Los canarios ante el espejo (apuntes
nacionalistas)
Juan
Jesús Ayala
El problema de la identidad es tan viejo como la
vida misma, desde Parménides, el pensamiento sobre la
identidad es una constante en la filosofía occidental, lo que reafirma y acuña
Rubert de Ventos: la
pasión identitaria es propia de la condición humana. Y
si bien se han desbrozado en el tiempo para puntualizar el concepto de
identidad dos posiciones contrapuestas, una desde la perspectiva griega y otra
cristiana, si hay que decir que hoy estas dos presentaciones están desfasadas
dado que una vez que se ha puesto en juego el territorio, el hombre, su
pasado y, sobre todo, su futuro el paradigma actual es otro.
Alain Touraine lo
dice de una manera tajante "ya no podemos comprender el mundo en términos
sociales sino culturales". Durante medio siglo se ha organizado nuestra
existencia en términos económico-sociales, un modelo en que lo básico era el
capital, el trabajo, huelgas y mercado, pero todo eso ha finiquitado, se ha venido
abajo.
Estamos ante un nuevo paradigma, el paradigma cultural, el paradigma
nacionalista dado que la cultura y, sobre todo, el compartir esta es la
base ideológica del nacionalismo de ahora mismo. Se ha pasado de una sociedad
de lugares, a una sociedad de flujos, con movilidad, inmigración, encuentros y
choques de culturas. La identidad proporciona sentido y cobijo a la vez, crea
una práctica cómplice, un lenguaje común, un mundo propicio. Y ante esto,
cuando el canario se mira al espejo, en el referente de su historia de su
protagonismo no sólo como individuo sino como pueblo ¿qué ve? ¿Qué circula a su
alrededor? ¿Cómo se contempla en el espejo de su historia? ¿Cómo se imagina en el calidoscopio de una situación de ahora mismo confusa
y comprometida?
El hombre canario como espécimen perteneciente a
una determinada cultura, hoy aculturizada,
mediatizada y en muchas vertientes desnaturalizada contempla como la pérdida
de su personalidad es ostensible, como paulatinamente, y paradójicamente, desde
dentro, desde nosotros mismos, se ha impulsado su desintegración individual
que lo hace ser imitativo de lo del otro, de lo de fuera; lo hace sentirse doblegado, copiándose de los
demás como si al hacerlo así se sintiese mejor y más realizado. Se aleja de sí
mismo.
¿Qué circula a su alrededor como determinante de su
identidad?: políticas; demasiadas políticas teledirigidas que pretenden
confundirnos hasta de nuestra ubicación cartográfica, no situándonos en el
lugar que la geografía así dispuso. Nos henos encontrado con África así de
pronto porque anteriormente nuestros vecinos eran los mallorquines y valencianos.
Y África nos mira amenazante, nos acecha y nos compromete y también nos
define.
En el espejo de su historia el canario se ha sentido
vilipendiado y muchas veces no ha tenido más opción que procurar ser héroe, ser
rompedor y contra viento y marea luchar desde dentro y desde fuera por encontrarse;
luchar en contra de todo aquello que se ha dispuesto para difuminar su
pertenencia a un territorio concreto, a desvirtuarlo y hacerlo ver como un
artificio, como si no existiera, como si no terminara de hacerse. Nos
confundían, nos decían que lo fundamental era la lucha de clases y para ello
tergiversaban nuestra visión del mundo con pronunciamientos que ni nos iban ni
nos venían, desde guerras que no producíamos, hasta
invasiones que no deseamos. Siempre forzados a ir contra-corriente.
Y a pesar de los contratiempos de su historia, el
canario no ha cesado de buscarse, de encontrarse para una vez constituido en
una entidad cultural saber de sí mismo, recrearse desde un territorio
que le pertenece y en una historia que quiere escribir sin más dilación.
Si la identidad canaria se ha encontrado desdibujada
y secuestrada ha sido precisamente por habernos metido en el paradigma de la
lucha de clases, por el empeño de las políticas de Madrid en fragmentarnos no
solo a nivel regional sino en hacernos ver que el enemigo lo teníamos aquí, al
lado, el vecino, una isla enfrentada a otra. Pero hoy, una vez que los paradigmas
viejos han empalidecido lo que prima es el espacio cultural y
compartirlo, el buscarnos para desarrollarnos y sabernos que pertenecemos a un
territorio concreto que se llama Canarias. El patrón cultural pues es
definitivo para formar con él un gran círculo universal que conduzca a la construcción
de la comunidad canaria, porque así lo hemos dispuesto, porque así lo hemos
entendido y deseado. Cuando dejemos atrás rancios conceptos y nos zafemos de
todo aquello que nos ha desdibujado como individuos y como pueblo será el
momento del encuentro con nosotros mismos. Ahí está el trabajo, ahí el
objetivo.
La dimensión nacionalista del ser humano, su
compromiso con el territorio, la del canario con las Islas, el compartir una
misma cultura, hará que al mirarnos al espejo nos podamos ver reflejados de
manera consecuente sin eludir, por supuesto, el proceso complejo que supone la
construcción nacional a la vez paralela a la creación de nuestra identidad
territorial e individual.