Caída de Vueling
y ajuste en el transporte aéreo.
Juan Jesús
Bermúdez
El insostenible bajo coste en la era de
la creciente escasez. Vueling, una de las grandes del
transporte aéreo de bajo coste, nacida en el año 2004, está registrando
numerosas incidencias en su actividad diaria: retrasos en el cumplimiento de
horarios, varios problemas técnicos en aviones, que se han difundido
públicamente, una creciente desvalorización de sus acciones en el mercado
bursátil y el incremento de sus pérdidas. Esta situación coincide con una
expansión insólita de su número de pasajeros, apertura de nuevas rutas y
centros de operaciones. El incremento de los costes -entre ellos
fundamentalmente el del combustible- ha causado mella en su estructura
productiva, así como la competencia vía precios de otras aerolíneas más
consolidadas. Al parecer, Vueling, para compensar
estas pérdidas, reducirá el número de aeronaves y rutas con respecto a la
prevista expansión.
Las líneas de bajo coste operan con “máxima eficiencia” y
“máximo ahorro” en sus políticas de mercado, lo que para muchos es considerado
como una virtud. Sin embargo, es necesario abordar la sostenibilidad en
la gestión de una empresa de ese tipo. Thomas Homer
Dixon, un lúcido analista de nuestra
civilización, cita a otro ilustre, James Howard Kunstler, el autor de The
long emergency, que considera la eficiencia como
“el camino más directo hacia el infierno”. ¿Por qué? Se asocia eficiencia con la
obtención del máximo provecho por unidad de esfuerzo o gasto empleado. Así, en
el caso de las líneas aéreas, el máximo beneficio con el mínimo coste,
trasladando más pasajeros por avión, trabajador, gasto de combustible, etc.
Esta estrategia tiene unos límites muy claros: que todo se mantenga igual,
tanto el comportamiento de los competidores, como los gastos ordinarios y las
expectativas de crecimiento. Su delicado equilibrio eficiente se basa en que no
falle nada. Pero claro, la máxima eficiencia es muy poco permeable a los
humanos problemas; en palabras de Dixon,
“cuando los recursos son usados de la forma más eficiente posible, no hay
capacidad excedentaria para absorver
los shocks del sistema”. Y lo que le ocurre a Vueling es eso: su gestión “óptima” provoca retrasos por
uso intensísimo de sus aeronaves, habiéndose registrado incluso algunos
incidentes en el funcionamiento de los aparatos, bordeando así de forma muy
peligrosa el umbral de confianza que toda línea aérea suele garantizar en
Occidente, alejados de las listas negras de la aviación en el resto del mundo.
Además, su nivel para soportar las escaladas de los precios del petróleo es
menor que el de otras compañías, que aún podrán intentar seguir ajustando
sueldos y otro tipo de gastos, aunque todas ellas tendrán graves problemas de
viabilidad a medio plazo: sin embargo, esta compañía ya lo ha hecho, y tiene
poco margen para ajustar más. La estructura de una empresa de bajo coste es,
pues, de extrema rigidez y su éxito es inversamente proporcional a su capacidad
de ajustarse a las condiciones necesariamente cambiantes del mercado.
Paradójicamente, surgieron esas líneas aéreas como proceso
de máxima optimización de la infraestructura que acompaña el transporte aéreo,
hoy en sus máximas posibilidades de desarrollo histórico. Pero esa situación no
es sostenible. Particularmente, la continua subida de los precios del
combustible, supone un duro golpe para este tipo de actividades. Probablemente
veamos varios factores obrar en el corto y medio plazo: el retraimiento del
consumo de ocio, debido a la inminencia de la crisis económica que ya se está
empezando a sentir; la subida de los precios de la energía, la sobreoferta
aérea resultante, etc. obligarán a una reestructuración a la baja del sector
aéreo, en forma de fusiones, absorciones o, como ya ha ocurrido, suspensiones
de pago y quiebras. Estamos asistiendo, al mismo tiempo, al último esplendor
del transporte aéreo y al comienzo de la pérdida de importancia de este sector
en la historia. Ambas corrientes se están cruzando en estos momentos, por lo
que resulta difícil de percibirlas, pero este fenómeno ocurre cotidianamente.
Los sucesivos batacazos bursátiles de Vueling, que
huelen a peligro definitivo para su supervivencia, son la enésima señal de que
la reestructuración está ahí. Las líneas de bajo coste son “flor de un día” en
la historia del transporte aéreo, y el sorprendente canto del cisne de este
sector. La pugna mundial por los recursos energéticos pasará, en nuestras
vidas, una factura definitiva a este modo de transporte, básico para entender
hoy Canarias, lo que supondrá un antes y un después en nuestra breve historia
de crecimiento exponencial en un Planeta finito.
http://www.crisisencanarias.wordpress.com.
sábado, 04 de
agosto de 2007