Canallas...
Francisco P. De Luka.
Está llegando ya la crueldad humana a extremos inadmisibles en esta sociedad colonial canaria, podrida por la falsa opulencia. Secciona aquella bárbaramente los más nobles sentimientos humanos, y se pasea tranquilamente ante la indiferencia de muchos enanitos europeoides frecuentes por estos lares y políticamente castrados.
La conversación de la cual fuí testigo el otro día en un bar de Aguere entre un español y un joven canario envilecido, me viró el alma. Rebuznaban en voz alta sobre el sangrante tema de la inmigración clandestina a las islas, en un ejercicio del más puro racismo. En un momento determinado, el de allende los mares soltó el clásico exabrupto en el que se resuelve a cañonazos el terrible drama. -Un par de proyectiles disparados a tiempo por un buque de la Armada actuarían de forma absolutamente disuasoria- sentenció el de la Metrópoli a su lacayo canario. –Bueno, con lo de la patera esa con diez moritos muertos a la deriva y todos los que sigan viniendo...más carnada pa´ los peces, que aquí ya somos muchos- respondió el hijo de las cuatro letras. Y desde su repugnante y babosa boca surgió una leve sonrisa secundada por el español cómplice.
Es penoso tener que soportar con impotencia la presencia de estos nuevos energúmenos en la sociedad isleña, una sociedad que siempre se caracterizó por sentimientos de solidaridad, hospitalidad y nobleza. Mientras tanto, se obvia la cada vez más numerosa presencia estable de europeos de toda clase y pelaje, del este y del oeste, que con sus espuramarajos dialécticos y con su sola existencia aquí infectan nuestra antaño límpida atmósfera isleña, norteafricana y transparente, de sencilla humanidad.
Meterse en el pellejo de gente nuestra, amazigh, a la que le ha tocado emigrar es a veces muy jodido. Debe ser motivo de profunda reflexión por parte del pueblo canario por doble motivo: porque son los descendientes desde hace veinte generaciones de los primeros guanches que arribaron a las islas y porque es un tema de simple solidaridad humana. Son nuestros hermanos continentales presa fácil de mafias sin escrúpulos que se enriquecen con la miseria y la necesidad y que producen centenares de cadáveres arrojados a las playas de unas islas que políticos sin vergüenza alguna dicen que son "territorio europeo", "civilizado, solidario y protector de los derechos humanos", "valores" así plasmados más o menos en ese fantasmagórico y falaz "Tratado Constitucional" que a toda costa pretenden que sea aprobado por nuestro despistado pueblo el próximo 20 de Febrero. El NO a este engendro articulado aumenta de peso con los cadáveres de tanta gente inocente que sólo aspira a tener un pequeño hueco en la vida, al margen de riquezas, odiosas ostentaciones, múltiples comodidades y ridículas payasadas en los medios de comunicación, que hieren la sensibilidad de muchos de nosotros. Este es el resultado social al que nos ha conducido últimamente el colonialismo español en Canarias. Un pueblo insensible e injusto que contempla, en el mejor de los casos, las macábras imágenes que escupe el televisor con una mezcla de compasión a distancia y un cierto temor a la espantada turística.
Estorban, dicen unos, y "hieren" la vista de los visitantes, dicen otros, esos restos humanos que no tienen derecho a la vida, sociales ceros a la izquierda, despreciados por el egoísmo y la crueldad de algunos canarios que tienen un tenique por corazón. ¿Y qué sabe el cabrón que hizo aquel comentario si su abuela o bisabuela trabajó de camarera en el "Titanic" ?. ¿O si tiritaba de frío y espanto cuando, sin papeles, como demuestra la historia de la emigración isleña a Cuba y Venezuela, desembarcaba clandestinamente en La Guaira o en Isla Margarita?
La crudeza, en fin, con la que hacen acto de presencia algunos gendarmes españoles en el escenario de alta mar y que provocan terror nocturno en la falúas repletas de inmigrantes es otro elemento que nos hace estremecer de indignación. ¿Cómo se puede catalogar de "ilegal" al inmigrante africano que busca alimentar mínimamente a sus hijos, cuando nuestro Continente sufrió durante dos siglos la mordida del colonialismo europeo, esquilmando sin piedad sus abundantes recursos naturales? ¿Cómo se puede catalogar de "ilegales" a los habitantes de un Continente, sumidos en la pobreza por una mayoría de gobiernos dictatoriales y por reyezuelos auspiciados por los propios europeos para seguir apropiándose "legalmente" de sus riquezas a través del neocolonialismo? Ellos, los inmigrantes, son legales y practican la más absoluta legitimidad. Buscan, a través de un humilde puesto de trabajo, recuperar una pequeñísima parte de lo que les robaron. ¿A quién habría que catalogar entonces de "ilegales"?
En memoria de todos aquellos que pierden su valiosa vida en las orillas de un falso paraíso plagado de hipocresía y maldad.
(21-01-05)