo importa el surgimiento de un
país con propios intereses, más fuertes que los vinculados a la estructura
colonial dependiente y un mercado de consumo interno en constante crecimiento
que fija por el costo y el consumo un valor de adquisición que la metrópoli no
desea pagar"(5) Sin embargo la burguesía terrateniente-comercial posterior
a Caseros y en particular luego de Pavón -el primero de los genocidios fundantes de la nación liberal- eligió el camino de seguir
siendo la granja británica y no crecer por su camino propio. Por el contrario
los EE.UU., sólo pudieron llevar adelante su plan de
gran nación -su Destino Americano- cuando derrotaron al Sur esclavista, rural
y... dependiente de Gran Bretaña, deseoso de continuar siendo factoría inglesa.
El Norte necesitaba las materias primas que el Sur exportaba a Gran Bretaña, el
mercado, las tierras. También necesitaba que los esclavos fueran consumidores
para expandir su industria y consolidar su capital financiero.
El Norte derrotó
al Sur, liberó a los esclavos -sin darles derechos políticos- los transformó en
granjeros o asalariados, es decir en consumidores, cerró sus fronteras
económicas hasta 1945, lanzándose a una expansión en todas direcciones,
centrando todos sus esfuerzos en una industrialización a rajatabla, generando y
utilizando su propio capital financiero, sin permitir que los productos o
especulación del capital británico penetrara en sus fronteras sin su control,
construyendo su gran nación. En nuestro país por el contrario, ganó
el 'Sur'. Ganaron los intereses de la dependencia y la factoría británica por
sobre los de la nación y la
Patria Grande. 'Cuando uno conoce a la Argentina, se
imagina como hubieran sido los EE..UU., si la guerra
de secesión la hubiera ganado el Sur'.(6) Escribió un
periodista norteamericano que trabajó muchos años en la Argentina. Sin
Estado no hay desarrollo nacional, porque no hay burguesía nacional Fue Scalabrini quien señaló la tragedia de Mayo y la muerte del
proyecto de gran nación Americana pergeñado por Moreno, Belgrano y Castelli. 'Con la caída de Moreno, una ruta histórica se
clausura... La Nación
debe constituirse entera en la concepción de Moreno... La ruta de perspectivas
que abrió la clarividencia de Moreno estaba definitivamente ocluida... El
presintió una grandeza y una manera de lograrla precaviéndose de la artera
logrería de Inglaterra. La otra ruta está encarnada en Rivadavia.'(7) Así fue,
Moreno previó genialmente el rol del Estado en un país con una burguesía
suntuaria, parasitaria y que sólo conocía la máxima expresada por Don Manuel,
más arriba citada. Moreno se anticipa en más de un siglo a ideas que luego
esbozaría Lenin, pero que en particular formularía Trotzky, sobre el rol del Estado nacional en los países semicoloniales y coloniales para reemplazar a la burguesía
nacional inexistente.
Ese será el camino
de los países del Tercer Mundo, esbozado genialmente por Moreno. En su Plan de
Operaciones Moreno es categórico respecto del modelo de nación a construir y el
rol que el Estado nacional debe cumplir para industrializar la nueva nación.
'Las medidas a adoptar consistían en expropiar quinientos o seiscientos
millones de pesos en poder de cinco o seis mil individuos, expropiación que
beneficiaría a ochenta o cien mil habitantes. Esa enorme suma de dinero en
manos de una minoría, "no puede dar el fruto ni fomento de un estado, que
darían puestos en diferentes giros en el medio de un centro facilitando
fábricas, ingenios, aumento de la agricultura, etc.(...) En esta virtud,
luego de hacerse entender más claramente mi proyecto, se verá que una cantidad
de doscientos o trescientos millones de pesos, puestos en el centro del estado
para la fomentación de las artes, agricultura, navegación, etc., producirá en
pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de
buscar exteriormente nada de lo que necesite para la conservación de sus
habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que siendo como un vicio
corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben evitarse principalmente
porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan; pero como
esta materia no sea de este tratado, paso a exponer los medios que deben
adoptarse para el aumento de los fondos públicos'.(8) Pues bien como señala Scalabrini, derrotado Moreno -y Castelli,
Artigas, Belgrano, San Martín, Monteagudo, Bolívar, Güemes,
Dorrego y Felipe Varela- sólo quedaba el camino de
Rivadavia: la sumisión a los intereses británicos. Y ése fue el que se
siguió, y se continúa transitando en un retorno permanentemente como una
maldición.
