Los plátanos:
éxito en Bruselas,
aquí la casa sin barrer
Wladimiro
Rodríguez Brito *
Lamentablemente,
después de conseguir unos buenos resultados en las negociaciones en Bruselas,
en nuestra casa las cosas continúan por mal camino. Algunas veces da la
sensación de que por mucho tiempo que llevemos denunciando una situación, las
cosas apenas cambian y eso es lo que ocurre con el plátano de Canarias, nuestro
principal producto de exportación. Los problemas "familiares"
continúan comprometiendo la pervivencia de este cultivo tan importante no sólo
para la economía insular sino para el medio ambiente y el paisaje de las islas,
incluso el coste de la vida, ya que los plátanos pagan el flete de retorno de
los barcos que nos abastecen.
El período electoral
ha pasado y apenas hemos recibido mensajes de los candidatos a
Ante estas
circunstancias resulta oportuno señalar que este cultivo, que aún mantiene la
mayor superficie regada del Archipiélago, próxima a las
La comercialización
sigue siendo el talón de Aquiles del sector, por lo que volvemos a solicitar
que se tomen medidas que resuelvan o palíen esta
problemática que compromete la supervivencia de un cultivo que además de
economía de miles de familia equivale a paisaje, medio ambiente y pervivencia
de la cultura y el mundo rural. La presión continua de las multinacionales de
la distribución y la concentración de la demanda les permite una mayor
competitividad frente a la tradicional atomización de los productores canarios,
divididos en 30 ó 40 marcas diferentes, con una clasificación que obedece más a
caprichos que a calidades. Todo esto supone una carga demasiado pesada para
nuestro producto estrella y una tensión interna creciente que nos divide y
debilita día a día, entre las entidades comercializadoras, en teoría unidas en
ASPROCAN, pero que en el fondo subyace un mundo de miserias y de cortedad de
miras.
Por todo esto
pretendemos con estas líneas que nuestros agricultores y también los que
tenemos responsabilidades políticas hagamos un nuevo esfuerzo por desvirtuar la
tan repetida polka de Nijota,
desterrándola de nuestra vida diaria y marginándola sólo a los conciertos de
Los Sabandeños. La realidad incuestionable es que los
agricultores continúan cobrando -cuando cobran- precios ruinosos para su
trabajo y esfuerzo. Por no hablar de los millones de kilos (más de 10 en lo que
va de año) que han sido arrojados a los barrancos de las islas mientras en la
inmensa mayoría de los restaurantes canarios es imposible conseguir siquiera un
dedo de plátanos. En estas condiciones, no es fácil atisbar un horizonte mejor
para nuestros agricultores plataneros a no ser que se realice un esfuerzo
colectivo y unitario, y se luche contra la división existente entre producción
y comercio, que recorren caminos distintos. Ya resulta utópico pensar que somos
capaces de encontrar mercados allende Los Pirineos, pero al menos sería
imprescindible que realizáramos un esfuerzo serio por conservar a los únicos
compradores que aún continúan comprando fielmente nuestros plátanos, los
consumidores peninsulares. Ya hemos perdido una importante cuota de nuestro
mercado dada nuestra escasa fuerza y organización para defenderlo, sin embargo
aún estamos a tiempo de corregir el rumbo de esta nave a la deriva. Es urgente
y necesario una mayor unión y liderazgo que hoy parece brillar por su ausencia.
Unificar marcas, empaquetados y entidades, pero también actuando y participando
en la comercialización en destino, incluidas algunas mínimas cotas de mercado
al norte de los Pirineos, por lo que resulta fundamental y prioritario actuar
con criterios profesionales, superando nuestras miserias locales.
Tenemos que pactar un
precio fijo razonable para los agricultores, superando el actual sistema de
venta en consignación, para ello hemos de conseguir unas relaciones más fluidas
entres las entidades comercializadoras y los consumidores. De esta forma,
lograríamos un comercio más comprometido con la agricultura y garantizaríamos
el futuro de este importante sector.
* Consejero del Cabildo Insular de Tenerife