La Virgen de Candelaria y Adeje

Fidel Campo Sánchez

Desde tiempos inmemoriales, la Iglesia católica ha venido cultivando el fanatismo y la superstición en sus feligreses. La conquista de las Islas Canarias,  1402-1496, es el punto de partida para, en torno a una supuesta Virgen de Candelaria y coincidiendo con algunas celebraciones de tipo aborigen, el que los conquistadores hicieran aparecer una imagen, supuestamente de la Virgen de Candelaria, en la playa de Chimisay (Güímar). Por supuesto que, como este tema produce mucho dinero, no estará nunca en vías de aclararse, pues, el tabú, el misterio es algo que la Iglesia de Roma nunca estará dispuesta a corregir y reconocer que la talla que está en la Villa de Candelaria no es la auténtica que presuntamente se le apareció a los guanches de las bandas del Sur, concretamente en los dominios del mencey Añaterve.

El temor a un cambio radical en la conducta de los fieles, que alteraría las peregrinaciones a la basílica que se levanta en el municipio de la Villa de Candelaria, llevaría a los peregrinos hacia la Villa de Adeje. Este es un temor que viene debatiéndose por grandes sectores poblacionales desde hace, al menos, cinco décadas.

Existe todo un montaje por parte de determinados intereses mercantilistas, interesados en la falsía y la manipulación de los sentimientos religiosos de las personas, para hacer creer que la imagen fue hallada por los aborígenes en el litoral del Valle de Güímar y que la misma se perdió en el triste aluvión de 1826, siendo transportada ¡milagrosamente!, por las aguas hasta la costa de Adeje. Todo ello basándose en las creencias de los guanches y de los tuareg continentales, según Cubillo Ferreira y Barrios García, y el culto relacionado con la estrella Canopo, estrella de primera magnitud, la segunda más brillante del cielo y que hoy es utilizada como referencia para la orientación de las naves espaciales y que se supone era de especial adoración de los guanches, que adoraban el sol, el fuego y el agua así como otros elementos naturales.

Debemos significar que nos basamos para relacionar a los aborígenes canarios con los tuareg no sólo por la estrella Canopo sino, y además, por que el término tuareg es de aplicación a numerosos grupos que han compartido idioma común. Étnicamente, al igual que los guanches de ascendencia bereber, su idioma y escritura llamada Tifinagh forma parte del Tamazight que es el conjunto de lenguas beréberes.

Es también pura teoría que la imagen se trata de una copia que mandó fabricar el marqués de Adeje, una mentira más para ocultar la verdad de la memoria histórica de los guanches, hoy sus descendientes. Lo primeros manipulados por persecuciones, genocidios y el temor al Santo Oficio que les reducía y obligaba a bautizarse a unas creencias diferentes a las suyas o la muerte, imponiéndoles nombres y apellidos de sus amos.

Nosotros hemos recabado información, de transmisión oral, de persona que consideramos muy cualificada y que se traduce de la manera siguiente:
La Cueva de San Blas, en Candelaria, fue, allá por 1392 (siglo XIV), ocupada por un ermitaño franciscano donde es de suponer que, entre otras imágenes, era venerada la virgen que nos ocupa el presente. Por tanto la presencia de franciscanos así como de la representación de este objeto de culto religioso es anterior a la finalización de la Conquista o genocidio de Achinet (Tenerife), como que, asimismo, se trata de una obra del siglo XII, en la que se conjuntan elementos utilizados por los templarios, no descartando la posibilidad que hubieran estado en estas ínsulas.

Según determinadas pruebas de carbono 14 efectuadas en la Cueva de San Blas evidencian la existencia que la misma estuvo habitada por religiosos de la Orden Franciscana. Los franciscanos llegaron a Candelaria, según nuestra teoría, antes del siglo XV, fecha de la Conquista de Tenerife.

Después de la Conquista, más bien genocidio, el supuesto marqués de Adeje otorgó a la congregación franciscana en Adeje, agua procedentes de los nacientes de Abinke (barranco del Infierno) que aún hoy se denomina como el agua del convento que servía para regar unas huertas en la trasera del edificio donde fue instalado su convento (vestigios vivientes, aunque remodelados son: el edificio de las Casas Consistoriales y la capilla aneja que mal se denomina con el convento, que fuera establo, deposito de cujes y cañas de la familia Montesino, cuartel del ejercito español y de los asesinos de Acción Ciudadana, salón de empaqueto de tomates y cinematógrafo).

Nuestras investigaciones, principalmente sobre bases de transmisiones orales de los lugareños y alguna contrastada con el adejero Pedro de las Casas, doctor e historiador y entrañable amigo, nos ha llevado a tener que afirmar no ser cierto el hallazgo de la imagen por los guanches, que es una patraña más de las muchas utilizadas por los invasores para imponer su cultura a costa de otras que en muchos casos eran superiores.

Es más, que la talla que se guarda en la Iglesia de Santa Ursula de la Villa de Adeje, se trata del original traído por los franciscanos de la Cueva de San Blas, primer habitáculo donde se instalaran.