La Argentina es el único país en el mundo que destruyó su sistema
industrial de manera categórica; destrozó el mayor sistema ferroviario de
América latina; entregó su petróleo y sus recursos energéticos a potencias
extranjeras, -o a países vecinos para que se industrialicen a su costa. Que
regala sus recursos mineros -la quinta reserva a nivel mundial- pagando por su
extracción y saqueo; que depreda el mayor y más fértil ecosistema productor de
alimentos del mundo. Que dejó de producir carne y alimentos para producir
pasto-soja transgénico, para que los países industrializados
produzcan carne y la exporten. Que entregó sus empresas del Estado al 2.5% de
su valor. Es el único país del mundo donde la población debe pagar peaje a
grupos económicos parasitarios por usar rutas construidas por la nación y las
provincias. El nuestro es uno de los pocos países en el mundo, que regaló las
jubilaciones de los trabajadores a la banca extranjera y nacional, como forma
de control de la patronal sobre los trabajadores, para erradicar la idea de
colectivo de la clase obrera. Privando al mismo tiempo al Estado de fuentes
genuinas de financiación. Todas estas calamidades se realizaron, sin haber
sufrido una invasión militar extranjera, sino sólo por la vocación colonial de
su clase dominante. Era necesario desindustrializar a
la nación para destruir a la clase obrera, que desde 1945, pero en particular
entre 1969 y 1975 (del Cordobazo al Rodrigazo) espantó a esa burguesía por naturaleza
dependiente.
El llamado grupo Perriaux -que designaría ministro de Videla
a Martínez de Hoz- le daría teoría económica al pensamiento del almirante
Rojas. Desde 1976 a
la fecha la nación abandonó la línea fundada por la Revolución Nacionalista
de 1943 y retornó al modelo de la Granja Británica, instaurado por Mitre después de
Pavón. Hoy la Argentina
ya no es la nación industrial, tecnológica, científica y militar que
preocupaba a los EE.UU. 'En 1984 en el
pico de la crisis mundial de la deuda provocada por la cesación de pagos
mexicana, la revista de negocios estadounidense Business
Week dedicó su portada a Raúl Alfonsín,
preguntándose si ese presidente democrático pagaría la deuda externa. Con
cierta angustia, la revista aseguraba que ese país enorme, excedentario
en alimentos y energía, con una población culta integrada y sin problemas
religiosos raciales o lingüísticos, un inmenso territorio aun por ocupar y
explotar, una industria ligera desarrollada y otra pesada de apreciable
desarrollo - incluyendo el nuclear- provisto de un sistema de educación público
y científicos y técnicos de alto nivel, "podría poner una alambrada
alrededor de sí mismo y mandarnos al infierno'. (9) No fue así. Por el
contrario se llevó adelante el programa esbozado por el genocida Albano Harguindeguy: 'el proceso de Reorganización Nacional vino
para devolver a la Argentina
al 3 de junio de 1943.'(10) Primero la dictadura, luego Alfonsín
-que no se atrevió a modificar la línea de marcha-, pero esencialmente el
gobierno menemista destruyeron la nación industrial
tecnológica y científica. La dictadura cerró 18.000 fabricas,
Alfonsin otras 50.000 y Carlos Saúl I 108.000 más. En
total 176.000 fabricas cerradas. A esto deben sumarse en el mismo período
7.000.000 de ejecuciones hipotecarias, comerciales, urbanas y rurales.(18) Es decir la devastación planificada de la nación. E
l pueblo con otra de sus rebeliones históricas
-diciembre de 2001- impidió que el proceso llegara a los planes finales:
dolarización, represión militar de los pobres, inclusión en el ALCA, secesión
de la Patagonia
y disolución nacional. Ahora transitamos un camino aun sin destino. Una vez más
estamos frente a la contradicción scalabriana: o
volvemos al camino de Moreno o seguiremos en el de Rivadavia. Burguesía
colonial, parásita y suntuaria Juan José Hernández Arregui
alguna vez definió la esencia de nuestra clase dominante: 'esa clase parásita e
infecunda, siempre que el pueblo comió, vio demagogia.'(11) A esta burguesía no
sólo le sobraba nación, también le sobraba gente. Jauretche
denunció este pensamiento pequeño y genocida expresado por los sucesivos presidentes
de la Sociedad Rural
Argentina: 'En 1956 el Dr. Ernesto Hueyo,
ex ministro de la Década
Infame y personaje representante de su clase, sostiene en un
artículo de la Prensa,
que el país tiene exceso de población y sólo se le ocurre una solución: que
emigre el excedente de argentinos innecesario para la economía pastoril. En
1966 el presidente de la SRA,
Sr., Faustino Fano -un nuevo incorporado a la alta clase- expresa
el sentimiento de la misma diciendo en el habitual banquete de la
prensa extranjera (...) que la población conveniente de la república está en
relación 4 vacunos por cada hombre. Ajustándonos al cálculo(...)
