LA PROVINCIA/Diario de Las Palmas, 13 de Septiembre 2005

CAMBIO DE DISCURSO

FRANCISCO POMARES

Si yo fuera diputado al Congreso (y afortunadamente para el país no lo soy), sin duda votaría a favor de la propuesta de Román Rodríguez, líder de Nueva Canarias, pidiendo al Congreso español que condene la brutal agresión de Marruecos a sus administrados en el antiguo Sahara español (hoy provincias del Sur). Más me costaría suscribir la petición para que la ONU intervenga en la zona -también solicitada por Román Rodríguez-, sobre todo porque en los territorios ocupados por Marruecos desde el 75, opera desde hace más de 20 años la Minurso, una misión permanente de Naciones Unidas. Pero incluso ese asunto es ´peccata minuta´, pura cuestión de matiz (quizá Román Rodríguez lo que quiere es que la ONU mande a los cascos azules para garantizar el cumplimiento de sus resoluciones a favor de la autodeterminación del territorio) si se compara con la obvia buena voluntad de la petición de Rodríguez para restablecer los derechos vulnerados del pueblo saharaui.

En fin, que lo que quiero decir es que -de verdad- me parece espléndido que Román pida "la intervención inmediata de la ONU, la UE y la OUA para que Marruecos restablezca la legalidad internacional y el respeto a los Derechos Humanos". Lo que no entiendo -vuelvo a un argumento antiguo- es que no lo hiciera siendo presidente. De hecho, cuando ya estaba a punto de dejar de serlo, prefirió despedirse protagonizando la primera visita oficial de un presidente canario a Marruecos. Resulta que le acompañé en esa visita, y recuerdo alguno de sus argumentos de entonces sobre el Sahara y la ´realpolitik´.

Pero no quiero que esto parezca lo que no pretende en absoluto ser: más que recordar el catálogo de las incoherencias de Román Rodríguez, lo que toca es destacar cómo cambian los políticos en el poder y en la oposición. En Canarias parece que eso no le importa a nadie, todo el mundo ve como algo natural que quien ha sido presidente del Gobierno, o alcalde, o consejero de Turismo (o de lo que sea) pueda permitirse el lujo de mantener posiciones completamente distintas si ahora está en la oposición. Yo creo que es una verdadera vergüenza la facilidad con la que se cambia de tono, de talante y de lenguaje, pero más me preocupa que a todo el mundo eso le importe una higa. Tendemos a una forma de hacer política en la que no es la ideología la que determina y condiciona el discurso político, sino el puesto que se ocupa. Así, un candidato define su propuesta para llegar al poder y cuando lo alcanza, la redefine porque ahora habla como un cargo público que se debe a "toda la sociedad", "al interés general". Paparruchas.