Candelaria: montes y peregrinos
Wladimiro Rodríguez Brito *
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sta semana celebramos el día de Candelaria, una efemérides de honda raigambre en nuestra sociedad y que, a diferencia de otras festividades, tiene una prolongada repercusión en el territorio y con una duración prolongada, de 4 ó 5 días. Desde Buenavista del Norte a los caseríos de Anaga. Este acontecimiento se produce en el mes más seco y cálido de todo el año, con lo que se convierte en un riesgo que tenemos que asumir y valorar los que tenemos la responsabilidad de velar por la integridad de nuestro medio ambiente.Por lo tanto, fiesta, peregrinos y naturaleza (masa forestal) suponen una conjunción de factores de riesgo que no concurrían en el pasado. Eso se explica porque desde el siglo XVI hasta la segunda mitad del XX, los peregrinos eran en su mayoría campesinos que conocían y dominaban el territorio, pues su actividad económica está vinculada al propio monte, a sus recursos y sus problemas. Por supuesto, los caminos a Candelaria estaban más que trillados, ya que eran las únicas "autopistas" de la isla. Hoy los pocos caminos que quedan en condiciones a la villa mariana apenas son conocidos por un puñado de buenos conocedores del territorio, montañeros y trabajadores de Medio Ambiente, en su mayor parte.
No deja de resultar triste que en una sociedad como la nuestra, que presume de ser europea, avanzada y desarrollada, la mayor parte de los miles de peregrinos que acceden a Candelaria desconocen las cuatro claves básicas de nuestra geografía. Muchas de estas personas que no frecuentan la naturaleza durante el año, acceden a los espacios forestales, repletos de vegetación altamente combustible y, por tanto, con un riesgo de incendio potencialmente muy alto. Con la desaparición de los miles de pinocheros que "barrían" nuestros bosques, obligados por "doña Necesidad", y tras un húmedo invierno y un largo verano -no llueve desde marzo- los montes se han sobrecargado de maleza seca y pinocha, lo que representa un material altamente combustible, propicio para la propagación del fuego. Hay que decir que gracias al esfuerzo de varias generaciones de isleños para construir galerías y canalizaciones no tenemos que estar haciendo rogativas a la Virgen de Candelaria para que el cielo nos otorgue el preciado elemento.
También nos quejamos de que un número no desdeñable de estos "peregrinos" portan también su propio "combustible" alcohólico y que otros años precedentes encontramos una gran cantidad de basura abandonada a lo largo de los márgenes de los senderos, generando a su vez un problema adicional para el operativo de Medio Ambiente. En definitiva, estos son problemas que esta sociedad debe conocer, asumir y tratar de resolver, entre todos. Por todo esto ni la señora ministra de Medio Ambiente, ni sus decretazos, ni este consejero de Medio Ambiente que les habla son capaces de poner puertas al cielo si no somos capaces de conseguir que el sentido común, la educación y la conciencia ambiental calen en todas las capas de nuestra sociedad.
Como en años anteriores, escribo estas líneas con la intención de apelar a las conciencias de los peregrinos y caminantes a Candelaria, en especial, dar un toque de atención a la juventud tinerfeña y a sus padres, para que recorran el itinerario hacia la Basílica con alegría pero también con civismo y conocimiento. Si conseguimos este objetivo significará que esta actividad se celebrará sin incidentes a destacar y, en consecuencia, no sólo el plano religioso y lúdico serán importantes sino también el ambiental y el cultural, tan importantes al menos como los dos primeros. Asimismo, no quiero olvidar el trabajo que durante este fin de semana han desarrollado numerosos voluntarios ambientales, desde los montañeros de la Federación Canaria de Montañismo, que han guiado a los peregrinos por el Camino Viejo, hasta los miembros de la entrañable y necesaria AEA (Ayuda en Emergencias Anaga), siempre dispuestos a participar y a velar por la seguridad de estos eventos. Sin olvidar -por supuesto- a todos los grupos de voluntarios que han participado en el dispositivo de prevención de incendios. Es importante para ellos, para todos nosotros, que su colaboración desinteresada sea reconocida y valorada en su justa medida por toda esta sociedad. Su compromiso con el medio ambiente y este pueblo se pone de manifiesto con trabajo y participación, no sólo con protestas y manifestaciones. Sin ellos no podríamos realizar el importante despliegue de personas y medios que se ha puesto en marcha durante este fin de semana. En nombre de la isla de Tenerife y en el mío propio quiero transmitirles un sincero agradecimiento y la más cordial felicitación.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife