’Cautiverio en el Sahara’

Jose Luis Sánchez Parodi

A Juana, mi amiga y paisana

Este recuerdo que aparece hoy yacía dormido en mi memoria, y lo ha avivado un libro que me envía desde Madrid esta amiga -Juana Sánchez-Gey Venega-, profesora de Filosofía en una de las universidades de la capital de la nación, donde actualmente ejerce sus actividades, como antes las ejerció, con inigualable celo, en la Universidad lagunera, donde dejó una estela honda de afectos y simpatías, junto a su buen quehacer docente.

El libro tiene un indudable interés por el tema que trata, que es el secuestro de las patrullas ’Pedro’ y ’Domingo’, pertenecientes a la Agrupación de Tropas Nómadas españolas, ocurrido cuando vivaqueaban por el citado desierto, en el año 1975, secuestro que fue realizado por soldados nativos integrantes de dichas patrullas, que pertenecían a su vez al Frente Polisario.

Ahora, cuando España dejó la tierra africana, surge la Historia con su poderosa eficacia y nos trae a la luz este libro, treinta años después, donde se relata, con gran serenidad y culto a la verdad, un hecho cuya autoría exige una explicación.

En 1975, después de ponerse fin al secuestro, el teniente Juan M. Sánchez Gey Venega, que mandaba la patrulla ’Pedro’, liberado, como el resto de los demás compañeros, cuatro meses después de estar privados de libertad, al llegar a Cádiz, sede de su familia, no escribió sino que dictó sus palabras, narrando lo ocurrido en doce cintas de ’cassette’, y ello con la intención de no hablar más de lo sucedido. Hay recuerdos que queman, cuando se afincan en la memoria, y demandan también su liberación, para que no puedan constituir una obsesiva constante en la persona, que quiere continuar su vida normalizada y seguir proa libre a todo cuanto le resta por realizar.

Pero no lo entendió así su padre, hoy retirado por edad, teniente coronel, quien percatado de la aventura histórica seguida por su hijo, que estimaba digna de publicarse, y con vocación literaria, sobreponiéndose a sus más íntimas emociones, pasó las cintas expresadas al papel, padeciendo el eco de la grabada voz de su hijo, y conteniéndose o enjugando las lágrimas, con la serenidad que le daba su carrera, logró su propósito, que ahora, treinta años después, se refleja en este libro, que me atrevería a calificar de doble autor, porque van mezcladas la espontaneidad del hijo y la reflexión y experiencia del padre.

Naturalmente que no puedo particularizar el relato literario de la sedición violenta de unos soldados contra sus jefes inmediatos, a su vez explicando la línea argumental, hasta el final sobre cuanto ocurrió en la liberación de los secuestrados, porque entonces mi personal análisis se convertiría en un fraude a la curiosidad e interés del lector, privándole de la esencia del relato.

Pero sí me es lícito dejar mis impresiones personales sobre la blanca hoja de papel donde escribo y subrayar así la firmeza y rotundidad con que se expresa el autor, llamémosle originario, del libro, remarcar el valor demostrado por todos los secuestrados y el recuerdo mantenido de España y de sus familias. Es lógico el natural temor de los primeros momentos a ser asesinados, así como la normal preocupación de los varios cambios de lugar sufridos, cubiertos los ojos, intentando intuir o adivinar el sector del desierto que recorrían en vehículos, hacinados y maniatados, ignorando siempre adónde los llevaban.

Nadie que no haya estado en estas peligrosas situaciones podría comprender la resistencia y autodisciplina de estos cuerpos y espíritus, la solidaridad viva y profesada de estos soldados para no desmayar un solo instante, y el riesgo de que los secuestradores puedan humillarlos o vejarlos para el resto de su existencia.

Curiosamente, a medida que pasa el tiempo, se va aclarando la situación, la relación entre unos y otros se hace más llevadera, y con ello, la convivencia de que los polisarios no les van a causar daños mayores, abriéndose la libertad de escribir a sus familias y recibir las pertinentes contestaciones; entonces, reciben libros que les proporcionan sus guardianes, como ’Lola, espejo oscuro’ de Darío Fernández Flórez, para darle humor y gracia a la cosa.

"Cautiverio en el Sahara" me trae la nostalgia de mis veinte años, en que leyera las tres novelas -creo que de P. C. Wren- y que imperaron tanto en la juventud de entonces, ’Beau Geste’, ’Beau Sabreun’ y ’Beau Idealas’, y recuerdo también, en este cuarto centenario del Quijote, la semblanza del soldado Miguel de Cervantes, prisionero, precisamente en Argel, donde estuvieron privados de libertad los personajes de este secuestro.

Posee el libro fotocopias de las cartas escritas por el autor a su familia, ocultándole los malos ratos, animándoles a que sean optimistas, cartas que revelan una personalidad chispeante y divertida, como cuando les pregunta a su familia, por los resultados del Trofeo Carranza, lo que refleja un tono jovial, alegre y divertido del hoy coronel del Ejército.

Por último, cabe recalcar la conducta amistosa en el trato de los polisarios, la intervención de Argelia, la consiguiente y feliz libertad de estos hombres secuestrados y pendientes -todavía- de obtener su independencia, en el juego oculto de naciones que yo ignoro, los saharauis.

Fuente: Diario de Avisos, 3-07-2005