Puntualizaciones a "No hay manera"
(y III) (de Jaime Morera en La Voz de La Palma del 7 al 20 de abril, 2006)

Cecilia Hosinsky *

No es mi intención meterme en polémica con el Sr. Morera, pero quiero aclarar una cosa. El Sr. Morera escribe: "en un texto árabe escrito por el cronista Ibn Jaldum, en el siglo XIV, nos habla de la presencia en Canarias de francos, precursores tal vez de los normandos, aunque lo más seguro, eran sus ancestros vikingos asentados en estas islas durante sus expediciones de los siglos X y XI, que alcanzaron a todo el mundo europeo y Atlántico conocido, llegando en el XI a 'New Found Land' en Canadá".

La prehistoria canaria ha sido siempre campo abonado para los amantes de interpretaciones fantasiosas (Alfredo Mederos Martín). Uno de los mitos más importunos es el de la presencia de los vikingos en Canarias, o hasta la procedencia de la gente indígena de los vikingos. Sin embargo, estas ideas no están basadas en hechos reales.

Hay dos fuentes principales al conocimiento de los vikingos: la arqueología y los textos literarios. Los hallazgos arqueológicos proceden de excavaciones de enterramientos y de construcciones como cimientos de edificios, normalmente viviendas. Hasta ahora, en las Canarias no se han hallado restos de edificios o tumbas que se puedan conectar con culturas nórdicas, sean de la época vikinga o de otros tiempos. (La época vikinga empezó, por definición, con la conquista y destrucción del convento de Lindisfarne en 793 y terminó con la derrota de los vikingos en la batalla de Hastings, en 1066, en Inglaterra.)

Las fuentes literarias de interés en nuestro caso se dividen en tres grupos:

1. Sus propios escritos. Los vikingos eran literatos. Escribían con las runas, en general mensajes breves en tablitas de madera (de ahí la forma de las runas). La mayor parte de éstas se han perdido. Pero también escribían textos en materiales más duraderos, como el mármol del famoso león que originalmente se encontró en Pireo, fuera Atenas, y las piedras rúnicas. Estas piedras no son monumentos sepulcrales sino recordatorios de obras ejecutadas para el bien de la sociedad, como p.ej. un puente, o en memoria de personas fallecidas, con frecuencia en el extranjero. Por medio de las piedras rúnicas podemos seguir los viajes de los vikingos por toda Europa. En ellas figuran nombres como Sárkland (el país de los sarracenos, es decir, el territorio mediterráneo dominado por los árabes) y Jorsala (Jerusalén) y muchos otros sitios remotos. Sin embargo, no hay referencia alguna que se podría conectar con las Canarias.

2. Otras fuentes a los viajes de los vikingos son las sagas de Islandia. Durante varios siglos sólo se mantuvieron en tradición oral, hasta que, en el siglo XIH, se pasaban por escrito, con runas sobre pergamino de pieles de oveja. Las sagas nombran, entre otros lugares, Vinland (Newfoundland), cuya existencia se ha podido demostrar por medio de excavaciones arqueológicas. No hay saga alguna que nombra las Canarias.

3. Hay textos árabes de esta época que nombran a los vikingos. Ibn Khordadbeh nos informa, a mitad del siglo noveno, de los viajes de los vikingos a los Mares Negro y Cáspico, y cuenta que comerciaban con espadas y pieles de castor y zorro. Ibn Fadlan conoció a vikingos en un viaje diplomático a los búlgaros de Volga y relata sus costumbres, entre otros eventos en un entierro, en el año 921. Ibn Miskawayh describió la conquista de Berdá en 943 por los vikingos.

Los autores árabes-persas llamaban a los /p vikingos Rus (de ahí Rusia). Los autores del Islam del oeste llaman Madjús a los vikingos que participaban en las correrías a España en 844 s., 858 s. y 966-971. Recuerdos de estos viajes son las monedas árabes halladas en grandes cantidades en las tumbas nórdicas. Sin embargo, las fuentes árabes nunca nombran a los vikingos en conexión con las Islas Canarias.

En 999, año 334 de la Hégira (el calenda rio árabe), estaba el capitán árabe Ben Farrouckh en las costas lusitanas para guardar las de saqueos de piratas normandos. |ii Ellos eran descendientes de vikingos: el rey franco Carlos le había concedido el ducado Neustria a Rolf (Gángerolf, Rollo) de Noruega o posiblemente Dinamarca el año 911, con la condición de que protegiera el reino franco de saqueos de otros vikingos. El nombre del ducado se cam bió por Normandía, el país de los hombres nórdicos. Rolf fue vasallo del rey, se bautizó junto con sus hombres y muy pronto se asimilaron a la cul tura local, y ya no se consideran vikingos.

En Lusitania Ben Farrouckh tuvo noticia de la existencia de Las Canarias. "Deseando conocerlas y soplando viento favorable, hizo rumbo en aquella dirección y a los pocos días descubrió la Gran Canaria, en cuya rada de Gando echó el ancla dándole su nombre". (A. Millares Torres, 1977).

Resumen: En Portugal Ben Farrouckh conoció a los normandos (descendientes de vikingos, sedentarios en el norte de Francia). Desde Portugal se desplazó a Gran Canaria y seguidamente a las otras islas, donde conoció la población indígena. Pero nunca conoció a vikingos en las Canarias.

El hecho de que no se conozca documentación alguna que nombra a los vikingos en conexión con las Islas Canarias, naturalmente no excluye que algunos de ellos, a pesar de todo, llegarían aquí. En este caso es obvio que no vinieron con la intención de saquear o en plan de invasión, pero siempre queda la posibilidad de que algún barco naufragado lograra alcanzar las islas, traído por los vientos y las corrientes del mar. Si fuera así, no dejaron huella alguna. Hay que recordar lo que apunta Diego Gomes de La Palma: "Calculan entre sí, cuántos pueden vivir en toda la isla, y no consienten que ni sus propios hijos vivan si pasan de aquel número... Lo mismo hacen cuando algún cristiano arriba a la isla, si excede el número de ellos en aquél momento; si no, lo dejan vivir". (Ernesto Martín Rodríguez: La Palma y los auaritas, 1992)

Sr. Morera, si usted tiene conocimiento o documentación que prueba la presencia de los vikingos en las islas, le ruego y agradezco que transmita esta información a los arqueólogos y a nosotros, los lectores de La Voz.

* Garafía