Cazadores, peregrinos y medio ambiente

Wladimiro Rodríguez Brito *

Estas primeras semanas de agosto han supuesto una dura prueba para los que tenemos la responsabilidad de gestionar el medio ambiente y los espacios naturales de Tenerife. Para empezar, teníamos la apertura de la veda de caza, un periodo largamente esperado para los algo más de 10.000 cazadores que viven en esta isla. Además, Candelaria -como en años anteriores- ha atraído a miles de peregrinos que han atravesado de cabo a rabo nuestros montes con la intención de alcanzar la villa mariana. Estos dos grandes acontecimientos afectan sin lugar a dudas la gestión ambiental de los espacios forestales, aunque el segundo tiene un carácter más puntual y circunscrito al "puente" festivo.

Asimismo, no podemos olvidar que los efectos del decreto ministerial sobre la prohibición de circular en vehículos por los montes ha perdurado, generando una cierta incertidumbre sobre la población afectada. En ese sentido, había que tranquilizar a la opinión pública. En la isla de Tenerife las personas que transitan a pie nunca han tenido prohibida esta actividad por ley. Otra cosa diferente es el acceso en vehículos y recorrer las pistas en todo-terrenos, motos, etc. Finalmente, se logró que dadas las peculiaridades de las islas pudiéramos adaptar el decreto para prevenir las verdaderas amenazas para estos ecosistemas. De esta manera, los cazadores pueden acceder al lugar de caza pero evitando el tránsito indiscriminado, de la misma forma que los colmeneros, los pinocheros o los que realizan trabajos forestales.

Después de casi tres semanas de aplicación de este decreto y sus especificidades insulares el balance ha sido positivo. En primer lugar tenemos que felicitarnos por el civismo y el escrupuloso respeto al medio ambiente del que han hecho gala los cazadores, en una coyuntura especialmente difícil para todos. Estamos convencidos de que esta actitud demostrada será la tónica dominante el resto de la temporada.

En segundo lugar, tenemos que manifestar que también los miles de peregrinos, que han cruzado nuestros montes en este último fin de semana, han tenido un comportamiento mayoritariamente exquisito con el medio. Bien es cierto que aún persisten algunos comportamientos insolidarios y agresivos con la naturaleza, pero se han visto reducidos a grupúsculos de jóvenes y no tan jóvenes que arrojan basuras en medio del monte, sin ningún tipo de respeto ambiental. En el mismo sentido, caminar campo a través también supone un problema para nuestro medio ambiente que tenemos que esforzarnos en conjurar año tras año.

El día después, el pasado 16 de agosto, pudimos evaluar sobre el terreno las consecuencias de este masivo tránsito por los montes, en especial, los 16 kilómetros de mayor confluencia de personas, los correspondientes al tramo entre La Crucita y el Volcán de Arafo, en la Caldera de Pedro Gil. El personal de medio ambiente dispuesto para apoyar a los peregrinos en esta zona contabilizó una cantidad de personas superior a las 7.000. Y es que aquí se unen los caminantes que vienen de La Orotava y de todo el Noroeste de Tenerife, desde Guía de Isora hasta la ladera de Santa Úrsula. Si bien es cierto que el operativo de Medio Ambiente ha tenido que recoger tres camiones de basuras, no lo es menos que la cantidad de residuos es inferior a años precedentes y que tiende a disminuir a medida que transcurre el tiempo.

En definitiva, el civismo y el compromiso ambiente parece que va ganando enteros en importantes colectivos de nuestra isla, sean cazadores o peregrinos. En este sentido, las conclusiones son muy positivas porque nos muestran una dinámica de creciente concienciación y respeto a la naturaleza que progresa en la sociedad tinerfeña. Algo digno de reseñar y que trae un soplo de esperanza a esta isla. Es cierto que se habla mucho de lo importante que es el medio ambiente para todos pero con excesiva frecuencia muchas veces encontramos falta de actitud individual en su protección. Estos dos ejemplos mencionados hoy nos ofrecen un panorama alentador cara al futuro.

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife