Buscando Refugio

Emilio del Barco

El campo es el refugio habitual de las viejas creencias. Las grandes ciudades suelen ser el crisol donde se funden las nuevas grandes ideas y experiencias.

No todo lo que es creíble corresponde a la verdad. Lo increíble tampoco. Verdad y creencias son entes independientes. El dogmatismo científico es tan peligroso como suele serlo el moral. Nada se debe dar por totalmente seguro e infalible. Todo es falible, todo es mutante. En ciencia como en moral. Sólo que es más probable encontrarse fanáticos en el campo de las creencias que en el científico. Los pensamientos relativos a creencias, suelen tener márgenes estrechos de expansión. Sobre todo, no se puede dudar de haber sido instruido en la enseñanza correcta. Eso deja poco margen a la libertad de pensamiento individual. Hay que ser masa para sentirse bien integrado. Pensar como la masa y dejarse conducir por el pastor que le haya tocado a uno en suerte. Como consecuencia directa, el aborregamiento de los creyentes es inminente. No se puede pedir ser progresista, a alguien que tiene prohibido pensar, sobre la razón de sus razones. Aunque se conserve la pretensión de perdurabilidad de los principios, se adivina una adaptación, meditadamente lenta, al correr de los tiempos. Si no, ¿qué fue del segundo mandamiento del decálogo? En él se pedía a los fieles judíos no hacer imágenes sagradas, para evitar la creación de ídolos. Para suplirlo, y que siguieran siendo diez, se dividió el mandamiento que hacía referencia a los bienes ajenos en dos: No desear los bienes ajenos y No desear la mujer del prójimo. Hasta entonces, la mujer del prójimo había estado incluida entre las propiedades de éste. De las cuales se mencionaban: Mujer, burros, casa y ganado. Conservar el poder, exige tener acceso a los medios físicos indispensables, para seguir funcionando. Sin adaptación, no hay supervivencia. Así se cumplió.

El uso de imágenes, en el Cristianismo, se hizo indispensable, dada la perfecta adaptación de la Iglesia Romana a la estructura y organización del Imperio Romano, cuyo sistema administrativo copió. Empezando por el traslado del día festivo, que, hasta entonces, era el Sábado, día en que ya la Creación había finalizado, según el Génesis, al Domingo, día del Sol Invicto, surgido de las tinieblas nocturnas, del Reino de los Muertos, el día de Apolo. Fiesta entre los romanos, cuando Roma era capital del mundo. Consecuencia natural fue el posterior uso religioso de imágenes, en el cristianismo romano. Tan demostradamente efectivas en los cultos del Imperio. Así se hizo.

Gran Canaria , 23/06/2005

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