hoy no deberíamos tener más de 12 millones de habitantes. Si tenemos 25
millones nos hemos excedido en el 100%. !A esto ha llegado
la elite que se dice continuadora de la que jugaba a los 100 millones de
habitantes.'(15) Cuando Cavallo expuso su modelo de la Convertibilidad,
-segunda etapa del plan del grupo Perriaux-, programa
que debía liquidar el país al que hacía referencia la revista de los hombres de
negocios norteamericanos, don Buno Orsi, director de Techint y luego
coordinador de Cavallo, expresó: 'El plan de la
convertibilidad es correcto, pero en él caben sólo 6 millones de los 36
millones de argentinos.
¿Estará la clase política dispuesta a hacer lo qué hay
qué hacer para sostener este plan.'(12) La 'clase política' acompañó este plan
de una manera vergonzosa. Ya en 1985, se percibía que en los dos partidos
mayoritarios -radicalismo y peronismo, pero también en el conjunto de los
partidos menores del llamado 'centro izquierda'- se había instalado una idea
neoliberal sobre la necesidad de llevar la nación a un modelo llamado 'agro-petro power'(16). Es decir un
retorno al país factoría exportador de commodities
-materias primas sin elaboración industrial-, que destruyera mano de obra,
volteara el salario, disminuyera el 'poder sindical' y aumentaran la renta
oligárquico-imperialista. Cavallo difundía estas
ideas a través de su recién creada Fundación Mediterránea, (mientras aportaba
un millón de dólares al renovador De la
Sota para ingresar al Justicialismo). Gran parte de la Renovación peronista y
de los jóvenes nosiglistas del radicalismo
compartirían estas ideas neocoloniales. Así la
mayoría de los cuadros políticos de la vieja burguesía nacional, hacía suyo el
modelo pergeñado por el continuador de Martínez de Hoz. Sería el primer
secretario de medios de Comunicación del menemismo,
quien expresaría de manera increíble, ya en 1999, esta claudicación e
incitación a la destrucción de la nación. '-Ahí me acostumbré a convivir con el
peronismo horrible que había en la Mesa Federal de Menem
Presidente. Pero yo sentí que ahí se estaba gestando algo. Lo demás era todo
discurso. Les voy a dar un dato(...) En la
campaña del '87 para gobernador de Neuquen,
de la cual participé, hubo tres congresos: La Falda, Bariloche y Tucumán. En esos tres
congresos, definimos la reestructuración del Estado. La reestructuración del
Estado no la inventa Menem en el '89, la hicimos en
el '87 los 23 candidatos a gobernador, que nos comprometimos a reestructurar el
Estado en función de los nuevos parámetros que estaban en discusión en Europa.
O sea que el peronismo actúa orgánicamente, no espasmódicamente sobre una idea
de un tipo que traiciona el discurso electoral... no, esto lo veníamos
planteando.(...) -Pero ¿cuál era tu posición con
respecto a la política del menemismo, que no tenía
nada que ver con tu militancia de los setenta?(...) -Mirá,
cuando el peronismo entra al gobierno, asume la responsabilidad de
rendirse.
