LOS CARGADORES DEL CORPUS DE LA OROTAVA
Agapito de Cruz Franco
Hay momentos en los que el pueblo se
reúne en torno a sí mismo. En esos instantes se unen el presente, el pasado y
el futuro. Aunque ocultos tras festividades y creencias, el protagonismo
indiscutible se lo lleva el propio pueblo. Ese, que algunos de tanto
palabrearlo no lo ven ni aunque riadas del mismo pasen delante de sus narices.
Uno de esos días emblemáticos es el 14
de junio, día en que se celebra la
Octava del Corpus de La Orotava, sus alfombras y su procesión. El rito
hace que haya dos planos bien diferenciados: los que caminan y los que ven
pasar la procesión. Sin embargo, oculto bajo el Misterio, está esa parte del
pueblo desconocida, casi ignorada, y sin la que sería imposible el milagro de
esta eclosión popular, para unos de religiosidad, para otros de cultura, para otros
más de historia y para todos de belleza y arte efímero.
Son los cargadores de las andas y la Custodia del Santísimo
Sacramento. Y tienen toda una leyenda detrás. La familia Expósito González, de la Calle Nueva de la Villa de Arriba, en San Juan
del Farrobo, es la responsable de portar estas andas
de la Fiesta Magna
de La Orotava
desde la década de 1920. Don Gumersindo
Expósito, ya fallecido, dio paso en la organización de los cargadores a su
hijo mayor Manolo Expósito quien actualmente
ya no carga pero que lleva el peso de la organización. En escasos m2 – los
portadores de las esquinas tienen que moverse en todo el recorrido en apenas ½
m2- se apiñan entre el calor y la falta de espacio. Ocultos tras el cortinaje
van actualmente: Tomás, Carmelo,
Gumersindo y Jesús Expósito, Antonio Rodríguez, José Mª Bautista, Eusebio
Amaro, Pablo(hijo), Juanjo
González Expósito, Jesús Cabrera… Habría que recordar, entre otros muchos
cargadores antiguos al célebre Jalisco, Quirico, Miguel Angel o Amadeo
Rodríguez. Dada la orografía de las calles por las que transita la
procesión, hay tramos de auténtico sufrimiento y que solo es superado por el hecho
de hacerlo por voluntad propia y como un rito que viven y fundamentan en su
religiosidad. Los peores momentos son al comienzo, entre la salida de la Iglesia de La Concepción y la Casa Monteverde.
Luego la calle Colegio por su pronunciado desnivel, y por fin, en la entrada y
salida de la Plaza
del Ayuntamiento, donde únicamente unas escaleras permiten su acceso. Es quizá,
el momento de más peligro ante los más de 300 Kgs. de
peso de las andas y la
Custodia y sin apenas ver nada. Antiguamente se hacía por su
lado derecho, pero hoy en día se entra por el propio centro de la escalinata al
haberse modificado la calle.
Las anécdotas que tienen en sus alforjas
son muchas. Lo primero que te cuentan es la sensación externa de que parece que
los que llevan la Custodia
sean los 4 presbíteros cogidos a los extremos de las andas. Incluso se quejan
de que estos, que van simplemente decorando la escena y guiando el recorrido,
les dé a veces por hacer presión hacia el suelo como sujetándose. Otras tienen
que ver ya con la historia. En alguna entra en escena Obispos como Franco Gascón. Pero eso queda para sus
protagonistas y quienes se acerquen a ellos a compartir la ilusión que ponen en
este servicio a la
Comunidad.
Si el Corpus de La Orotava es por méritos
propios la Fiesta Magna
no sólo de la Villa
sino, dado el escenario, la historia y la decoración, una de las más
representativas de la Fiesta
del Corpus a nivel internacional. Si este evento constituye por sí mismo una
explosión de participación popular y de religiosidad, nada de ello sería
posible sin el motor que mueve su sancta sanctorum:
los cargadores de las andas y la
Custodia de La Iglesia Matriz de La Concepción. Su humildad
y ausencia total de protagonismo contrasta con la luz y el dorado de la
escenificación. Reflejan como nada ni como nadie, la esencia de un mensaje que
surgió hace más de 2000 años con los viejos estoicos y sus ideales de humanidad,
bondad y fraternidad y que recogería luego el Cristianismo primitivo. Más allá
de los ritos. Más allá de las palabras. Más allá de las jerarquías y del poder.
Para ellos y por ellos, este reconocimiento.