Canarias y el
Derecho del Mar
Juan Cabrera Santana
El
consenso con Marruecos o la enajenación de un derecho natural1
El problema de una colonia es el de un territorio en
que la subordinación económica acarrea la incapacidad política. (...) los
movimientos progresistas entre los pueblos coloniales tienden a asumir un
carácter nacionalista y de liberación. Son de liberación porque el despertar de
su conciencia política considera las ligaduras constitucionales establecidas
con la metrópoli como emblema de dominación extranjera.
Derecho de los pueblos no autónomos2
Leonard J. Barnes
Si dejamos
a un lado los Tratados dé Alcaçobas y Tordesillas, las islas Canarias nunca se han visto en
situación tan preeminente como ahora en cuanto se ha dado la más que posible
realidad de que en su mar territorial y zona contigua del Archipiélago Chinijo e islas de Lanzarote y Fuerteventura existan
yacimientos de hidrocarburos y, esencialmente, petróleo. Los informes de una de
las compañías petroleras concesionarias -Repsol YPF- dan un resultado de las
prospecciones más que positivo, y ha de advertirse, por obvias razones de
minimizar por su parte la gigantesca operación que se avecina, que dicho
resultado esté dado a la baja. Todo ello, ínterin de que alrededor de las demás
Islas se descubran nuevos yacimientos.
A través de su
historiar en el orden internacional el Archipiélago Canario se ha visto
envuelto por serias vicisitudes político-administrativas. Los Tratados con
Portugal, antes mencionados, lo conllevaron a cierta larga estabilidad de su
situación de coloniaje; no obstante, su devenir lo rodeó de curiosas e
importantes apetencias que han ido dentro de un proyecto de venta por parte
española y el ojo hostigador de Marruecos hasta intentos de invasión en la
guerra con los Estados Unidos y en las dos Grandes Guerras europeas. Dado que a
España siempre le ha resultado incómodo evadirlas de su coloniaje, las Islas
padecen actualmente la impertinencia de una denominación de ultraperiféricas
que las igualan con la fórmula francesa aplicada a sus colonias, disfrazadas de
departamentos de ultramar. En este sentido, tenemos idéntico concepto y
pertenecemos al mismo grupo que la isla de Reunión, situada en el océano
Indico.
Con el descubrimiento
reciente de yacimiento de petróleo, el acoso a las Islas toma un nombre que
considero dentro de la suciedad y falta de transparencia que ha caracterizado
este negocio en su devenir histórico, y en el que, tal el concepto de
archipiélago de Estado de las mismas, ni siquiera toman parte dada su
marginación. Ello, a quienes conozcamos, aunque sea un poco, la historia de las
andanzas financieras petrolíferas y sintamos sentimiento de patria, es cuestión
de que nos cause honda preocupación. Jean-Claude Triche, ex gobernador del Banco de Francia y presidente del
Banco Central Europeo, recuerda lo que todos los políticos y los financieros
saben, o aquellos deben saber: «Debemos realizar progresos para conseguir mayor
transparencia en los mercados del petróleo, ya que no funcionan bien y, además,
son demasiado oscuros en todas sus circunscripciones: productores y
consumidores... Estoy a favor de una mayor transparencia para contribuir a
reducir la vulnerabilidad general. Hay que avanzar mucho en este aspecto».3
La solvencia del conocimiento de Triche avala y
confirma lo que se ha dicho sobre esta materia4, a la que el
venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo llamó, «excremento
del diablo».
Teniendo,
como realmente tiene, trascendental importancia de presente y futuro para el
Archipiélago el hallazgo de petróleo -ese envoltorio maloliente y viscoso, tan necesario
como nefasto, según se use, a la humanidad-, mas obligados estamos los canarios
a una verificación exhaustiva, extensiva en lo general y en estado de
imposición en todo momento, en el buen cuidado de que el petróleo canario no se
vea sobrecogido por turbulentas ambiciones, imperios económicos totalitarios e
intrigas políticas, máxime cuando se palpan tales citados vicios. Ahora mismo,
el acoso proviene de REPSOL YPF, España, Marruecos y de los propios políticos
canarios, embarcados estos en oscuras maniobras de consenso con los alauitas, que deben de clarificarlas. En caso dado por las
Salvajes, hasta Portugal figura en el acoso.