Nosotros habíamos
perdido dos guerras. El tema era si nos rendíamos o no. No era si triunfábamos
o no triunfábamos. Habíamos perdido la guerra con 30.000 muertos nuestros y la
guerra de Malvinas. Alfonsín optó por decir
"Nosotros no nos rendimos, somos Gardel." Pero a Menem
no le quedaba espacio. El país estaba rendido. (El ex ministro Dromi ejecutor de las privatizaciones y la destrucción del
Estado, -actual asesor del ministro De Vido- dijo por
entonces "Argentina está de rodillas". AJL) Era como estaba Hirohito después de la bomba atómica de Nagasaki.
La discusión mía con Carlos Menem era si había que
anunciar que nos rendíamos o no. Porque yo decía que había que anunciar eso
porque de otro modo todo iba a ser interpretado como traición a la Patria. Fue una
rendición. Pero Hirohito, en kimono y en samurai, se
rindió a las 4 de la tarde arriba del portaaviones delante de Mc Arthur. Nosotros, encima de
rendirnos, lo hacemos en al mesa de reuniones equivocada. -¿Por qué se rindieron
en la mesa de reuniones equivocada?(...) -Claro, las
primeras privatizaciones fueron con Telefónica, Telecom, la Comunidad Económica
Europea. Después viene Todman, el embajador
norteamericano, y nos explica con quien debíamos rendirnos en serio. Ahí empieza
a tallar Cavallo como ministro de Economía.' (13)
¿Reconstruir la burguesía nacional? Esta confesión deja en claro que fue la
propia burguesía dominante nacida en la Argentina, la que decidió 'rendirse' y abandonar
el desarrollo nacional para volver a su estado colonial. Ya lo había hecho la UIA cuando la crisis del '30 y
la firma del pacto Roca-Runcimann, aceptando
reducirse a un no crecimiento para mantener la estructura agroexportadora
del país-estancia.
Ahora la tarea era
más sangrienta, había que liquidar el mercado interno, destruyendo a la clase
obrera industrial y con ella a las clases que de ella dependen: la pequeña y
mediana burguesía urbana y rural y la burguesía media comercial e
industrial vinculada o alimentada por el mercado interno. En esa
operación quirúrgica 'sin anestesia' se combinaron: secuestros, grupos de
tareas, picana, campos de exterminio, vuelos de la muerte, jefes de personal
-el 55% de los desaparecidos eran dirigentes sindicales de base-, dirigentes
sindicales traidores -como José Rodríguez-, privatizaciones, gatillo fácil,
baja de salarios, ajuste permanente, endeudamiento externo permanente, hambre y
desempleo permanente -para poder bajar el salario del 48% del PBI en 1974 al
18% en 2001-, privatizaciones escandalosas, reformulaciones políticas y
vaciamiento de contenido de la política. Un brutal disciplinamiento
y revanchismo social, combinado con una descomunal transfugación
de la política transformada en instrumento de dominación colonial. Tal como ya
lo había sido entre 1861 a
1916; entre 1930 a
1943 o entre 1955 a
1973. Es la misma burguesía la que decidió dejar de ser nacional. De allí que
resulta difícil entender que el gobierno quiera devolverle el pasaporte
argentino vía subsidios y regalos. El plan del grupo Perriaux
y luego el de Cavallo, fue armado y apoyado por Techint, Roggio, Macri, Bulgheroni, Fortabat, Pérez Companc, Soldati, Clarín, la Sociedad Rural, la UIA, la banca privada nacional
y extranjera y el conjunto de la dirigencia política emergente de su triunfo en
1976, y en particular a de las 'Felices Pascuas' y de la crisis de 1988-1989.
Es bueno recordar que Goyo Pérez Companc,
compró una casa a la esposa de Videla, frente al
penal de Magdalena mientras éste estuvo detenido allí. Esa homogeneización política-empresaria
incluyó también a nuestro actual Presidente de la nación y a su esposa, que
invitaron a Cavallo durante varios años a pasar los
fines de semana en el Calafate. Al mismo tiempo que la 'liga de gobernadores
productores de hidrocarburos' hacía lobby para privatizar YPF y transferir los
recursos energéticos a las provincias -viejo reclamo de las multinacionales
petroleras y mineras. Así los gobernadores pasaron a ser empleados menores de
las migajas arrojadas por las compañías del Imperio.
