Bush y el tiempo: cambio climático o cambio de mentalidad
Wladimiro Rodríguez Brito
Estos días
hemos tenido la visita de una fuerte borrasca que, en líneas generales, con la
excepción de la isla de El Hierro, equivale a que nos haya tocado la lotería.
Más si tenemos en cuenta que hemos atravesado uno de los inviernos más secos de
los últimos años. Esta sequía ha sido inesperadamente aliviada por una masa de
aire frío y húmedo proveniente del suroeste, con vientos del este. A pesar de
esta aparente contradicción, las zonas más afectadas han sido las vertientes
orientales, barriendo el archipiélago de poniente a naciente.
Lo curioso ha sido
que casi nunca llueve en Canarias con vientos del este. De este punto cardinal
nos llega el siroco, el cigarrón y el polvo del Sahara, mientras que la humedad
proviene del suroeste o del norte. Decimos esto porque la borrasca de esta
semana es similar a la que describe el insigne Sabino Berthelot,
el 7 de noviembre de 1826. En su crónica se relata cómo comenzó a llover con vientos
del suroeste, que fueron rolando paulatinamente hacia el este, causando enormes
daños y desgracias. Desde el hundimiento de numerosos barcos en el puerto de
Santa Cruz hasta la muerte de más de 100 vecinos en el Valle de
La semana pasada, el
Sr. Bush declaró solemnemente que el cambio climático
es un hecho y se perfila como una amenaza para el futuro si no se toman las
medidas adecuadas para atenuarlo. Incluso el "imperio"
norteamericano, que algunas veces parece omnipotente y que todo lo puede, le
concede a la madre naturaleza que los humanos debemos cambiar nuestra actitud
hacia ella. Si esto no ocurre, las consecuencias negativas son imprevisibles.
En Canarias no hemos
parado de construir en las últimas décadas miles de viviendas, carreteras y
otras infraestructuras, en cauces de barrancos y en otros lugares en los que la
madre naturaleza ha dejado numerosas improntas que nos indican que debemos
tenerle un mayor respeto. Edificios al borde o al pie de acantilados, en las
zonas de batiente del mar y un largo etcétera, casos que demuestran que esta
sociedad no acaba de tomarse en serio que sus actos despreocupados pueden
acarrear terribles consecuencias.
Respecto a otras
situaciones que están en nuestra memoria, con menor previsión, no sólo se deben
a la intensidad de la pluviometría sino también a
otras causas, como son la ceniza del reciente incendio de El Hierro. El lagartario construido en un cono de deyección o la presa
seca en el cauce del Barranco, etc.; por no hablar de las imprudencias, como es
el caso de la temeraria excursión que algunos "domingueros" realizan
a Las Cañadas el día central de la borrasca. Esto ocasiona que muchas personas
y recursos públicos deban movilizarse para socorrerlos, con el consiguiente
gasto y, lo que es peor, con el riesgo gratuito para los miembros de los
operativos.
En el lado positivo
de la balanza, tenemos que felicitarnos por el importantísimo aporte hídrico a
nuestras esquilmadas reservas, que dejó en muchos lugares hasta 230 l/m2 y en
El Escobonal, orientación Este, (
Una semana antes,
nos encontrábamos apagando incendios en el norte de Tenerife y regando plantas
de la reforestación en zonas tradicionalmente húmedas en
En definitiva, es
necesario que seamos también más respetuosos con las masas forestales que
protegen la piel del suelo para que la erosión no lo barra, así como con los
cauces públicos de los barrancos, que han de ser escrupulosamente respetados
por imperativo natural, hemos de asumir una cultura más respetuosa con el
medio.
*Consejero del Área del Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de
Tenerife