A MODO DE VER Y MANERA

 

Canarias-España (I)

 

José A. Alemán *

 

La contradicción de intereses Canarias-España es una constante histórica. Cualquier mediano conocedor de nuestra historia sabe de los conflictos seculares con el monopolio del comercio americano de la Casa de Contratación de Sevilla, en los que se forjaron las libertades comerciales isleñas que darían lugar, en el siglo XIX, a los Puertos Francos.

 

Las franquicias, a su vez, provocaron enfrentamientos constantes con intereses peninsulares, siempre respaldados por Madrid que, andando el tiempo, llevaron a la ley de Régimen Económico y Fiscal de 1972, elaborada en medio de un fuerte choque de intereses Madrid-Canarias que aquí significó la clara ruptura del franquismo.

 

La situación geográfica es la causa de la contradicción. Lo que ahora ocurre respecto al Sáhara no es sino otra manifestación de esa dialéctica que ahora puede tener, eso sí, consecuencias más profundas si España y la UE priorizan sus conveniencias mediterráneas y dejan hacer a Marruecos en el Atlántico canario. Lo que no es un supuesto improbable.

 

Las Islas siempre fueron una excepción de la política económica española y quedaron a merced de circunstancias dominantes en el Atlántico, al margen de lo que ocurriera en la Península. La historia lo confirma. Dentro de esa dinámica, durante el periodo de dominio inglés de los mares, por ejemplo, el Archipiélago ofició de colonia británica sin necesidad de izar la Union Jack. Un precedente claro ante la previsible hegemonía marroquí futura que reforzaría, de producirse, la anexión del Sáhara en los términos que Rabat propondrá a la ONU dentro de unas semanas.

 

En cuanto a la relación canaria con el Sáhara, es sabido que hasta hace poco África no existió para las Islas. Éstas, arrastradas por las “corrientes” atlánticas, estuvieron siglos de espaldas al continente vecino y volcadas en América; hasta que en los años 50 se cerró la emigración a Venezuela. La coincidencia con el despertar en España de una “conciencia” sahariana, que abrió paso a la colonización efectiva del territorio, hizo del Sáhara un sucedáneo de la emigración canaria a América.

 

La burguesía agraria continuaba mirando a Europa, que pronto sería el gran emisor del turismo de masas, pero numerosas empresas canarias iniciaron el “diálogo” con una costa hasta ese momento silenciosa en términos económicos.

 

El Sáhara fue, pues, un escape y la presencia española allí impidió que nos llegaran los ecos de las independencias africanas de los 60. Retrasó, en definitiva, la toma de conciencia geográfica que adquiriríamos, de forma traumática, con la Marcha Verde y la súbita conversión del Archipiélago en frontera de un conflicto armado.

 

Las actitudes de Madrid y de los políticos canarios quedan para mañana. No se puede decir más en menos de 500 palabras, que son el espacio de que dispongo.

 

Canarias-España (II)

 

Hay quienes niegan la contradicción Canarias-España debida a que tenemos intereses distintos del resto del país y a menudo encontrados. Piensan que es ocurrencia mía, por ejemplo, el conflicto secular del librecambismo canario y el proteccionismo peninsular. Por citar el caso más evidente. Pero no iré por ahí para seguir con el Sáhara.

    

Recuerden las circunstancias de la entrega del territorio a Marruecos y Mauritania y cómo aquel problema, que era de Estado, lo cargó el Gobierno sobre las exclusivas espaldas Canarias.

La evacuación agudizó las carencias de servicios e infraestructuras de la ciudad de Las Palmas. Como botón de muestra, la denegación por el Ministerio del ramo de peticiones isleñas de viviendas al dársele prioridad a los evacuados.

Había un interés del Gobierno para que las consecuencias de la entrega del Sahara no alcanzaran la Península que chocaba, digo yo, con el interés canario de no padecer en solitario las resultas de un problema de Estado que contribuyó al inicio del declive de Las Palmas de Gran Canaria, en medio de fuertes tensiones.

Los políticos canarios se la embucharon. Tras el acuerdo tripartito, que entregó el Sahara a Marruecos y Mauritania, el Ayuntamiento de Las Palmas rechazó una moción instando al Gobierno a practicar una buena descolonización con el ejercicio de autodeterminación del pueblo saharaui. Concejales hubo que hicieron constar en acta su ignorancia del tema. Esa ignorancia sería, en adelante, la pauta de comportamiento. Con el Sáhara y con casi todo lo demás.