Es así que
sorprende escuchar que desde el gobierno se intente recrear una nueva burguesía
nacional. Y no hablamos de cifras menores: sólo en el ejercicio presente más de
30 mil millones de pesos, irán como aportes gratuitos del Estado nacional a
empresas privadas como Techint, Repsol, Roggio, Macri, Metrovías, Metropolitano, y otras. Aquellos que depredaron
la nación son premiados, para que continúen depredándola y capitalizándose a
costa del pueblo y las riquezas de la Patria. Se les regala dinero a las empresas que
destruyeron el sistema ferroviario. Aquéllas que vendieron como 'hierro viejo'
casi 6000 vagones de carga y más de 10.000 kilómetros
de vías férreas. A las mismas que dejaron sin trabajo a 90 mil ferroviarios y
destruyeron 40.000
kilómetros de servicio. Lo mismo ocurre con las empresas
de transporte. Metrovías -que brinda el más breve
servicio subterráneo del mundo, ya que cesa su actividad a las 22.30 hs., para no afectar su tasa de ganancia- recibe subsidios
millonarios. El gobierno pretende subsidiar a estos delincuentes -verdadera
gángster-burguesía- para que ellos reconstruyan la burguesía nacional. Un
miembro de esta nueva burguesía -premiado por el Senado-, Gustavo Grobokopatel -el Rey de la soja- fue muy claro respecto de
la mirada estructural de este nuevo empresariado: 'Hay que acabar con la idea
de volver al modelo de sustitución de importaciones, debemos comprarle a quien
nos compra'.(17) O sea el viejo apotegma del partido conservador del
país-estancia. Sólo que ahora en lugar de vacas vendemos pasto-soja.
Parafraseando a Eladia Blázquez podría decirse que
'parece la utopía de un mamao.' Sin embargo resulta
cierto y trágico: sólo por causas vinculadas al hambre entre 1989 y 2005 han
muerto ya más de 470.000 argentinos. Estado nacional para tener
burguesía nacional No queremos señalar con esto que no sea posible la
existencia de burguesía nacional en nuestro país. Decimos que no es éste el
camino para reconstruirla.
El camino pasa por
el que diseñó Moreno, y utilizó Perón -también Lenin
en la naciente URSS con la
NEP. Es decir el Estado nacional debe constituirse en el
centro de la economía e impulsar una fuerte política de reactivación, de
redistribución del ingreso, de aumento de la base monetaria y de circulación.
De cese de todo endeudamiento externo. De cese de drenaje de divisas. Pero
principalmente, de recuperación de empresas regaladas al capital privado para
recuperar el mercado interno. La recuperación del mercado interno y de la clase
obrera industrial, harán reaparecer a la burguesía nacional pequeña, mediana y
grande. Sumado a ello, medidas tan simples como sacar de los centros urbanos a
las grandes cadenas de hípermercados, no sólo crearán
enormes fuentes de trabajo y acumulación familiar sino que sanearán el
ambiente, el consumo y la salud de la población. Favorecer el reparto de
tierras para producciones familiares también fortalecerá el mercado interno y
proveerá alimentos sanos para una población hambreada. Pero esencialmente
medidas activas de reindustrialización efectiva en manos del Estado,
reactivarán rápidamente nuestra economía y distribuirán la riqueza de manera
veloz.
La Argentina -desgraciadamente- sólo posee 38 millones de
habitantes; es una cifra muy pequeña para no poder ocuparla, alimentarla y
vestirla de manera casi inmediata. Es sólo una decisión política, no económica.
Reabrir las empresas cerradas, aplicar a rajatabla la ley de ocho horas
-creando miles de puestos de trabajos-, proteger la industria nacional, renacionalizar las empresas privatizadas y particularmente
cesar los subsidios al robo de la nación. Tal vez próximos a cumplirse 200 años
del 25 de mayo de 1810, haya llegado el tiempo de llevar a la práctica el Plan
de Moreno. Tal vez así volvamos a ser una Patria justa, libre y soberana. Y así,
sólo tal vez, podamos derrotar el espíritu pequeño de Don
Bernardino.
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-Clarín Rural 23-03-02 18.- Palabras del Dr. Julio Carlos González en Santa Fe,
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31-08-06