¿Canarias, nación adormecida?
Juan Jesús Ayala
Hablar, discutir y pensar el nacionalismo sin tener noticia de la
vida intelectual de Ernest Gellner
y, sobre todo, de tres de sus libros Naciones y nacionalismo, Encuentros
con el nacionalismo y su obra póstuma, Nacionalismo, es andar renqueante en
la teoría nacionalista. Ahí están también Sebrelly, Perry Anderson, Eric Hobsbamnn, Koudurie, Miquel Caminal, Leonard Tivey, Michel Keating,
Joseb Llovera y otros que
han desbrozado y estudiado esta teoría filosófico-política, pero el que más ha
cultivado el nacionalismo desde el punto de vista relacional de grupos, de
naciones y nacionalistas, ha sido Ernest Gellner. Tan es así que es considerado como uno de los pensadores
más versátiles de finales del siglo XX y como el teórico más importante sobre el nacionalismo.
Fue fundador en la Universidad de Praga del Centro
para el Estudio del Nacionalismo, y considera a este como una parte indeleble
del mundo contemporáneo, irresistible, con predominio de la categoría de nación
muy por encima de la categoría de clase ya camino del recuerdo y de lo
obsoleto. La nación es una creación de los nacionalistas; sin nacionalistas,
sin la idea, sin el propósito jamás se podrá realizar y dar vida a una nación.
Sin nacionalistas, no hay nación. Considera al nacionalismo como "un
principio político en el cual la semejanza cultural es el vínculo social
básico". La semejanza cultural se convierte en la condición no solo
necesaria, sino también suficiente de la pertenencia al grupo. Las
aspiraciones de los nacionalistas quedarían desbaratadas si no se consigue
reunir a todos los miembros de la nación en ciernes y si tolera dentro de sus
fronteras un número de personas significativo no adscrita a la misma, sobre todo,
si ocupan cargos de importancia.
El núcleo central de la ideología nacionalista, el
que se debe tener en cuenta para saber donde estamos y hacia dónde queremos
llegar es la definición de nación en términos de cultura compartida. Y
no es que se pretenda decir que no nos gobiernen extranjeros, pero sí nos puede
dar pista, de ser así, por donde deben ir los caminos de los gobiernos
nacionalistas.
Es un principio básico y necesario. Y no se podrá
obtener de ninguna manera una visión universal del nacionalismo si dentro de
sus filas hay elementos espúreos, infiltrados que no persiguen el fin del
territorio donde operan, sino que obedecen a intereses que generalmente están
en contraposición y son barrera de ese territorio que se quiere construir como
nación.
Quizás sea duro decirlo, pero es la realidad. La
cultura determina, une, es capaz de arrumbar un territorio hacia metas
insospechadas y construir una nación con todas las de la ley. De ahí que
aquellos que detentan poder si no tienen claro su misión y obedecen a los
dictados espúreos retrasarán el logro, retardarán los impulsos y la idea podrá irse
desterrando de la mente por los mensajes cruzados que existen de una y otra
parte.
Es lo que Gellner llama la
nación adormecida. Este adormecimiento del nacionalismo constituye uno
de los mensajes esenciales del nacionalismo que hay que tener en cuenta para
poder intervenir con decisión y no caer en el engaño y en la modorra.
Me parece interesante este pronunciamiento teórico
del filósofo y posicionarlo en las Islas y pensar en él. Sólo pensar en él.
Existen múltiples factores que pueden retrasar la consolidación de nuestro
pueblo como nación; habría que destacar, quizás, el logro de un estatuto que vaya
por el camino de obtener las máximas competencias y, sobre todo, aquellas que
nos someten al poder central como son las de seguridad, supervivencia y todo
el cúmulo de necesidades exigidas; así como tener la idea clara y definida que deben
ser los canarios, sin llegar por supuesto a ningún tipo de selección natural
ni ningún neo-darwinismo los que deben estar en la tripa del poder, los que
tienen que ser referentes de un territorio que pugna por hacerse y no dejarse
encandilar por palabras vacías, por farragosidades
nimias que lo que logran es confundir y malversar.
Por eso la pregunta ¿Canarias, nación adormecida?
Pregunta que debe estar impresa en la conciencia de los que transitamos por el
camino del nacionalismo y no dejarla de lado jamás; hay que tenerla como tarea
y tomarla en serio ya que en ello nos puede ir mucho.