La Virgen de Candelaria y la
Orden del Temple
Pedro
González Cánovas
Corre el año 1118 d.c. cuando en Jerusalén, aún en
manos de los Cruzados, se crea la conflictiva Orden del Temple. La misión
oficial de esta Orden no era otra que patrullar los caminos de Tierra Santa, a partir
de ciertos enclaves fortificados, con la intención de proteger a los peregrinos
cristianos de las bandas de salteadores herejes.
La Orden fue fundada por nueve caballeros que salieron de
entre todos los cruzados que recorrían Tierra Santa, consiguiendo que el rey
les diera alojamiento en su palacio. Durante los nueve primeros años no
admitieron nuevos reclutas en sus filas (según Guillermo de Tiro) y es que
durante ese periodo no consta actividad alguna por parte del Temple, siendo un
misterio el hecho de que ni siquiera el cronista oficial del Rey, Fulk de Chartres, hiciera
referencia a ellos. Con el paso del tiempo sus filas son incrementadas por
personajes famosos y pudientes a los que, originalmente, no se les encuentra
relación con los pobres caballeros fundadores. Aumentando su poder social y
riquezas hasta límites insospechados en un principio. Lo cierto es que la Orden continua operando, a
veces de manera pública, y presumiblemente, la mayoría de las veces, de forma
secreta, durante varios siglos, durante los cuales su poder creció haciendo
temer a los mismísimos cimientos del Cristianismo, que el ocultismo esotérico
que entrañaba, sumado al poder que adquiría en las sombras, hiciera peligrar la
fe. La fecha de disolución y destrucción de Los Templarios, la historia la sitúa
entre 1307 y 1314. Sin embargo, recientes investigaciones aseguran que tras los
caballeros templarios había una orden secreta, el Priorato de Sion, que en realidad había creado a Los Templarios como su
brazo militar y administrativo. Se asegura también que «La Prieuré
de Sion existe y sigue funcionando hoy en día.
Influye y participa en asuntos internacionales de alto nivel, así como en
asuntos internos de ciertos países europeos».
Sin embargo, hay quién no duda al tachar a la imagen
de La Candelaria,
aparecida en fecha indeterminada entre 1390 y 1406, en ser -textualmente- «la
última Virgen Negra del Temple», cuando -como hemos citado anteriormente- la Orden desapareció
oficialmente a principios del siglo XIV. Todas las vírgenes negras fueron
achacadas por la historia, a la
Orden del Temple. Llegando hasta tal punto esta aberración
científico-histórica que las divide en dos épocas: La primera, o Etapa Inicial
o Clásica, comprendida entre los siglos XI y XII, cuando los cronistas de la
conquista (algunos religiosos) fechan la aparición de la Virgen de Candelaria. Éstas
son imágenes negras, clásicas, románicas.
La segunda etapa, o Etapa tardía, correspondiente a
los siglos XIII, XIV y XV. Cuando ya los invasores europeos estaban inmersos en
la conquista y colonización de Chinet (Tenerife), en
esta época ya aparecen imágenes atípicas, en pie, de estilo gótico tardío y
gótico arcaizante, incluyéndose en este grupo las imágenes que aparecieron en
América, para sincretizar divinidades nativas,
durante el siglo XVI. Lo cierto es que mientras que en la primera etapa las
imágenes eran incluso estatuas de otras diosas reutilizadas en el culto
cristiano, o incluso estar inspiradas en ellas, las aparecidas en la segunda
etapa venían a sustituir a las muchas imágenes adoradas por los nativos,
misteriosamente desaparecidas. El hecho de tener que sustituir un culto pagano
se tenía que revitalizar haciendo ostentación de milagrosas apariciones; todo
ello para que cumplieran correctamente su función de cristianización y la
consabida colaboración del colonialismo cristiano.
Desde 1485, el Obispado de Canarias tiene su sede en la ciudad de Giniwada (Las Palmas de Gran Canaria). Quedando la
jurisdicción eclesiástica sobre todas las islas del archipiélago establecida
desde esta ciudad. En el año 1819 el Obispado fue dividido en dos, creándose un
nuevo Obispado en La Laguna
(Aguere) que se llamó Obispado Nivariense y que tenía
en su ámbito a las Islas Occidentales. Conservando el Obispado de Canarias su
jurisdicción sobre las Orientales. En 1867, el obispo de Canarias, Luch y Garriaga, amplía a toda la Diócesis Nivariense
el patronazgo de la hasta entonces patrona del municipio de Candelaria, Virgen
de Candelaria. Ya que por aquel entonces, Luch y Garriaga, ostentaba simultáneamente el cargo de
Administrador Apostólico de la Diócesis Nivariense.
Por otro lado, en 1914, el Papa Pio X, emite un
decreto por el cual la advocación del Pino es designada Patrona Principal de la Diócesis de Canarias,
convirtiendo a La del Pino en patrona oficial de las Islas Orientales. Siendo
ésta vía la única correcta para la designación de una -inexistente- patrona
general del archipiélago canario, no dejaremos de "echar de menos"
una actitud pro-unidad territorial en las formas eclesiásticas. Todo ello
contra los razonamientos de quienes pretendan que la imagen cristiana de la Virgen de la Candelaria -que
posiblemente vino a sustituir a una divinidad nativa- sea considerada
Patrona del Archipiélago.