Fue de las primeras dejaciones políticas de los últimos lustros. Como comer y rascar todo es empezar, se admitió una autonomía copiada de La Rioja y se aceptaron los términos en que Madrid dispuso nuestra plena integración en la UE. Pereció así el acervo de especialidades y excepciones acumulado durante 500 años. Del acervo ya ni se habla, reducido a mero diferencial fiscal a gusto de los empresarios. A pesar de ser el elemento más definidor de nuestra personalidad política y socioeconómica en este lugar preciso del Atlántico.

La retórica nacionalista no logra ocultar que la personalidad histórica de Canarias se ha desdibujado. No fue injusto el desprecio de Xavier Arzalluz cuando le espetó a CC que iba a viaje con cuatro perras para carreteras.

En resumen: no definimos a tiempo nuestra entidad y dilapidamos nuestras razones históricas para exigir el reconocimiento de nuestro espacio atlántico. Nos cogerá desnudos la correlación de fuerzas que resulte de cualquiera de las salidas del conflicto sahariano.

Sólo discutimos si son galgos o podencos las contradicciones que digo.

 

Canarias-España (III)

 

Juan Francisco Díaz Paralea me pregunta si defiendo los intereses de Canarias o los de España. Aclararé que sólo trato de exponer, no de defender, mi idea de los intereses canarios ante lo que pueda ocurrir con el Sáhara próximamente. Pero como parece que interesa más hablar de independentismo, hablemos.

 

No soy independentista porque se pasó el tiempo, que fue el de las independencias americanas. Es sabido que los libertadores americanos diferenciaban entre isleños y españoles, aunque sin advertir que era un reflejo de la consideración de primer territorio americano en que tenía la Corona española a las Islas. Según Morales Padrón, para muchos cronistas de Indias éstas eran “unas primeras Antillas, en tanto que las Antillas se nos presentan como unas segundas Canarias”. Es lógico que de América llegara el aliento a los planteamientos secesionistas canarios.

 

La pregunta es por qué no tuvieron éxito ni casi eco. Pienso que debido a la poca entidad económica de las Islas. No tentaba a la Corona la explotación de unos recursos naturales escasos, cuando no inexistentes; pero sí la utilización de las Islas como lugar privilegiado de paso, aclimatación y avituallamiento de las navegaciones. Y para que cumplieran esa función y fijar una población que produjera lo necesario para los barcos les mantuvo sus “privilegios” comerciales y fiscales. Un excelente alegato en ese sentido es el preámbulo del decreto de Puertos Francos de 1852 que los criollos canarios consideraron su Carta Magna, lo que los vacunó contra veleidades independentistas. Es una explicación y seguro que hay otras.

 

Existía la contradicción de fondo entre los regímenes económicos y fiscales de Canarias y la Península ya aludida. Pero no basta la contradicción para generar conflictos. Hace falta ese algo más que no se dio cuando la marea independentista americana. Los conflictos vinieron después, cuando ésta ya había pasado.

 

Se produjeron cuando el Gobierno quiso recortar los “privilegios” y someter Canarias al régimen común para incrementar sus recaudaciones en las Islas. Fue el caso de sendas reformas tributarias que se saldaron con la conversión del decreto de 1852 en ley de 1870, ratificada en 1900 al intentar Hacienda un nuevo el recorte.

 

Pero los conflictos principales los provocaron las presiones de las empresas peninsulares para eliminar del mercado canario la entrada libre de productos extranjeros que permitían las franquicias. El intento de solucionarlos fue el origen remoto de la ley de Régimen Económico y Fiscal de 1972. Madrid quiso con ella cargarse las especialidades isleñas para favorecer a las empresas peninsulares y los canarios arrancaron concesiones argumentando que eliminarlas le daría alas, ya ven, a los independentistas (y a los comunistas, por supuesto).

 

Canarias-España (IV)

 

Pasado el tren de las independencias americanas (que fueron cosa de las burguesía criollas, no movimientos de raíz popular) se emparentó el secesionismo canario con los procesos de descolonización de los vecinos africanos. Lo que para mí no tiene sentido dadas las diferencias culturales y de experiencia histórica. Tampoco creo que ayude la globalización, que está ahí fortaleciendo las interdependencias que unos bendicen mientras otros subrayan cuanto tiene de poderoso instrumento de dominio planetario de los fuertes.

 

Lo que vengo exponiendo son apreciaciones personales y como tal ha de entenderse la impresión de que los independentistas tienden a meter entre paréntesis 500 y pico años de historia de las Islas. Medio milenio considerado de opresión, sin más y sin plantearse que el tiempo no pasa en vano; que en el tour de force secular para sobrevivir quizá plantaron las sucesivas generaciones el germen de lo que habría podido ser el futuro.


Desde luego, es más cómodo intelectualmente eliminar de un plumazo esos quinientos años que indagar en ellos. Los historiadores canarios lo han hecho, pero sus considerables esfuerzos de explicación no han calado en la clase política canaria, en la que no abunda la gente leída, todo hay que decirlo. Así no sorprende la desaparición del acervo económico, fiscal y administrativo de las Islas, reducido, como dije, a unas pocas ventajas fiscales que no inciden en los problemas estructurales causantes de la miseria de miles de isleños.


En definitiva: no supieron los políticos definir Canarias como entidad con su personalidad política. Frente al independentismo y a partir de ese acervo, me inclinaría por un federalismo, tan imposible también que ni yo mismo sé para qué me he metido a escribir esta serie de artículos manifiestamente inútiles.


Y ya que menté la globalización, las inversiones en Marruecos. Es irreal clamar en contra porque Marruecos es un Estado soberano con derecho, bonito fuera, a desarrollarse como mejor le parezca. Además, a la estrategia occidental le conviene reforzar el régimen alauita frente al islamismo. Que no por eso deja de avanzar en Marruecos. En la vecina Argelia, recuerden, le negaron el reconocimiento de su victoria en las urnas.


En lo que toca a los capitales canarios, la cuestión no es si deben o no acudir a Marruecos, una discusión que distrae acerca de si esas inversiones van o no con cargo a la RIC. Sin olvidar lo inaceptable de que se dirijan al Sáhara que algún empresario isleño, indocumentado y desaprensivo, llegó a calificar de “sur de Marruecos”; con clara ignorancia de la posición hasta el momento de la ONU y un olímpico desprecio hacia los saharauis, con los que podría estarse perpetrando ahora mismo un genocidio, como acaban de denunciar las organizaciones de apoyo a su causa.

 

 

 

Canarias-España (y V)

 

Cerraré esta serie de comentarios con una especie de mapa de situación.


1) Marruecos anunció la presentación en la ONU de su propuesta de autonomía para el Sáhara bajo soberanía marroquí.

 

2) Esto tendría consecuencias: a) Marruecos “envolvería” a las Islas en su ámbito de influencia exclusiva; b) habría conflictos con los mauritanos, pues Marruecos no ha dejado de aspirar a toda Mauritania, de la que pasaría a ser frontera; c) una autonomía impuesta puede traer la deriva terrorista polisaria. Dicen que los jóvenes saharauis están cansados y que el Frente Polisario no representa ya la voluntad de su pueblo. Otros aseguran que los jóvenes (y las mujeres) son quienes más presionan para retomar la lucha armada. Hay denuncias contra Marruecos por genocidio.


3) A Canarias le conviene la independencia saharaui. Incluso a quienes no valoran los derechos y deseos de libertad de los pueblos.


4) Al bloquear el referéndum, Marruecos se ha burlado impunemente de la ONU. Su propuesta autonómica ha sido precedida de una labor diplomática para conseguir avales.


5) España podría ser uno de esos avales. Por razones de estabilidad mediterránea y para asegurarse la colaboración marroquí en el control de los terroristas islámicos.


6) El precio de ese entendimiento en el Mediterráneo podría dejar a Canarias a merced de la hegemonía que Marruecos tratará de ejercer en la zona.


7) Indicio de tal disposición española fueron las declaraciones de Saavedra a favor de la autonomía que provocaron mis comentarios.


Y 8) La única variable al alcance de Canarias es la presión sobre España. Pero los mandarines isleños no han sabido definir la personalidad política del Archipiélago, que se ha diluido, y carecen ahora de peso para reivindicarla.


Esto decía en mis comentarios. Pero varios lectores suscitaron cuestiones que no incidían, para nada, en la preocupante iniciativa marroquí a la vuelta de tres semanas. Uno afirmó, ignorante, que el asunto no interesa. Como siempre, se ha preferido discutir si son galgos o podencos cuando no hacer de avestruz.


Por último, me confieso perplejo porque la crítica a la visión de Saavedra, que se ha situado en la óptica peninsular con olvido de la canaria, se interpretó como de apoyo a su postura y a las tesis marroquíes.


Junto a esta perplejidad anoto la infamia de tildar a Saavedra de agente marroquí por ver el problema sólo desde la perspectiva peninsular. Se quiso confundir introduciendo más galgos y más podencos para ocultar la evidencia de que, a pesar de todo, Saavedra sigue siendo el mejor candidato posible a la alcaldía de Las Palmas.


Nada tiene que ver el buen gobierno de la ciudad con lo que se opine del Sáhara y no vale meterlo todo mezclado en la misma batidora; o reducirlo a una película de buenos y malos.

 

aleman@canariasahora.com

* José A. Alemán

* Fuente:

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