żUn Caribe sin complicaciones?

Juan Manuel García Ramos

Acaso esa definición tan generosa del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique sobre Canarias: un Caribe sin complicaciones, tengamos que revisarla tras el paso de la tormenta tropical "Delta", que para nosotros no fue ni tormenta ni tropical, sino un huracán en toda su regla, si nos atenemos a las acepciones de los diccionarios más autorizados y desoímos a los portavoces de la meteorología, esa ciencia tan inexacta como necesaria. Las terminologías meteorológicas más ajustadas nos dicen que este tipo de perturbaciones pueden ser de tres tipos: depresiones tropicales, con vientos que no superan los 62 kilómetros/hora; tormentas tropicales, con vientos que están entre 62 y 117 kilómetros/hora, y los huracanes, con vientos de más de 118 kilómetros/hora. Hagan ustedes las cuentas y verán que es verdad lo que les digo.

En cualquiera de los casos, si el cambio climático prosigue y la inmigración subsahariana persiste, pronto nos caribeñizaremos. A J. J. Armas Marcelo también le gustaba decir que Canarias era el Caribe sin negros. Afirmación que pronto puede perder todo fundamento. Ya algunos de los que nos visitaban nos veían "aplatanados", que es un cubanismo que significa adaptarse al medio y dejarse envolver por su influencia. En Cuba "aplatarse" también se consideraba sinónimo de "acriollarse".

Huracanes al margen, e improvisaciones gubernativas demostradas, sobre todo los responsables de advertirnos qué era lo que se nos venía encima, Canarias siempre ha consistido en una duda geográfica, que algunos hemos resuelto a base de vincularnos con el Atlántico que nos rodea -nunca hemos sido más hijos de ese océano importador y exportador de fenómenos atmosféricos para todos los gustos y disgustos-, otros -bastante majaderos, como mi amigo Antonio Cubillo- asimilándonos sin más a África, y otros, como mi apreciado Francisco García-Talavera, situándonos en el solar macaronésico, junto a Madeira, Azores, Cabo Verde y parte de ribera del continente vecino; y por último, los más cursis, que les encanta hablar de una plataforma tricontinental y demás hierbas.

La compañía encargada del fluido eléctrico en las Islas ha sido denunciada por el alcalde Zerolo con cierta valentía y si es verdad que lo ocurrido en Tenerife, con la caída de las torres de acero de alta tensión, podía haber sido reparado en cuarenta y ocho horas de haber sucedido en Madrid, el asunto merece un detenido análisis y el requerimiento de las indemnizaciones legales exigibles en estos casos. Por otra parte, żes verdad que UNELCO exige a las urbanizaciones privadas la instalación de torretas capaces de soportar vientos de más de 300 kilómetros/hora y luego utiliza para sus redes convencionales torretas que no llegan a soportar ni siquiera 200 kilómetros?

La tecnología de la que disfrutamos tiene en la electricidad su madre nutricia y un corte de fluido puede deparar un colapso de nuestra actividad diaria de consecuencias impensables. La ciudadanía ha estado a punto de estallar y espero que cuando aparezcan estas líneas todo haya vuelto a la ansiada normalidad.

El huracán padecido la tarde y la noche del día veintiocho de noviembre nos ha unimismado a los canarios como pueblo y nos ha atlantizado aún más de lo que estábamos. Pero hemos aprendido otra lección de nuestra imprevisible madre naturaleza: en situaciones de emergencia como las vividas, la organización insular se impone. Los cabildos y sus presidentes han sido las piedras angulares para viabilizar el diálogo de administraciones, que por cierto ha devenido un diálogo sosegado, sensato y casi casi ejemplar.

Por lo menos, ésa es la experiencia que tengo de las cosas desde Tenerife, donde vivo. Tras tanto zarpazo político en el vacío, cuando la vida transcurre sin sobresaltos atmosféricos, es agradable contemplar a un presidente de cabildo junto a un subdelegado de gobierno y un consejero autonómico y otros cargos de esa administración, trabajando codo con codo y sin rivalizar en protagonismos innecesarios. Creo que así ha sido en todas y cada una de estas islas Canarias, cosa que nos honra y sobre todo honra a las autoridades, que por una vez merecen el respeto que todos les debemos.

Dicen los expertos estadounidenses en huracanes que este año han tenido que echar mano del alfabeto griego para no quedarse sin nombres que darles a tantas catástrofes como las sufridas. Se acaba así el "Delta" y ya se anuncia el "Épsilon"; esperemos no llegar al Omega antes de que se acabe la temporada, que es como una liga de fútbol pero mucho más movida.

Los canarios no estamos familiarizados con esa nomenclatura de destrucción. Hasta ayer todos esos sucesos nos parecían ajenos y lejanos, muy lejanos, y de pronto se nos vuelven vecinos de puerta con puerta. Las causas de estos precipitados climatológicos dicen que están en el calentamiento del Planeta por el aumento de las emisiones de gases contaminantes, como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.

El tan traído y llevado Protocolo de Kioto, firmado en esa ciudad nipona en 1997, aboga por una reducción de esos gases contaminantes, pero países tan industrializados como Estados Unidos parecen estar muy alejados de un acuerdo internacional que racionalice medidas al respecto y frene este imparable envenenamiento de la atmósfera. Esto es al menos lo que dicen los científicos, aunque la ciencia tampoco puede entenderse como un absoluto. El mundo giró siempre a su antojo y el caos y la tranquilidad se han repartido los milenios, los siglos, los años y los días.

Los canarios estamos sufriendo estos días nuestra pertenencia al segundo océano más grande del mundo, como en otras ocasiones hemos padecido el ser también vecinos del desierto más grande de la Tierra. Hasta dos millones y medio de toneladas de polvo sahariano llegan cada año a nuestros suelos insulares. Entre calinas, o calimas, tradicionales y huracanes de nuevo cuño, las cosas se pueden poner feas para el medioambiente de las Islas. Será cuestión de paciencia y de ser más previsores de lo que hemos sido hasta ahora.

Aunque si quieren que les diga la verdad, me he llevado una sorpresa con nuestro pueblo estos días. La radio se ha vuelto un medio de comunicación inestimable a la hora de organizar a nuestra población en situaciones límite como las atravesadas esta semana, y a través de nuestros transistores nos íbamos haciendo una idea de la dimensión de lo que sucedía. Todo eso estuvo muy bien. Pero mejor era comprobar cómo nuestros sufridos conciudadanos no perdían el humor y a través de los SMS hacían llegar a las ondas las ocurrencias más inusitadas: "el circo nacional chino se quedó chin agua y chin luz", decía uno de esos mensajes; otros preguntaban qué iban a hacer con los mariscos que tenían comprados para las navidades si no le ponían la luz a tiempo. En fin, un vacilón continuo que contrastaba con las horas amargas que todos vivíamos. Una fiesta radiofónica que me hizo reír a pierna suelta durante el caos en el que nos sumía el viento venido de la otra parte del Océano. A lo mejor, también se nos ha pegado el lote caribeño y empieza entre nosotros una historia desconocida de la broma colectiva. ˇVivir para ver! De esta tierra nuestra, me gustan hasta sus defectos. Voy a releer Tres tristes tigres, por si acaso.