Por supuesto que el
análisis del acoso de Repsol admite rápidamente su simplificación. De la
compañía petrolera, o de otras de su género que se cuelen en el negocio,
podemos decir, sin temor a equivocarnos, su deseo de que todo se desarrolle
astuta y sagazmente, como perro que saca por el rastro la caza; de Marruecos,
su consuetudinaria urdidumbre de astucia solapada
hasta llevar a fructificar en algún momento -ese es su anhelo- sus apetencias
sobre las Islas: paciente intemporalidad de ratón que sopla antes de morder.
Ante el
proyecto espurio de consenso que se pretende, las posturas españolas y
marroquíes son gemelas que buscan convergencia por caminos opuestos. Dada su
condición de ser islas de archipiélago de Estado y no islas de Estado
archipielagico5, la convergencia figurada se funde en que a España
le interesa que sigamos siendo archipiélago de Estado -su archipiélago- y a
Marruecos, que no seamos Estado archipielágico. Esta curiosa circunstancia
tiene su explicación.
Siendo las
Islas de archipiélago de Estado, con arreglo a
Siendo las
Islas correspondientes a Estado archipielágico, el
caso daría un cambio de rotunda radicalidad de interpretación, muy perjudicial
para Marruecos. La independencia del Archipiélago Canario, es decir convertido
en nación, de inmediato tendría el apoyo jurídico internacional para desbancar
a Marruecos de lo que hoy es su plataforma continental, ya que pasaría a ser
plataforma continental canaria, y las líneas medianas o equidistantes
territorial y las líneas marinas se impondría por añadidura de la disposición
del Convenio de Jamaica, modelo en el que obligadamente tendría que entrar también
Portugal, dado el expolio de las Salvajes. Así, tan sencillamente, la nación
canaria tendría derecho a su zona económica exclusiva
A cambio de esta fácil
solución, la terquedad de dos naciones, España y Marruecos, que nos afecta en
varios sentidos, se está imponiendo, y de esa terquedad se está aprovechando el
mundillo político canario mediante una connivencia espuria consensuada que significa
la hipoteca del futuro de nuestro Archipiélago mediante la enajenación bastarda
de su derecho natural. Los Principios Filosóficos de los Derechos del Hombre
están claramente definidos por
«El grito de los oprimidos es libertad; el de las
victimas de la discriminación, igualdad; fraternidad es el grito del los
proscritos; progreso y humanidad son los gritos de aquellos a los que se
utiliza como medios en vez de respetarlos como fines».
Compárece estos
bellos Principios con la actitud sumisa de los políticos canarios ante una
diligencia de consenso colonizadora que considera a los pueblos coloniales como
agregados de individuos reprimidos y ofendidos por carencias específicas de
privilegio y no como naciones incipientes que luchan por conseguir igualdad
legal con los llamados países independientes en cuanto a soberanía y
consideración internacional. Los canarios necesitamos políticos inteligentes
que, por serlos, lleven la política con dignidad. Por la comparación que voy a
hacer que me perdonen los chusqueros honestos que saben llevar su quehacer
dentro de sus propias limitaciones en el oficio. No tienen nada que ver con la
casquería existente en la política canaria: de campanario, de patio de vecinos.
Canarias,
abril 2007
1
2 BARNES, Leonardo: Los derechos del hombre. Derechos
de los pueblos no autónomos. Ediciones de bolsillo Laia,
Barcelona 1976, pp. 367-371. Estudio firmado en Londres en junio de 1947.
3 EL MUNDO, Economía, entrevista de ROMÁN, Silvia, 21
de septiembre de 2005, p.38.
4 En el insertado de
5 Conocido el término académico archipielágico, sin
embargo el autor usa preferentemente, en cuantas veces se ofrezca, el termino
archipielágico.
6 La zona contigua ha perdido relevancia al admitir
el Convenio de Jamaica